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MUJER SIN CADENAS: 2o. lugar Categoría Gráficos del Premio Mujer y Publicidad 2011

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domingo, 20 de abril de 2014

JUSTICIA PARA LAS MUJERES: ¿UNA REALIDAD GARANTIZADA Y EQUITATIVA ... O UNA BURDA IRONÍA?




Partamos de la innegable realidad de que la mujer, tanto en México como en muchos otros países, sigue siendo discriminada y segregada a pesar de los esfuerzos legislativos y de las políticas públicas encaminadas a disminuir dicho problema; hasta hace relativamente poco la mujer no votaba, necesitaba de un permiso de su esposo para poder realizar trabajos fuera de casa y realizaba roles meramente familiares. Por ejemplo, en España, hasta mediados del siglo XX, las mujeres necesitaban de la autorización de sus cónyuges para realizar actividades como la compra de un coche o un refrigerador. Por su parte en México, hasta el 2005, existía jurisprudencia que establecía que cuando un cónyuge obligaba a su esposa a copular no existía violación. Estas situaciones denotan condiciones ideológicas y una cultura específica que afecta la forma de pensar de todos los ciudadanos, siendo los jueces parte de esta misma, lo que puede condicionar su actuar profesional al momento de dictaminar sentencias.

Una pregunta obligada en la actualidad debería ser: 

¿EL ACCESO DE LAS MUJERES A LA JUSTICIA ES UN DERECHO GARANTIZADO O UNA SISTEMÁTICA VIOLACIÓN DE SUS DERECHOS HUMANOS?

Día con día nos enteramos de una cantidad innumerable de casos, no importa el país del que se trate, donde las mujeres acceden al sistema de justicia (las que deciden y logran hacerlo, porque hay otras que ni siquiera pueden acceder a ella por diversas causas), solo para encontrarse con desafortunadas experiencias donde suelen ser revictimizadas, discriminadas y en los que de forma sistemática, repetitiva y abusiva, sus derechos son vulnerados de formas diversas por quienes, supuestamente, deben aplicar las leyes . Sin embargo, muchas mujeres padecen un sistema donde la justicia se basa en el criterio de quienes imparten justicia, hombres y mujeres, que teóricamente están calificados y cuentan con la experiencia adecuada para tales efectos, pero en muchos casos comprobables solo encontramos que los derechos de las mujeres no son reconocidos y por tanto no pueden ejercerlos o, peor aún, encuentran silencio, letargo burocrático y, sobre todo, impunidad.

No importa cuál sea el caso que una mujer exponga ante la autoridad: puede tratarse de una violación, o bien, la que por fin se atreve a denunciar las continuas golpizas que recibe por parte de su marido machista o aquella señora que conoce sus derechos y recurre a los juzgados para exigir una pensión alimenticia para sus hijos o aquella mujer que acude a los tribunales para defender su derecho de cuidar y proteger a sus hijos (teniendo ella la custodia legal) ya que le fueron arrebatados arbitrariamente por su ex marido. En todos los ejemplos anteriores y similares que existan, la reacción de las autoridades suele (y conste que digo suele, solo como un hecho frecuente) ser el mismo: actuar de forma ineficiente, inoportuna y revictimizando a quien ha visto pisoteados sus derechos, independientemente de que, además, se ha afectado negativamente su integridad, su dignidad y su estabilidad en todos los sentidos.

Y para muestra, podemos recordar casos como los siguientes ejemplos:

INES Y VALENTINA:

EMA GABRIELA:
http://www.sinembargo.mx/08-01-2014/865559


MAUDE VERSINI: 
http://mexico.cnn.com/nacional/2014/04/09/versini-cruza-los-dedos-para-que-se-aborde-su-caso-en-visita-de-hollande


ANA MARÍA OROZCO: 
http://eleconomista.com.mx/columnas/columna-especial-politica/2013/05/29/mezquindad-gongora-pimentel


YAKIRI: 
http://www.eluniversaldf.mx/home/cronologia-caso-yakiri-de-victima-a-inculpada.html


CLAUDIAOLVERA: 
http://www.sdpnoticias.com/columnas/2011/04/29/ellas-gritan-pero-nadie-escucha


Entonces, ¿Qué ganamos las mujeres con saber nuestros derechos y denunciar cuando son vulnerados? Eso deberían explicarlo con base en hechos y no solo en utopías las autoridades correspondientes, quienes tienen la obligación de salvaguardar y proteger los derechos de TODAS y todos por igual, ya que resulta muy trillado escuchar todo tipo de frases que varias instituciones propagan como estandarte al expresar: LAS MUJERES TIENEN DERECHO A UNA VIDA LIBRE DE VIOLENCIA. CONOCE TUS DERECHOS Y DENUNCIA, y que se enfatizan en fechas específicas como el 25 de Noviembre o el 8 de marzo, todas se vuelven simples frases o slogans con el fin de justificar una labor inexistente a la hora de llevar a cabo las acciones pertinentes.

Es lamentable, pero nadie puede negar que el sistema de justicia en México se caracteriza por la sistemática violación contra los derechos humanos, especialmente, de las mujeres. Quienes trabajan en la defensa de los derechos de las mujeres y la prevención y atención de la violencia saben muy bien que nunca está más en riesgo una mujer que decide romper el ciclo de la violencia o cuando decide defender sus derechos, y existen muchos casos que lo evidencian, como el de esta servidora, y que hoy quiero compartir de una forma particular.

