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sábado, 17 de septiembre de 2011

¡ABRE LOS OJOS!: Violencia sutil... invisiblemente destructiva




Él la quiere tanto, que no la puede dejar sola, la necesita a su lado, todo el tiempo con él y junto a él”.

¿Cómo podemos no distinguir entre gestos de amor y posesividad?, ¿cómo podemos justificar el control que paraliza y anula?, ¿cómo pueden la amenaza, la burla y la humillación aparentar ser parte de los vínculos amorosos de una pareja?

Lo más peligroso del proceso de violencia es su invisibilidad. Es tal la aceptación cultural de la superioridad masculina a nivel social, que no logramos identificar las señales que muestran al maltratador desde etapas iniciales de una relación.”, Clotilde Proveyer, doctora en Ciencias Sociales.

La violencia sutil o encubierta  es imperceptible a la vista, sin embargo, puede causar más daño y dejar huellas más profundas y dificiles de superar; las marcas de la violencia física cicatrizan pero ¿qué hacemos con las heridas del alma?

Muchas mujeres maltratadas saben que los golpes recibidos les han hecho menos daño que los desprecios e insultos continuos. Varias de ellas han confesado que después de haber acabado con el maltratador, les cuesta superar el maltrato psicológico y emocional que padecieron (la mayoría durante años); el dolor emocional que aún padecen, lo reflejan a través de  miedo, angustia, tristeza y en una autoestima casi inexistente..

Pocas veces se repara a tiempo en los signos y señales que nos advierten sobre los riesgos que corremos en una relación; son casi invisibles, y  simplemente,  nos acostumbramos a convivir con ellos. A pesar de que muchas veces nos pueden indicar que una relación de pareja no va por buen camino o puede transitar por cíclicos y reiterados malestares, e incluso terminar en fatales episodios violentos.

Las situaciones pueden ser diversas, según el contexto de que se trate, pero lamentablemente se reacciona ante ellas, muchas veces, demasiado tarde. Es cuando sobreviene esa frase inocente, que intenta explicar (o justificar) las razones  de ciertas actitudes despiadadas de la pareja: “Él ha cambiado mucho, antes no era así, parece que me han cambiado a mi esposo. Es otra persona”.

Pero luego se repasa el pasado y se encuentran las huellas de pequeñas acciones y reacciones que nunca se percibieron como tales, pero que ya denotaban mecanismos de control y dominio en la vida de pareja: desde pequeños disgustos o alguna mala cara si ella se retrasaba hablando con sus amigas, hasta la costumbre de rectificarle siempre todos sus errores, por mínimos que parecieran; e incluso las críticas permanentes porque hacía algo mal o de un modo que a su pareja le disgustaba.


 

Las agresiones psicológicas y emocionales más frecuentes son los insultos "disfrazados", las descalificaciones, los desprecios, las amenazas directas y las indirectas, el acoso moral, el psicológico y el físico, el forzarle a mantener relaciones sexuales con presiones psicológicas, hasta impedirle trabajar o relacionarse con su familia y con sus amistades.

Con frecuencia, los agresores cometen actos o actitudes que afectan nuestra integridad emocional y/o física sin darnos cuenta, porque aparentemente no están enojados o porque creemos que su conducta es la "normal" y adecuada.

Por eso es importante conocer las diferentes formas de agredir y sus motivos, para poner límites.

VIOLENCIA ENCUBIERTA EN NOMBRE DEL "AMOR"
Bajo el manto del amor romántico, posesivo e incondicional, se van instalando varias señales, como prácticas naturales en la vida cotidiana de las parejas.

En la violencia encubierta se refleja el gran peso que tienen las prácticas de relaciones muy cerradas y dependientes, herederas además de los preceptos de la cultura patriarcal y los roles tradicionales de género (estereotipos), marcados por la dominación masculina y la subordinación femenina en relaciones de poder autoritarias e impregnadas de contenidos sexistas.

