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lunes, 5 de septiembre de 2011

Tratamiento psicológico para maltratadores: Incierto pero alentador




El tratamiento psicológico a los agresores domésticos es, junto con otras actuaciones judiciales y sociales, una medida necesaria.

-"Era un 24 de Diciembre. Ambos tomábamos, comenzamos a discutir, ella gritó y yo, lógico, me enojé y le pegué. Fue la primera vez que le propiné una cachetada a mi esposa. Después me sentí mal, pero había que someterla".

Es el relato de Simitrio, quien así recuerda el momento en que inició la violencia física en su matrimonio. Antes de eso, solo eran insultos, "teníamos problemas normales, como  cualquier pareja"; pero los conflictos iban en aumento y derivaron en una denuncia penal que su esposa interpuso."Nunca le pegué fuerte, solo algunos empujones y las cachetadas; no quise lastimarla. Es mi esposa desde hace 25 años. Es parte de mi vida".

Simitrio forma parte  de los hombres denunciados por violencia, pero de los pocos que acuden a terapia (por orden judicial, en su caso). Él, como muchos otros, pensaba que era su esposa quien provocaba las agresiones físicas. Sin embargo, hoy sabe que él es el responsable de ejercer la violencia.

En entradas anteriores, hemos hablado mucho sobre la violencia que ejrcen los hombres sobre sus parejas, exparejas o mujeres en general: sus características, las consecuencias, la ayuda, y algunos tratamientos que las mujeres, víctimas de maltrato y violencia, requieren. Sin embargo, ¿qué hay con los maltratadores, con los agresores y victimarios?. Ellos, también necesitan con urgencia, un tratamiento psicológico que los ayude a entender que la violencia que ejercen es un acto denigrante (para ellos mismos, para sus mujeres, para sus hijos y para quienes lo rodean) afectando los ámbitos de salud, social, cultural y legal, principalmente. Dichos hombres, deben ser rehabilitados y enseñados a manejar sus impulsos, a reconocer las características de su personalidad violenta, a controlar sus reacciones agresivas y respetar a las mujeres de su entorno.

Es necesario que se reeduquen, pues a pesar de las consecuencias legales o penales que deberían aplicárseles por su comportamiento salvaje e irracional, continúan viviendo en una sociedad cada vez más incapaz de controlar a ese tipo de sujetos. 

Así lo manifiestan varios estudiosos del tema: al margen de las diversas funciones que se atribuyen a las medidas penales (retributiva, ejemplarizante y protectora de la sociedad), no se puede prescindir de su función prioritaria de reeducación y reinserción social del infractor.

El factor socio-cultural, que hasta hace algunos años era claramente tolerante frente a esto, tiene un papel muy importante, y es lo que se intenta revertir. Pero hay otros factores también muy serios.

Un hombre tiende a descargar su ira específicamente en aquella persona que percibe como más vulnerable (por lo general, la mujer y/o los hijos) y en un entorno como la familia, donde es más fácil ocultar lo ocurrido. Además, los logros obtenidos con las conductas violentas previas desempeñan un papel muy importante. Muy frecuentemente el hombre maltratador ha conseguido los objetivos deseados con los comportamientos agresivos anteriores. Es decir, la violencia puede ser un método sumamente efectivo y rápido para salirse con la suya.

A su vez, la sumisión de la mujer puede quedar también consolidada porque, con un comportamiento sumiso, consigue evitar las consecuencias negativas derivadas de una conducta violenta por parte de la pareja. Todo ello explica, junto con otras variables (la dependencia emocional y económica, la presencia de los hijos, la presión social, los estereotipos, el miedo al futuro, etcétera), la perpetuación en el tiempo de tipos de relación claramente insanos.

Una vez que ha surgido el primer episodio de maltrato, y a pesar de las muestras de arrepentimiento del agresor, la probabilidad de nuevos episodios (cada vez por motivos más insignificantes) es mucho mayor. Rotas las inhibiciones relacionadas con el respeto a la otra persona, la utilización de la violencia como estrategia de control de la conducta se hace cada vez más frecuente. El sufrimiento de la mujer, lejos de constituirse en un revulsivo de la violencia y en suscitar una empatía afectiva, se constituye en un disparador de la agresión.

En la mayor parte de los casos los episodios de malos tratos comienzan en los inicios del matrimonio, e incluso durante el noviazgo. En este sentido, la presencia de algún tipo de agresión psicológica en los primeros meses de relación es un claro predictor de futuros episodios de maltrato físico

Una característica del maltrato es la negación de esta conducta por parte del maltratador.