Pero antes de enfocarme hacia la decisión de una juez que hizo que mi dignidad y mis derechos se vieran afectados abruptamente, hablemos un poco del contexto acerca de lo que es la justicia, qué criterios la conforman, quiénes pueden impartirla, las habilidades y conocimientos que deben poseer los jueces y, sobre todo, ¿en verdad este país está preparado para aplicar justicia, sobre todo a las mujeres aplicando lo que llaman PERSPECTIVA DE GENERO? 

Para empezar, ¿QUÉ ES JUSTICIA?
La justicia es el fin del Derecho. Las civilizaciones han creado normas que deben cumplir con ciertas características para aplicar la equidad, que es la aplicación de la justicia en los casos concretos a resolver. La justicia es un principio de tanta universalidad, que más que un principio es un valor, ya que muchos otros principios se derivan de este valor fundamental.

Platón, en la búsqueda de un concepto de justicia, escogió el término “dar a cada cual lo que merece”. Ulpiano, jurisconsulto romano, la definió de igual modo: “Es la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo que le corresponde”. Constante y perpetua pues no debe ser ni por un tiempo ni para algunos.

Irónicamente, la justicia está representada por la figura de una mujer, la cual lleva los ojos vendados y porta una balanza con sus dos platos en equilibrio. Los ojos vendados significan que, sin importar de quién se trate (sin tomar en cuenta su raza, su religión, su género o su lugar en la sociedad), todos deben recibir lo que les corresponde. La balanza indica que la decisión no debe inclinarse a favor de una persona y en contra de otra, pues acorde a esto, la injusticia ocurre cuando un plato se inclina más que el otro. Por ejemplo: es injusto que una persona trabaje mucho y le paguen poco. La injusticia aparece en la vida diaria cuando le negamos a alguien lo que consiguió con su esfuerzo. También aparece en la sociedad cuando hay personas que no tienen casa ni ropa, mientras otras cuentan con más de lo necesario para vivir.


En pocas palabras, el fin práctico de la justicia es reconocer lo que le corresponde y pertenece a cada cual, hacer que se respete ese derecho, recompensar su esfuerzo y garantizar su seguridad. No se limita a los casos que se tratan en los tribunales, aparece en la vida diaria como un factor del que se derivan relaciones más equilibradas y respetuosas, así como el bienestar de la sociedad en su conjunto.


¿QUIENES IMPARTEN JUSTICIA?
La administración de justicia es una parte fundamental del sistema jurídico. A través de ella se intenta dar solución a los conflictos de relevancia jurídica, mediante la interpretación y aplicación de los criterios y las pautas contenidas en las leyes y demás disposiciones generales. A fin de cuentas, lo que interesa a las partes en conflicto no es el significado más o menos abstracto de la ley, sino el sentido concreto de la sentencia; del acto específico por medio del cual la administración de justicia dispone la solución de un litigio.

Es el juez quien dicta la sentencia en ejercicio de la función jurisdiccional. A él está confiada la protección del honor, la vida y los bienes de los ciudadanos y ciudadanas. Es el depositario de la confianza del pueblo. Para tal efecto, goza de absoluta libertad para sentenciar en la forma que sus conocimientos, su experiencia, su criterio y su conciencia le dicten. Un juez no tienen más superior que la ley.

No obstante, hay un dicho que reza:  "La ley hace justicia, los que la aplican son los que comenten injusticias".

CARACTERÍSTICAS DE UN JUEZ
Un juez es un servidor público cuya función es la de aplicar el derecho, no crearlo, por no ser su tarea legislativa sino jurisdiccional, y sólo puede hacer lo que la ley le permite o concede. Por tanto, a quienes se les honra con el privilegio de detentar en sus manos la vara de la justicia, se les exigen ciertas cualidades para que no haya ocupaciones que usurpen un reservado a los mejores elementos humanos.

IMPORTANTE: El individuo que tenga el honor de administrar justicia, ha de esmerarse en superarse a sí mismo para estar a tono con la investidura que se le ha entregado; pues la judicatura no es un negocio, sino una forma de vida.

Los atributos que un Juez debe poseer y atender cuidadosamente son, entre otros:
  • Un juez debe ser siempre consciente y razonable.
  • Debe mantenerse imparcial y al margen de la amistad o de la influencia.
  • Además de recto, el juez debe ser bondadoso y tener un profundo sentido de las relaciones humanas, para observar siempre una conducta cortés y no negarse a oír a las partes. 
  • El juez no sólo deber ser acucioso en el desempeño de sus funciones, sino que también debe abstenerse de las luchas políticas y económicas, a fin de que la justicia y la equidad sean la base de sus fallos. 
  • Solo puede ser juez, el que estima insuficiente el valor de cualquier dinero para comprarlo; dicho de otra manera, quien subordina el valor de los bienes materiales al de los morales.
  • Debe contar con la sabiduría, la rectitud moral, la diligencia en el cumplimiento de los deberes que el cargo impone, la experiencia y la lealtad del juzgador con el espíritu de la ley.
  • El juez inteligente, probo y experimentado requiere también de diligencia. Mucho se ha dicho que la justicia deber ser pronta y expedita y que cuando es retardada o lenta no cumple su función. Esto no quiere decir que los jueces deben resolver un número de casos que exceda a la dedicación propia y de sus auxiliares, dictando sentencias con ligereza, pero tampoco debe ser dilatada. 
JUSTICIA CON PERSPECTIVA DE GÉNERO
En los tribunales superiores de justicia estatales, así como en muchos otros organismos de gobierno, existen numerosos servidores públicos que desconocen la legislación en materia de derechos humanos de las mujeres, e ignoran o les parece muy difuso el concepto de la perspectiva de género, el cual  relacionan únicamente (de manera errónea) con la igualdad entre hombres y mujeres, siendo un concepto mucho más amplio. 