En las familias tradicionales con ideas estigmatizadas sobre el desempeño de funciones y tareas de las labores domésticas y cuidados de los hijos, en las cuales no suelen participar los hombres, suele afectarse de forma grave la identidad de las mujeres, pues deben cargar con dobles o triples jornadas de trabajo y el consiguiente descuido de su salud, aspiraciones personales y actividades recreativas.

Tan arraigados se mantienen los aprendizajes tradicionales en hombres y mujeres, que la violencia termina por legitimarse y aceptarse como normal, “se naturaliza”, y culmina siendo aceptada cultural y socialmente, a veces bajo el disfraz de actos que llegan a creerse, incluso, que se cometen en nombre del amor.

No debemos olvidar el peso que tienen también los mitos y prejuicios que se han construido en torno a la violencia contra las mujeres, donde emergen descalificaciones, frases hirientes, mecanismos de control y hasta gestos ofensivos que terminan por aceptarse, bajo el manto del desconocimiento y de pautas de comportamiento aprendidas.

Los tipos de violencia sutiles no son menos dañinos que los físicos y están latentes en todo momento en las relaciones de pareja.


Son formas de comportamiento, en apariencia normales, pero que son violentas, pues tratan de forzar una situación; por ejemplo:

1. Cuando nos controlan la vida sin que nos pidan nuestra opinión, sólo porque nuestra pareja piensa que no actuamos como él quisiera que lo hiciéramos. Como si lo que él piensa o quiere fuera el modelo a seguir. Considera que existe un  “modelo  de comportamiento femenino", y lo que no se adapte a él, debe modificarse, cambiarse o rehacerse, es decir, su pareja debe someterse a su visión de "modelo".


TODAS las formas de control son violencia: sugerir la forma de vestirnos, de maquillarnos, de comer, indicarnos la hora de llegar, de salir, preguntar insistentemente con quien vamos, qué hicimos, las constantes llamadas, las violaciones a nuestra intimidad al revisar nuestros celulares, libretas, correos, etc. Los celos NO son una demostración de amor, más bien son señales de inseguridad y una forma de controlar en nombre del "amor". Es el recurso más utilizado por cualquier hombre agresor, para satisfacer sus caprichos, deseos y anular la dignidad de la víctima.

2. Otra manera de manifestar la violencia encubierta es cuando se realizan comentarios denigrantes, en burla o despreciativos de nuestros atributos.

Así, una profesional con éxitos en su vida científica se queja de la recriminación de su esposo: “Lo único que haces últimamente es estudiar y escribir”, a pesar del esfuerzo que ella diariamente realiza para ser capaz de complementar su actividad científica con la atención a la familia. O bien, cuando el  hombre "sugiere" a su novia (o esposa) que se ponga a dieta porque "Te veo un poco pasada" o "Así no te quedaba antes ese vestido, ¿subiste de peso?"

3. El silencio es una forma de violencia en las relaciones de pareja, pues privan a las mujeres de la tan necesaria comunicación.

El cónyuge que propicia el silencio, mantiene el trato con los otros miembros de su familia pero ignora y se vuelve indiferente hacia su mujer, causándole una mala sensación de abandono e impotencia.

4. Otra forma de violencia es cuando se trata de subordinar los intereses de la familia a los de uno de sus miembros, cuando ni siquiera son los importantes en ese momento.

Así por ejemplo, de pronto el marido quiere quedarse en casa cuando ya tenía planes anteriores con los hijos y la esposa para salir. Generalmente todos  deben someterse  a la voluntad del “hombre”. O bien, que el esposo haga esperar a su pareja para ir al trabajo, provocando que ella habitualmente llegue retrasada por su culpa.

5. También es conducta violenta la manipulación del sexo, es decir, utilizar las relaciones sexuales como un arma contra la pareja.

Es el caso cuando, por cualquier motivo, el marido se molesta y deja de tener relaciones sexuales con ella durante varios días, y a veces, durante meses.


6. Prolongar innecesariamente los disgustos, es otra forma de violencia, se dilata el malestar para tener ventajas en la relación.