Cuando una conducta genera malestar al pensar fríamente en ella o es rechazada socialmente, se utilizan estrategias de afrontamiento para eludir la responsabilidad, como buscar excusas, alegar que se trata de un problema estrictamente familiar, hacer atribuciones externas, considerar lo que ocurre como normal en todas las familias, quitar importancia a las consecuencias negativas de esas conductas o, simplemente, culpar a la propia víctima

TRATAMIENTO PSICOLÓGICO DE LOS MALTRATADORES:

Tratar a un agresor no significa considerarle no responsable de sus actos  ni tampoco significa un remedio milagroso  para que su relación de pareja continúe. Es una falsa creencia considerar al hombre violento como enfermo. No lo es; en general no padecen de enfermedades mentales ni necesariamente tienen adicciones…simplemente deciden ejercer la violencia como un medio de sometimiento y control. El alcohol o las drogas pueden exacerbar su estado agresivo, pero la violencia no debe achacarse a su uso. Muchos hombres violentos son abstemios a cualquier enervante; en cambio, muchos alcohólicos o drogadictos no son violentos.


Debemos entender que los hombres violentos son responsables de sus conductas, aunque presentan limitaciones psicológicas importantes en el control de los impulsos, en su sistema de creencias, en las habilidades de comunicación y de solución de problemas, en el control de los celos, etcétera.

Un tratamiento psicológico puede ser de utilidad para hacer frente a las limitaciones de estos agresores que, aun siendo responsables de sus actos, no cuentan con las habilidades necesarias para resolver los problemas de pareja en la vida cotidiana. De lo que se trata es de controlar la conducta actual para que no se repita en el futuro. De este modo, se protege a la víctima y se mejora la autoestima del agresor.

Tratar psicológicamente a un maltratador es hoy posible, sobre todo si el sujeto asume la responsabilidad de sus conductas y cuenta con una mínima motivación para el cambio. Tratar al agresor es una forma de impedir que la violencia, más allá de la víctima, se extienda a los otros miembros del hogar (niños y ancianos), lo que ocurre en un 30% o 40% de los casos.

Si se aboga sólo por las medidas coercitivas con el agresor, se comete otro error. La experiencia dice que el maltratador, por lo general, o bien no entra en prisión o, si resulta encarcelado, lo es por un corto periodo. En uno y otro caso el agresor se muestra irritado y aumenta el riesgo de repetición de las conductas violentas contra la pareja.

Además, si se produce una separación o divorcio y el agresor se vuelve a emparejar, se puede predecir que va a haber, más allá del enamoramiento transitorio, una repetición de las conductas de maltrato con la nueva pareja. Por ello, la prevención de futuras víctimas también hace aconsejable el tratamiento psicológico del agresor.

Hay todavía una razón más a favor de la terapia. Los tratamientos psicológicos de hombres violentos contra la pareja ofrecen unos resultados aceptables. Se admite cierto nivel alto de rechazos y abandonos prematuros, sin embargo hay países donde los resultados obtenidos hasta la fecha son satisfactorios: se ha conseguido reducir las conductas de maltrato y evitar la reincidencia, así como lograr un mayor bienestar para el agresor y para la víctima.



Por último, desde una perspectiva preventiva, en la medida en que disminuya el número de hombres violentos contra la pareja, también lo hará la violencia futura. Se trata, en definitiva, de interrumpir la cadena de transmisión intergeneracional y el aprendizaje observacional por parte de los hijos.

MOTIVACIÓN PARA EL TRATAMIENTO
La falta de reconocimiento del problema o la adopción de una actitud soberbia de autosuficiencia, con un aparente dominio de la situación, dificultan la búsqueda de ayuda terapéutica. Es preciso evaluar en el primer contacto con el agresor el nivel de motivación para el cambio, así como su grado de peligrosidad actual, porque la protección de la víctima resulta prioritaria en este contexto.

En términos generales, la motivación inicial para el tratamiento en el maltratador suele ser débil e inestable, sobre todo en aquellos pacientes que acuden al tratamiento por vía judicial.

La decisión genuina de acudir a un programa terapéutico se adopta sólo cuando se dan varios requisitos previos:

* Reconocer que existe un problema;
* Darse cuenta de que el sujeto no lo puede resolver por sí solo;
* Valorar que el posible cambio va a mejorar el nivel de bienestar actual.