La perspectiva de género no es una idea para los discursos políticos, ni sólo palabras de moda; es una forma básica de entender la vida en sociedad orientada hacia la igualdad entre hombres y mujeres. Incluye el reconocimiento de que las mujeres han tenido un sitio subordinado y han estado apartadas del ejercicio pleno de sus derechos y por ello debe mantenerse esta perspectiva para evitar que persista y se ahonde esta situación, a veces con acciones temporales que se enfocan a la corrección de la desigualdad.

El principio de igualdad entre hombres y mujeres no ha sido suficiente para hacer efectivo el acceso de todas las personas a sus derechos ya que la cultura y la ideología sin perspectiva de género sigue influyendo tanto en el actuar de las autoridades como en la de sus ciudadanos. Las muertas de Juárez y los feminicidios en el Estado de México son sólo dos ejemplos que clarifican lo anterior. 

No obstante, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha dictaminado medidas de reparación para el Estado mexicano que están relacionadas con la perspectiva de género: Uno es sobre el caso del Campo Algodonero, y los otros acerca de los casos de Valentina Rosendo Cantú e Inés Fernández Ortega, los cuales han servido como antecedente para que la Suprema Corte de Justicia de la Nación desarrollara el Protocolo para Juzgar con Perspectiva de Género, con la intención de prevenir y evitar circunstancias que perpetúan las violaciones de los derechos humanos en virtud de la identidad sexo-genérica de las personas. 

Debemos reflexionar sobre la importancia de tomar en cuenta la perspectiva de género en la impartición de justicia. Es necesario considerar que la sentencia judicial constituye uno de los elementos más tangibles del acceso a la justicia y del debido proceso de las personas y que, por medio de ellas, quienes juzgan reconocen hechos y les atribuyen consecuencias jurídicas que afectan la vida de las mujeres. Dichas resoluciones, como aportación del juzgador frente a las relaciones asimétricas de poder, tienen el potencial de visibilizar y revertir los efectos de las estructuras de opresión basadas en estereotipos que condicionan exclusión y marginación. Sería sumamente interesante comparar las sentencias dictadas a hombres y mujeres y las diferencias que existen en virtud de este problema ideológico. 


Esperemos que el protocolo que la SCJN publicó en 2013 destinado a todos aquellos que imparten justicia en todo el país, sirva para juzgar con perspectiva de género, así como para garantizar a las mujeres el acceso a la justicia en condiciones de igualdad, ya que con este método se busca también erradicar prácticas discriminatorias, sin afectar la independencia de los jueces. La ministra de la SCJN, Olga Sánchez Cordero se ha pronunciado al respecto: “Juzgar con perspectiva de género implica que el juzgador, o juzgadora, detecte o elimine todas las barreras y obstáculos que discriminan a las personas por su condición de sexo o genero, juzgar con perspectiva de género exige considerar las situaciones contextuales de desventaja que enfrentan las personas por estos motivos”.

Resumiendo, con esto se pretende impulsar la adopción de criterios jurídicos basados en el derecho a la igualdad, que mejore el trato hacia la mujer y sus condiciones de vida. 


MI CASO, UN CASO MÁS DE... 
Como decía al principio, esta servidora también ha padecido los “inconvenientes” de acceder al sistema de justicia. Cabe decir que al hacerlo, fue con la única esperanza de salvaguardar mis derechos más fundamentales y que se han visto vulnerados desde hace 4 años, justo antes de iniciar un largo proceso de divorcio que, a la fecha,  continúa sin resolverse. Como muchas lectoras saben, todo comenzó cuando fui despojada de mis bienes, lo cual, teóricamente se llama violencia patrimonial. Para defender mis derechos violados, opté por acudir a la justicia con la firme esperanza de que un juez (conocedor de las leyes y de los derechos humanos y suponiendo que cumpliría con las características descritas en párrafos anteriores) determinara objetivamente lo que era justo para cada uno de los involucrados en el caso que demandé… sin embargo, lejos de encontrar al menos una pequeña muestra de justicia, ha resultado la peor decisión que he tomado (bueno, honestamente lo peor que he hecho en mi vida ha sido haber durado tantos años casada con un verdugo abusivo, hipócrita, irresponsable y alevoso,  y del que aún no consigo zafarme sin vulnerar aún más mis derechos).