Ésta debe ser complementaria, no competitiva, y cuando esto ocurre en la pareja es una forma muy destructiva.

7. Otra manifestación de violencia es cuando no se comparten las tareas de la familia y se recargan en uno de sus integrantes (normalmente en la mujer), o cuando las tareas no son repartidas de forma lógica, para que cada cual pueda hacer una utilización más racional de su tiempo.

En definitiva, la conducta violenta tiene muchas maneras de manifestarse.

8. Otras formas de violencia tienen que ver con lo económico. En estos casos, el hombre mantiene el control del dinero, supervisa en qué cosa se gastó por mínimo que sea, y la mujer tiene que pedir, a veces, hasta para compras muy pequeñas relacionadas con el hogar o los hijos.

9. Culpabilizar a las mujeres ante fallas en la educación de los hijos, en la atención y cuidado del hogar y la familia, prohibir o interferir en un nuevo vínculo amoroso de ella (en el caso de ya estar separados), son formas de ejercer dominio y violencia psicológica, de someterlas, de hacerlas desistir de sus proyectos personales.

10. La intolerancia, entendiéndose como la explotación del trabajo de las mujeres, el intercambio desigual de cuidados y placeres, el retiro del afecto, la irritabilidad, la crítica, los ataques y culpas mediante quejas, reproches y descalificaciones; negarse a ponerse el condón, el chantaje emocional para conseguir sexo, los insultos, la delegación de responsabilidades porque tú lo haces mejor…

11. Igualmente, se pueden incluir actos cotidianos o esporádicos como minimizar sus necesidades y opiniones e ignorarlas, genera en ellas sentimientos de minusvalía, desesperación y dependencia.

12. Intimidar, imponerles ideas, invadir sus espacios o abusar de la capacidad femenina de cuidado, con los cuales se generan además sentimientos de culpa que pueden agravar la dependencia afectiva de la mujer, su baja autoestima y sentimientos negativos que la hacen aún más dependiente.

Los ejemplos abundan en relatos de mujeres que han vivido esas situaciones y aún recuerdan las expresiones y actitudes controladoras de sus novios y esposos, en algunos casos con aparente intención de protegerlas; en otros, bajo el supuesto de un amor pasional:

"No quiero que salgas sola con tus amigas porque les puede pasar algo"
"Me gusta que solo salgas conmigo"
"Esa ropa que llevas llama mucho la atención, mejor te cambias"
"No quiero que vayas sola en el carro, porque todavía no manejes bien"
"No me gusta que te sacrifiques por gusto trabajando en la calle; yo te puedo mantener y no te va a faltar nada...”
“¿Por qué te mira así el tipo de allá?. Seguro lo provocaste”
“Estás muy nerviosa, debes estar en tus días”
“¡Eres igual a tu madre!”
"¿Por qué tardaste 10 minutos más en llegar?"
"Sin mi, no serías nada"
"Nadie te amará ni se preocupará por tí como yo"
"Tontita"
"Si me quisieras no irías a esa reunión del trabajo"

¿Te suenan familiares algunas frases?...Podría ser  una larga  e interminable lista de citas, hechos y deseos.

Cualquier tipo de manifestación de violencia puede convertirse en otra. A medida que avanza la relación, de los insultos se puede pasar a romper objetos, de eso a los golpes y si no hay una detención del problema se puede llegar hasta la muerte.

MICROMACHISMO = MICROVIOLENCIA:
Los ejemplos mencionados anteriormente son parte de lo que varios especialistas sobre el tema suelen identificar como “violencia sutil”, “microviolencias”, “micromachismos” o “maltrato encubierto”, entre otros nombres.



Definida como todo acto de omisión o violencia basado en el género, que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la privación arbitraria de la libertad —ya sea en la vida pública o privada—, la violencia contra las mujeres sigue siendo un problema social y de salud vigente en todo el mundo. Y detrás de esa violencia –sea física, psicológica, sexual, entre otras— hay alguna jerarquía o superioridad, un desequilibrio de poder.

Las denominadas “microviolencias” o “micromachismos”, formas simbólicas o sutiles de la violencia, posiblemente sean de las más extendidas y frecuentes en la cotidianeidad de las relaciones intergenéricas, y también las más difíciles de identificar.  En esas clasificaciones se incluyen las conductas sutiles y cotidianas que imponen estrategias de control contra sus principales víctimas: las mujeres. Atentan contra la autonomía femenina y suelen convertirse en invisibles o terminar legitimadas. Son esas señales que pueden estar anunciando un mal mayor, si no se reconocen y se actúa a tiempo.



Pueden definirse como “pequeños, casi imperceptibles controles y abusos de poder, casi normalizados y legitimados por el entorno social, que los varones ejecutan permanentemente sobre las mujeres. Son hábiles artes de dominio, maniobras, que sin ser muy notables restringen y violentan insidiosa y reiteradamente el poder personal, la autonomía y el equilibrio psíquico de las mujeres, atentando además, contra la democratización de las relaciones” (Luís Bonino, psicólogo)

Incluyen un amplio abanico de maniobras interpersonales que tienen como objetivo:

a) Mantener el dominio y su supuesta superioridad sobre la mujer objeto de la maniobra
b) Reafirmar o recuperar dicho dominio ante una mujer que se "rebela"
c) Resistirse al aumento de poder personal o interpersonal de una mujer con la que se vincula, o aprovecharse de dichos poderes.

Estos comportamientos son “micro – abusos” y son efectivos porque el orden social imperante los ratifica, porque se ejercen reiteradamente hasta llevar a una disminución importante de la autonomía de las mujeres y porque muchas veces son tan sutiles que pasan inadvertidos para quien los padece y/o para quien los observa.


Con objeto de describirlos adecuadamente, este autor estableció una tipología de los micromachismos clasificándolos en cuatro categorías:

Los micromachismos coercitivos (o directos):
Incluyen aquellos en los que el hombre usa la fuerza moral, psíquica, económica o de su personalidad, para intentar doblegar a las mujeres y convencerlas de que la razón no está de su parte. Cumplen su objetivo porque provocan un sentimiento de derrota posterior al comprobar la pérdida, ineficacia o falta de fuerza y capacidad para defender las propias decisiones o razones. Todo ello suele generar en las mujeres inhibición, desconfianza en ellas mismas y en sus propios criterios y disminución de la autoestima.

Suponen por ejemplo el uso abusivo del espacio físico (el sillón, la mejor posición para ver la tele…) y del tiempo para sí (descanso, ocio a costa del trabajo de ella…). También apelar a la superioridad de la lógica varonil cuando las mujeres demandan (¡Lo que dices son tonterías!)

* Coacciones a la comunicación
* Control del dinero
* Uso expansivo – abusivo del espacio y el tiempo para él solo
* Insistencia abusiva
* Imposición de intimidad
* Apelación a la “superioridad” de la lógica varonil
* Toma o abandono repentino del mando

Los micromachismos encubiertos (o indirectos):
Incluyen aquellos en los que el hombre oculta su objetivo de dominio. Algunas de estas maniobras son tan sutiles que pasan especialmente desapercibidas, y por ello pueden llegar a ser más efectivas que las anteriores. Este tipo de actuaciones impiden el pensamiento y la acción eficaz de la mujer, llevándola en la dirección elegida por el hombre y aprovechan su dependencia afectiva y su pensamiento "confiado", provocando en ella sentimientos de desvalimiento, confusión, culpa y dudas que favorecen el descenso de la autoestima y la autoconfianza.