Pero como el hubiera no existe y de nada sirve lamentarse, opté por enfocarme en defender mis derechos ante los Tribunales. Me habían advertido que el proceso sería difícil,  pero nunca imaginé que defender mis derechos sería como intentar una misión imposible. Han sido 4 años de un arduo y espinoso camino, durante los cuales, como muchas otras mujeres más en situaciones similares saben, he vivido varias experiencias desagradables, siendo la más decepcionante de todas la indolencia y la ineficacia del sistema de justicia, específicamente, la actuación que, en este caso, ha mostrado LA juez…. Sí, la persona responsable de esta última etapa del proceso de divorcio (y en la que peor me ha ido) está a cargo de una JUEZ mujer, JUEZA o como prefiera llamarse. Reconozco que eso  habla de la afortunada participación que el sexo femenino (aunque no sea en porcentajes iguales) tiene en estos tribunales, lo que debería suponer una acertada intervención de las mujeres en cuanto a la aplicación de las leyes, no obstante, en mi caso en particular, eso no ha implicado una visión distinta, femenina, ni con perspectiva de género.

La Jueza, de la que por obvias razones no mencionaré su nombre ni ningún otro dato, se ha tomado su tiempo para revisar,  juzgar y, finalmente, dictaminar una sentencia interlocutoria referente a uno de los incidentes (ni siquiera ha sido sobre el juicio principal) que conforman el amplio expediente, pero cuya decisión era trascendental para la recuperación de mis derechos. 

Hace algunos días me enteré que obtuve un revés de la justicia debido al criterio que la juez aplicó, y gracias a su determinación hoy sigo despojada, pero ahora“legalmente”,  de todos los bienes que desde hace  años ya me había quitado el abusador principal  (lo llamo “abusador principal”, pues a estas alturas parece que también hay abusadores secundarios). 

Palabras más palabras menos, la jueza estableció en la sentencia el siguiente dictamen: 

“Se le niega el derecho al uso y goce de los bienes considerados como patrimonio conyugal . Que ella (o sea, esta servidora) se haga de un trabajo, que pague una renta y todos los gastos que eso implique, no importa que ella tenga el mismo derecho que él (se refiere al “abusador principal”) en el uso y goce de los bienes, ella no puede hacer uso de ellos. Por el contrario, él puede hacer uso y goce del 100% de todos los bienes adquiridos por ambos,  por el tiempo que sea, y no debe ser molestado por ningún motivo en su casa ni en ninguno de los bienes que tenga acumulados”

FIN DE LA SENTENCIA.
(Sin mayores argumentos y sin proporcionar algún fundamento legal en el que haya basado su magistral decisión). 


¿Cómo puede una persona dedicada a "impartir"justicia determinar que solo una de las partes (él) puede disfrutar al 100% del trabajo y los sacrificios de 20 años y que ambos construimos, mientras la otra (yo) se queda sin nada, a la deriva y sin esperanza?. Imagino que debe haber miles de resoluciones similares, donde la inequidad prevalece. 

¿Cuántas veces no hemos escuchado esas frases que nos motivan a no quedarnos calladas ante las injusticias y a que hablemos sin miedo? Bueno, pues no me quedaré callada y expondré con todo respeto y prudencia,  así como con la mayor sensatez y mesura posibles, y sin proporcionar detalles ni especificaciones, los criterios que, según esta servidora, fueron ignorados y desechados pero que eran imprescindibles para resolver el caso en cuestión, y utilizaré este espacio para expresar algunas ideas y cuestionamientos, compartir este caso en particular y, simbólicamente, referirme hacia el sistema de justicia y a quien ha fungido como una digna representante del mismo en su papel de servidora pública (la jueza). Ni siquiera se trata de exponer una inconformidad, pues para tales efectos existen otros recursos que, seguramente,  evaluará mi abogado y será él quien decida utilizarlos o no y, en su caso, acudir a otras instancias, pero eso ya le corresponderá a él decidirlo de acuerdo a sus funciones como representante y mandatario legal de esta servidora.


Ya sea laboral, penal, civil, mercantil o familiar, cualquier juicio o proceso legal puede resultar una verdadera pesadilla, y más cuando la actuación de los servidores públicos se evidencia como lamentable, sobre todo, tratándose de servidores públicos con la honorable categoría de Juez, de quienes se espera que cumplan con su principal función de impartir JUSTICIA basándose en principios de imparcialidad, equidad y diligencia.

Sócrates dijo: Cuatro características corresponden al juez: Escuchar cortésmente, responder sabiamente, ponderar prudentemente y decidir imparcialmente.

Debo reconocer que de las 4 características mencionadas por ese gran filósofo y pensador, la Señora Jueza cumplió con la primera: me escuchó un par de veces amablemente, pero hasta ahí. Después el tiempo avanzó,  los meses pasaron y todo parecía que se había pasmado, hasta el día en que mi abogado me informó el dictamen de la sentencia....

Señora Juez, con el debido respeto le confieso que, en un principio, me sorprendió tanto el resultado de la sentencia que, sin darme cuenta,  las lágrimas me brotaban ante la impotencia y la decepción que me causó saber que todo el tiempo de espera, el esfuerzo y la esperanza por la justicia habían sido en vano. En ese momento no pude reaccionar de otra forma, pues mi anhelo por reivindicar mis derechos y por los que he batallado durante tanto tiempo, se esfumaba de pronto ante su firme determinación.

Mi caso, como Ud. sabe, es muy complicado, lleno de incidentes, declaratorias y pruebas, por lo que ha tardado en resolverse, pero además, estoy convencida de que también se ha debido, en gran parte, a las prácticas dilatorias que la contraparte crea de manera recurrente con la mayor facilidad, independientemente del atraso burocrático que conlleva cualquier tipo de  trámite, proceso o asunto cuando es llevado ante una oficina de gobierno. Pero cuando finalmente se resuelve uno de los pendientes, resulta que mis derechos siguen siendo pisoteados.  

Con todo respeto, y sin minimizar su labor ni su experiencia, no veo ni siento que haya habido justicia en su decisión. Y no lo digo sin fundamento, no crea Ud. que mi ego o la desesperación  ante mi situación me inclinan a tener la razón a costa de lo que sea y que lo único que deseo es convencerla de de lo que yo digo... no, no se trata de eso, y por eso me tomo el tiempo suficiente para escribir estas líneas con el fin de poder aclarar mi entendimiento y descubrir en qué parte de la sentencia se vislumbra algo de "justicia". 

Como recordará, en el incidente en cuestión,  yo solicité la recuperación del uso y goce de la parte que me corresponde de mi patrimonio y al que tengo derecho en la misma parte (es decir, 50 y 50) que aquel que me despojó de ellos, quien no solo ha afectado mi dignidad humana, sino además, atenta contra mi integridad emocional y física. 

Yo no cuento con toda la información documentada, pero Ud tiene a su disposición  las gruesas carpetas que conforman el expediente, integrados por pruebas, oficios, declaraciones, informes de instituciones y todo aquello que ha servido para evaluar el asunto. Sin el mínimo afán de contradecir su opinión, todo indica que mis derechos han sido pisoteados desde el principio y, además, pueden palparse claramente las desiguales condiciones que existen entre los involucrados, y donde soy yo quien se encuentra  en una situación de desventaja frente al agresor. Aún así, Ud. decidió en base a su criterio e, imagino, que fundamentándose en ciertos preceptos legales, que yo debía quedarme prácticamente en la calle, tal y como el “abusador principal” decretó hace 4 años cuando me despojó de todo (no solo de mi parte del patrimonio, sino también de documentos, muebles y ropa personal). TODO eso está asentado en los expedientes, y aún así la sentencia interlocutoria beneficia solo a una de las partes (y no es a mí, ni siquiera en un porcentaje simbólico)… ¿En realidad alguien puede pensar que eso es justicia?, ¿hubo imparcialidad en la decisión?. ¿en verdad hay bases legales que respalden el hecho de pisotear mis derechos como es el despojarme de mis bienes y que necesito para subsistir? ¿Acaso no tengo derecho a una vida digna y sin violencia? ¿Se analizaron detenidamente las evidentes desigualdades de condiciones que existen entre los involucrados, como el hecho de que él tiene un trabajo estable desde hace 10 años y yo no? ¿se aplicó la perspectiva de género en este caso?

Señora Juez, con todo respeto, supongo que al revisar los documentos de cada uno de los expedientes, y dada la amplia experiencia con la que Ud. cuenta, pudo percatarse de las abismales diferencias que existen en las actuales condiciones de vida que hay entre el abusador principal y esta servidora. De ser así, me inquieta sobremanera la determinación que Ud. tomó, pues no me explico que pueda existir una base legal que desequilibre aún más mi desventajada posición. 

Por eso, y para que quede un poco más claro en mi mente, me permití realizar un pequeño cuadro donde se reflejan las actuales condiciones de vida que hay entre el abusador principal y yo. Dicho cuadro retrata de forma resumida algunas (y solo algunas) de las evidentes diferencias presentes y, por tanto, puede vislumbrarse la posible situación que le espera a cada uno (en mi caso, asumir un deplorable futuro con mis derechos vapuleados). 

CUADRO COMPARATIVO SOBRE LA SITUACIÓN ECONÓMICA ENTRE EL SUJETO A (ABUSADOR PRINCIPAL) Y SUJETO B (HUMILDE SERVIDORA)
Los datos expuestos son cercanos a la realidad y no se especifican detalles de nombres, lugares ni empresas.


 CONDICIÓN
SUJETO A
(ABUSADOR PRINCIPAL)
SUJETO B
(HUMILDE SERVIDORA)


EMPLEO
Cuenta con trabajo estable con una antigüedad de casi 10 años, lo que implica una mayor seguridad y previsión a su futuro.
No cuento con trabajo (y no porque no quiera) sino porque a mi edad y dada mi condición de haber sido ama de casa durante casi 20 años, es complicado que a alguna empresa le interese como posible candidata a algún puesto básico. Pero no se preocupe, en esa búsqueda estoy desde antes de que a Ud. se le ocurriera sentenciarlo. 




SUELDO
Gana aprox, 80 000 mensuales sin contar con las prestaciones a las que tiene derecho. Claro, esto es algo que él no declara en el juzgado, pero si se hubiera solicitado su declaración de impuestos, pudo verificarse de que él miente y solo entrega lo que el IMSS tiene registrado (que no es lo mismo)
No tengo un sueldo y dada mi condición ante la falta de experiencia profesional, solo puedo aspirar a un sueldo alrededor de $4,000 mensuales. La renta de un cuarto está en 2,500.00 más los servicios básicos (sin contar los alimentos, pasajes, imprevistos y esas cosas)




PRESTACIONES
Cuenta con grandes prestaciones como: aguinaldo de 30 días, fondo de ahorro, bono de productividad, gastos médicos, camioneta para su uso personal, pago de gasolina, vales de despensa, préstamos, además de  las de ley.
No tengo NINGUNA, no cuento con NINGÚN seguro (ni siquiera con el IMSS o el popular), no tengo coche (con trabajos tengo para pagar los camiones para trasladarnos mi hija y yo por la ciudad cuando es necesario), y en general, no tengo ninguna seguridad ni ahorro para mi futuro. Si me enfermara o muriera, mi hija tendría un grave problema por resolver. 