Crean falta de intimidad a través del silencio, del aislamiento, del mal humor manipulativo y del ninguneo. Éste último supone, por un lado, no reconocer lo valioso de las mujeres: sus necesidades, valores, aportes al bienestar masculino y familiar y, por el otro, sobrevalorar lo poco que brinda el varón, viviendo lo escaso como valioso. También  se involucra la seudonegociación (hablar pero sin negociar en realidad porque él no se moverá de su posición), la inocentización culpabilizadora (¡Exageras, estás loca!) y la autojustificación (balones fuera, hacerse el tonto, el bueno o el inexperto, minusvalorar los propios errores…)

* Creación de falta de intimidad
* Silencio
* Aislamiento y malhumor manipulativo
* Puesta de límites
* Avaricia de reconocimiento y disponibilidad
* Inclusión invasiva de terceros
* Seudointimidad y seudocomunicación
* Comunicación defensiva – ofensiva
* Engaños y mentiras
* Seudonegociación
* Desautorización
* Descalificación-desvalorización
* Negación de lo positivo
* Colisión con terceros
* Microterrorismo misógino
* Paternalismo
* Manipulación emocional
* Dobles mensajes afectivo/agresivos
* Enfurruñamiento
* Abuso de confianza
* Inocentizaciones
* Inocentización culpabilizadora
* Autoindulgencia y autojustificación.
* Hacerse el tonto (y el bueno)
* Impericia y olvidos selectivos
* Comparación ventajosa
* Minusvaloración de los propios errores
* Echar balones fuera


Los micromachismos de crisis:
Suelen utilizarse para restablecer el reparto previo y mantener la desigualdad cuando aumenta el poder personal de la mujer por cambios en su vida o por la pérdida de poder del hombre por razones físicas o laborales.


Se trata de situaciones en las que la mujer demanda una mayor igualdad y el varón recurre a una especie de resistencia pasiva (¡Tú sabrás qué hacer con la casa si decides trabajar fuera!); se da tiempo (posterga el cambio hasta el hartazgo de ella o un ultimátum de separación); aguanta el envite (hasta que se canse) o critica el estilo (Si me lo dijeras de otra manera).
* Hipercontrol
* Seudoapoyo
* Resistencia pasiva y distanciamiento
* Rehuir la crítica y la negociación
* Prometer y hacer méritos
* Victimismo
* Darse tiempo
* Dar lástima

Los micromachismos utilitarios.
Se realizan especialmente en el ámbito de las responsabilidades domésticas y suponen el aprovechamiento de la disposición femenina para el cuidado y la no responsabilización de los varones en lo doméstico. Se naturaliza su rol de cuidadora (de la pareja, de los hijos…) y de mantenedora del vínculo y de la comunicación; se le hacen requerimientos más o menos solapados ("¿Dónde está mi camisa?" significa Búscamela y dámela); se niega la reciprocidad del cuidado porque yo no sé, etc.

* No responsabilizarse sobre lo doméstico
* No implicación
* Pseudo implicación
* Implicación ventajosa
* Aprovechamiento y abuso de las capacidades “femeninas de servicio”
* Naturalización y aprovechamiento del rol de cuidadora
* Delegación del trabajo del cuidado de vínculos y personas
* Requerimientos abusivos solapados
* Negación de la reciprocidad
* Naturalización y aprovechamiento de la “ayuda” al marido
* Amiguismo paternal

El concepto de micromachismo ha sido incluido y considerado desde un punto de vista teórico en la literatura sobre violencia contra las mujeres desde su formulación con relativa frecuencia.

Esta violencia se convierte en un modo de relación familiar donde la víctima, aprende y reacciona defensivamente, como victimaria, generando un estilo de vida familiar donde lo oculto, romperá los diques explosivamente con rabia, resentimiento y coraje contenidos en los integrantes familiares.

La violencia invisible de género tiene un agresor y una agredida aunque se oculte, pero al ser una violencia probada puede conducir a enfermedades de salud mental o el suicidio. Porque generalmente la mujer la oculta y prefiere callar por vergüenza, temor o porque ella se siente responsable de que las relaciones de pareja no funcionen, tampoco es sencillo compartir estas vivencias porque el agresor generalmente es una persona que socialmenten o se presenta como desadaptada, por el contrario tiene una buena imagen.

¿CÓMO IDENTIFICARLA?
Una forma de identificar la violencia sutil y encubierta es a través de sus expresiones: es una violencia casi imperceptible que se ejerce a través de la falta de respeto, las expresiones llegan al centro fundamental de las mujeres agredidas, a su autoestima, por lo tanto esta violencia paraliza a las personas y las incapacita para defenderse.