DEUDAS
Él se quedó SIN deudas (ni siquiera la de la casa, el terreno que adquirimos durante nuestro matrimonio, ni ningún otro, ya que con sacrificios de los TRES (él, nuestra hija y yo) pudimos liquidar las deudas de NUESTRO patrimonio.
Desde el divorcio he adquirido deudas elevadas a través de préstamos personales, y bancarios, sin contar que he tenido que hacer uso de la tarjeta de crédito, con el único fin de poder subsistir, tanto esta servidora como la hija de ambos, quien a pesar de ser mayor de edad, no es autosuficiente y no cuenta tampoco con el apoyo de su padre. Al contrario, él dejó deudas pendientes que ahora ella debe asumir.


 RECURSOS
Él tiene 4 años gozando y disfrutando al 100% de todos los bienes muebles e inmuebles de los que arbitrariamente se apoderó.
No cuento con ningún bien, patrimonio, recurso o efectivo para subsistir, mucho menos para ahorrar o pensar en mi futuro. Mi parte del patrimonio es gozada por el sujeto A con anuencia de la Juez.

Más claro, ni el agua  y aunque lo anteriormente expuesto, Ud. ya lo sabía, debo mencionar que lo único que pretendo es aclarar gráficamente las inequidades existentes. ¿Aún así Ud. cree que pretendo tener la razón solo por necedad y egoísmo? ¿No son suficientes razones para pensar que la decisión no fue basada en un mínimo sentido de equidad? Podría dar más detalles, pero al principio prometí mesura y considero que, por ahora, con eso basta para que cualquiera entienda que la sentencia NO es justa por ningún lado. No hay justificación alguna para abandonarme a mi suerte.

En otras palabras, a partir del divorcio, el sujeto A no solo ha podido darse el lujo de vivir cómodamente, viajar o comprarse coches y, tal vez, invertir en otros inmuebles, sino también tiene la capacidad de ahorrar para su pronta vejez y enriquecerse a costa mía y de nuestra hija, y todo gracias a que él cuenta con la base de un patrimonio familiar, establecido y adquirido por ambos, pero del que me despojó sin ningún respeto ni consideración y, ahora, con la anuencia de Ud, Señora Juez. 

Por el contrario, a pesar de que yo también soy dueña legal de los mismos bienes y de tener necesidades imprescindibles (que no tienen que nada que ver con lujos ni con gastos superfluos), no puedo usarlos ni gozar de ellos, mucho menos ahora que Ud. decidió apoyar al abusador y dejarme a mí (y a mi hija) en la calle. 

Después de echarle un ojo al cuadro anterior, y siguiendo con su criterio de justicia, no me sorprendería que Ud. dijera algo así como: Estás pobre porque quieres, lo ideal es que busques un empleo donde te paguen un buen sueldo. 

Para empezar, ¿en verdad Ud. cree que no se me ha ocurrido buscar un trabajo donde me paguen un sueldo, ya no digamos “bueno”, sino solo un sueldo que me ayude a sufragar algunos de los gastos e imprevistos que mi hija y yo hemos tenido que solventar para poder sobrevivir?  Ni siquiera vale la pena aclarar ese punto, pero para que vea mi buena disposición, le agradecería que si Ud. sabe de alguna vacante que ofrezcan a una mujer que pasa de los 40, que tiene título en Contaduría Pública pero no cuenta con experiencia porque dedicó 20 años de su vida a la vida matrimonial (por supuesto, también fue mi culpa haber aceptado dedicarme al hogar), y en el que paguen un sueldo que me permita no solo pagar la renta, sino los gastos adicionales, servicios e imprevistos, en verdad, le agradecería de todo corazón que me avisara. 

Del mismo modo, también ha de cuestionarse: ¿y para qué necesita esta mujer pagar servicios, si bien puede ir a bañarse con alguna vecina? Así se ahorraría agua y gas. Y ya pensándolo mejor, también puede usar una parrilla que no gaste mucha energía, o mejor aún, puede hacer una fogata para cocinar algo sencillo y así solo necesitaría cerillos.. o ya de plano, mejor que viva junto a su hija debajo de un puente (al fin que hay muchos) y así no paga renta… ¡Parece absurdo, pero viendo los resultados obtenidos, no creo estar muy lejos de escuchar esas barbaridades! 

Pero no crea que hablo irónicamente, le aseguro que muchas veces he tenido que vivir rodeada de carencias y de muchas limitaciones, no solo últimamente, sino también lo hice en los inicios de mi matrimonio, precisamente con el abusador principal, quien no tenía nada que ofrecer cuando nos casamos, así que empezamos desde cero, sin auto, cocinando en una pequeña parrilla, sin dinero para nada y sin vislumbrar un futuro seguro. Así viví muchos años (sin contar que, además, él siempre fue un perfecto maltratador que ejercía violencia pscioemocional y económica)… Pues sí, todo lo FUIMOS construyendo y adquiriendo juntos, en base a muchos sacrificios que AMBOS hicimos durante muchos, muchos años,  así que por simple lógica, AMBOS tenemos el mismo derecho a vivir con dignidad, y no solo él. Pero no, Ud considera lo contrario, siendo que cualquier persona con algo de sentido humanitario, nunca hubiera dejado a la deriva a un par de mujeres que también tienen derechos, pero que han tenido la desgracia de toparse con gente mal intencionada e indolente,  mas no por el hecho de que haya gente que no respete nuestros derechos más fundamentales, significa que no valen. 

He vivido (mejor dicho, sobrevivido) durante casi 4 años pagando rentas, gastos de todo tipo como en médicos, alimentos, pasajes, imprevistos... he contraído deudas y apoyando de la mejor forma a la hija que tuve con el abusador y quien tampoco se ha hecho responsable de ninguna obligación (ni moral) con su propia hija, con el pretexto de que es mayor de edad. Sí, es mayor de edad, pero eso no lo exime a él de los compromisos que como padre tiene con ella. Mi hija es una mujercita con dignidad, y por tanto, no le pide nada a su padre, prefirió dejar de estudiar para dedicarse de lleno a trabajar y solo así poder subsistir, pero el esfuerzo y los sacrificios que también ella hace no le dan derecho al abusador de despojarla de todo, tal y como lo hizo conmigo, ya que a ella también la despojó de ropa, documentos y cosas personales, lo cual, no solo la violenta, sino que le complica la vida al no contar con sus pertenencias.

Pero según su criterio, Señora juez, debe pensar que eso es bueno para ella, pues la hará más fuerte y valorará más las cosas…. Y ¿cuándo pensará en el actuar ventajoso y mal intencionado del abusador principal? ¿O eso lo dejamos para una justicia divina?

No señora juez, no busco milagros y mucho menos limosnas; tampoco busco “abusar” del abusador, pues aquí el único que ha logrado enriquecerse a costa de despojarnos y empobrecernos a su hija y a mí, ha sido el abusador principal; lo ÚNICO que yo exijo es aquello a lo que tengo derecho legalmente, NI MÁS, pero tampoco MENOS. Y Ud., bajo un criterio muy particular de justicia, ha decidido por la 2ª. opción.

Cuando acudí a los Tribunales, lo hice con la firma intención de encontrar coherencia, imparcialidad y aplicación de la ley, pero al parecer la insensatez de quien ha abusado y me ha despojado de los bienes que me corresponden,  ha contaminado a la justicia misma. Con todo respeto, Señora Juez, yo no acudía al Juzgado con la idea de encontrar consejos, ni frases de “Ud. debería...  o debió hacer... ”, para esos consejos, sugerencias o ideas, hubiera gastado mi tiempo, dinero y esfuerzo en una terapia psicológica o en libros de auto-ayuda. Por lo visto, el gasto económico y emocional que he realizado durante 4 años en el proceso LEGAL de divorcio, han dado los mismos resultados que con un psicólogo: solo obtuve un débil consejo para rehacer mi vida, pero no veo que mis derechos hayan sido reparados, ni tampoco tengo una resolución equitativa, legal y justa ante la violación de mis derechos. 

Es cierto que la ley es la ley, pero aún es más cierto que la aplicación de las leyes se deja al criterio de los jueces, y si para Ud. es justo decir que si él trabaja, entonces yo también debo hacerlo, no solo le doy la razón, sino que la felicito por pensar así. En efecto, es imprescindible que las mujeres TRABAJEMOS siempre. Si algo he aprendido en estos últimos 4 años, es que nunca debí abandonar mi carrera profesional ni mi trabajo por nadie. El trabajo dignifica a cualquier persona y a las mujeres nos ayuda a reducir la dependencia económica y emocional. Mas todas las bondades de lo que significa un trabajo como lo son poder crecer, subsistir y ser independientes, no eximen en ningún sentido a la contraparte, en este caso al abusador principal, de su responsabilidad y su obligación de regresarme lo que me quitó, ni tampoco exime a las autoridades correspondientes de hacer su trabajo conforme a las leyes cuando se enfrentan ante un caso de violación de derechos, así como de juzgar de forma imparcial y equitativa a ambas partes. Por tanto, Señora jueza, si yo trabajo o no, ese NO ES EL PROBLEMA, el asunto aquí es la vulneración que se ha hecho (y se sigue cometiendo) en contra de mis derechos. A ud. solo le tocaba decidir de forma equilibrada lo más justo para ambos, tomando en cuenta las claras condiciones de desigualdad y, además,  el derecho que AMBOS tenemos de gozar de los bienes porque a AMBOS nos pertenecen por ley. 