No son eventos esporádicos producto de estrés u otras circunstancias, son agresiones reiteradas, que se repiten de forma cotidiana y que dejan a las víctimas de la violencia, sumidas en la vergüenza, culpa, inutilidad, y por supuesto la depresión, porque además, nunca están seguras de que haya ocurrido, pueden atribuirla a "tonterías" personales porque son acontecimientos indecibles y difíciles de descifrar.

Las mujeres que son víctimas de estas situaciones deben acudir a especialistas, porque la violencia sutil o invisible, es una más de las diferentes caras de violencia contra la mujer, porque ataca su integridad mental, con consecuencias en la salud. Hoy es posible acudir a los múltiples espacios de apoyo a la mujer y empezar salir del lugar de víctima. Empezar a hablar de los sentimientos, del trauma, de lo que ha pasado, buscar la recuperación y la superación. Los espacios para la mujer han mostrado su efectividad, y es una oportunidad para reiterar que nunca es demasiado tarde para recuperarse.

CONSECUENCIAS:
El deterioro de la autoconfianza en las mujeres y la prolongación de su estado de subordinación se mencionan como las consecuencias más frecuentes de estos actos, que perpetúan la permanencia femenina en las redes de las relaciones de subordinación. Por ello es tan importante detectar esas maneras tan sutiles y disfrazadas de ir anulando la confianza en sí mismas y la personalidad, a veces incluso maquilladas de buenas intenciones.

En las mujeres:
- Sobreesfuerzo psicológico. Disminución de sus reservas emocionales y de energía para sí y para el desarrollo de sus intereses vitales.
- Inhibición del poder personal. El desarrollo personal se hace lento. Aumentan las actitudes defensivas, de queja ineficaz. Se recurre a la mano izquierda para recuperar poder.
- Inhibición de la lucidez mental (tontificación). Bloqueo de las acciones valientes, críticas, eficaces…
- Deterioro de la autoestima y de la autocredibilidad. Inseguridad, incompetencia, impotencia...
- Malestar difuso, irritabilidad crónica…

 En la pareja:
- Relación asimétrica, no igualitaria, autonomía de los varones a costa de las mujeres, supremacía de los intereses de los varones…
- Culpabilización a la mujer por el deterioro del vínculo. Ella se queja inútilmente, él se inmuniza no escuchando. El mandato de género hace que la mujer se autoinculpe y que no se reconozca el machismo.
- La convivencia se convierte en una guerra fría, en un lugar donde la mujer no se puede relajar.

Una mujer que se confesó víctima de esas situaciones y demoró en atenderlas, mencionó la importancia de mantenerse alertas: “Tenemos que tener nuestros sentidos muy atentos para percibir si lo que nos está sucediendo es algún tipo de violencia camuflada con tintes de ’me preocupo por ti’ o ’te aconsejo que…’” Enfatizó:  “¡Atentas!...No todo es lo que parece: y si nos hace sentir temor, es violencia”.

Recuerda, cualquier tipo de violencia en contra de las mujeres es un delito...

¡¡DENUNCIA!!




"Lo que estás tratando de evitar no desaparecerá hasta que lo enfrentes"



MUJER:


La violencia contra la mujer se origina en las relaciones desiguales entre hombres y mujeres, debido a que también existe discriminación en la asignación de tareas laborales para la mujer, y la discriminación es una forma de violencia.

Con frecuencia este tipo de agresiones sutiles o micromachismos, comienzan desde el noviazgo,  con una mirada o con alguna palabra hiriente. Dichos comportamientos incluyen pequeños abusos y violencias que atentan contra la autonomía de la mujer.

Lo importante es  rompas el silencio y exijas tus derechos. No lo dudes:  
HUYE DE TODA RELACIÓN NOCIVA PARA TÍ... NO TE ENGAÑES, ¡¡¡ADVIERTE LAS SEÑALES Y ACTÚA!!!

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