Es innegable que muchas, muchísimas mujeres son grandes ejemplos inigualables de lucha, pues solas sacan  adelante a sus hijos de la mejor manera, sin necesidad de nadie; esa grandeza y fortaleza nadie se las quita, pero eso tampoco quiere decir que los sujetos irresponsables deben gozar de la vida impunemente sin cumplir con las obligaciones que adquirieron en determinado momento. Muchas veces, cuando una mujer exige sus derechos ante alguna autoridad, la indolencia de algunos servidores públicos pareciera  poner a prueba la fortaleza, la paciencia y la valentía de las mujeres… Sí, es como si las pusieran en una encrucijada para ver cómo se las arreglan con sus hijos, y mientras más obstáculos les ponen, entonces significa que sí pueden solas y, por tanto, no deben molestar a nadie más. Definitivamente eso no es justo, no se trata de exigirles a las mujeres que demuestren sus capacidades y fortalezas mientras que sus derechos son pisoteados impunemente. 

Se han creado leyes,  instituciones y servidores públicos precisamente para evitar situaciones de abusos, y que están hechos para proteger y salvaguardar nuestros derechos, así como para prevenir, atender y sancionar cualquier tipo de violencia que se ejerza. Entonces, ¿por qué siguen transgrediéndose los derechos de las mujeres?

Desafortunadamente para mi,  Ud. otorgó el derecho absoluto y exclusivo de todo al abusador principal,  por lo que después de semejante determinación, me aterra pensar en el paso siguiente del proceso, pues imagino que utilizará el mismo criterio particular para decidir sobre las cosas que faltan por resolver... Y nadie puede culparme por sentir miedo, incertidumbre y desconfianza hacia lo que me espera en lo que resta del juicio. 

Señora Juez, con todo respeto, qué pérdida de tiempo, tanto para Ud. como para esta servidora, qué desgaste inútil, qué desperdicio de hojas, pruebas solicitadas y declaratorias acumuladas entre tanto expediente…. ¿para qué? Para que al final Ud. decidiera lo mismo que el abusador había determinado desde el principio, hace 4 años atrás: TÚ TE QUEDAS EN LA CALLE Y YO CON TODO.

Lo más triste de todo es que Ud. es una mujer, tal vez a su edad ya tenga hijas y hasta nietas, y eso es lo más aterrador, que ni siquiera hizo uso de la aplicación de la justicia bajo los criterios de perspectiva de género, por el contrario, lo hizo bajo términos machistas y radicales, pero si Ud,  Señora Juez, piensa que la resolución que dictó fue justa y lo más apegada a Derecho, entonces debo decirle que la felicito, al menos está segura de realizar de forma eficiente el trabajo que le fue encomendado por el Estado. 

Yo no soy nadie, solo soy una mujer que aún cree en la justicia, y como tal, solo me queda desearle que la vida le retribuya TODO aquello que Ud. se merece, no sé si sea bueno o malo, pero espero de todo corazón que el tiempo y la vida dicten lo que sea justo para Ud,  y reciba lo que realmente merezca. Ya lo dice un dicho: El tiempo es un juez que dicta sentencia y, ese sí,  nunca se equivoca.

Por mi parte, como muchas mujeres más, asumo y acato la decisión de Ud, así como la de todos aquellos que tengan el poder de decir qué es lo que nos merecemos, según su criterio, a pesar de denostar una evidente injusticia y aunque eso  implique que tanto mi dignidad como mi integridad emocional y física, queden en completo estado de indefensión, por lo que debe quedar claro que  la responsabilidad de mi vulnerabilidad ante la violación de mis derechos no solo recae en el abusador principal,  sino  en todos aquellos que lo respaldan. 


JUECES Y JUEZAS:
Las mujeres no queremos consejos ni fallos sin fundamentos, queremos juicios y sentencias apegadas a derecho, imparciales, diligentes, equitativas y con perspectiva de género. 

MUJERES:
¿De qué serviría exponer mi caso si al final no al final no dejo un pequeño halo de esperanza? Seguiré en la lucha hasta conseguir lo que me corresponde...ni más ni menos. Solo me resta sugerirles que no abandonen la lucha por nuestros derechos, intentemos continuar desde nuestras trincheras y luchar por nuestras propias causas que, al final, son las causas de todas. Es cierto, en ocasiones aquellos que imparten justicia pueden negarnos el derecho a obtenerla, pero eso no significa que no tengamos razón o que no seamos dignas de obtener lo que merecemos. 

Siempre aconsejo a las mujeres que no permitan que sus derechos sean vulnerados por nadie, que de ser necesario acudan a las autoridades competentes y que denuncien. Hoy sigo pensando así. Considero que como en todo hay excepciones y así como no podemos juzgar a todos los hombres por igual,  ya que el pésimo comportamiento de unos (aún si se tratara de la mayoría), no determina  que haya que  generalizar a todos por igual, al contrario, hay hombres por los cuales debemos seguir creyendo en la existencia de relaciones sanas, constructivas y sin abusos. Del mismo modo debemos creer en las Instituciones y en quienes las representan. No porque existan malos servidores públicos, negligentes, irresponsables o sin un criterio capaz de determinar qué es lo justo, debemos dejar de acudir a denunciar o de exigir nuestros derechos… ¡eso nunca! Todas las mujeres tenemos derecho a vivir una vida libre de todos los tipos de violencia y debemos hacer uso de todos los recursos legales a nuestro alcance para lograrlo y denunciar cuando hemos sido violentadas…. 

Exijamos siempre nuestros derechos y que los encargados de llevar las acciones correspondientes cumplan con su trabajo, de lo contrario, evidenciemos los casos que se dejan en la impunidad, así como a aquellos que no cumplen con la labor pública que les ha sido encomendada. 




FUENTES:


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