El hombre violento va a estar realmente motivado cuando llega a percatarse de que los inconvenientes de seguir maltratando superan a las ventajas de hacerlo. El terapeuta debe ayudar al agresor a lograr esa atribución correcta de la situación actual y a descubrirle las soluciones a su alcance.


Una vez que el sujeto ha acudido a la consulta por vez primera (habitualmente por presión de su pareja o por mandato judicial), el objetivo es mantenerlo en el tratamiento, porque las consultas iniciales no garantizan la continuidad en la terapia. Se trata, en primer lugar, de establecer una relación terapéutica basada en la confianza, en la confidencialidad y en el deseo sincero de ayuda por parte del terapeuta, lo que implica advertir al sujeto, en un clima exento de juicios moralizantes, sobre su situación real y sobre los riesgos de su conducta.

Asimismo hay que persuadir al sujeto de las ventajas de un cambio de comportamiento: sentirse mejor, aprender a controlar sus emociones, establecer relaciones de pareja adecuadas, mejorar su autoestima y valoración social, etcétera. Y, por último, hay que generar unas expectativas de cambio realistas en el sujeto. Eliminar la ira o los celos por completo no es un objetivo alcanzable, pero sí lo es, en cambio, mantenerlos bajo control y canalizarlos de una forma adecuada.

  IMPORTANTE:
-Cuando hay problemas de alcoholismo, riesgo de suicido o psicopatología, es prioritario tratar antes esto, que llevar a cabo la intervención.

– Cuando una agresor es psicópata empeora el diagnóstico de mejora.

– Se plantea la polémica pregunta: ¿estudiar o no el perfil de la maltratada? Esto es distinto a culpabilizar a la víctima, y podría tener la utilidad de identificar factores de riesgo para aumentar la prevención. Aunque no se ha conseguido un predictor de riesgo, una primera victimización provocará una victimización posterior; donde intervendrán factores como: déficit de asertividad, distorsión del amor romántico o distorsión cognitiva de la falsa esperanza de cambiar al maltratador.

INTERVENCIÓN CLÍNICA:
Desde una perspectiva psicológica, el objetivo del tratamiento con agresores debe orientarse al control de la violencia, al margen de la posible reconciliación conyugal, y no puede limitarse a la detención de la agresión física con alguna técnica de control de la ira. Lo que es más difícil de controlar es el maltrato psicológico, que puede continuar aun después de haber cesado la violencia física.

El tratamiento resulta un instrumento útil en aquellos casos en los que el agresor es consciente de su problema, asume su responsabilidad en los episodios de violencia y se muestra motivado para modificar su comportamiento agresivo.

La intervención clínica puede llevarse a cabo en un entorno comunitario, especialmente cuando la pareja sigue unida y cuando la violencia no es excesivamente grave, o en un medio penitenciario, cuando el agresor está recluido en prisión y, especialmente, cuando está próximo a la excarcelación.

Los hombres violentos contra la pareja deben cumplir con unos requisitos previos antes de comenzar propiamente con la intervención clínica: reconocer la existencia del maltrato y asumir la responsabilidad de la violencia ejercida, así como del daño producido a la mujer; mostrar una motivación mínima para el cambio; y, por último, aceptar los principios básicos del tratamiento, a nivel formal (asistencia a las sesiones, realización de las tareas prescritas, etcétera) y de contenido (compromiso de interrupción total de la violencia).

Por otra parte, está contraindicada la terapia de pareja, al menos en las primeras fases del tratamiento. La presencia de la violencia distorsiona la relación de tal forma que no es posible este tipo de terapia. La mujer estaría tan inhibida o rabiosa en presencia de su pareja que no se obtendría beneficio de este contexto terapéutico. Además, cuando un maltratador exige desde el primer momento una terapia de pareja, no se responsabiliza de la violencia ejercida ni muestra signos de tener conciencia de su problema o disposición para cambiar.

El programa, generalmente,  está compuesto por varias sesiones y por diversas técnicas encaminadas al desarrollo de la empatía, al control de los impulsos violentos y al aprendizaje de las estrategias de actuación adecuadas ante los conflictos. En concreto, se pone el énfasis en la educación sobre el proceso de la violencia, el afrontamiento adecuado de la ira y de las emociones negativas, el control de los celos y del consumo excesivo de alcohol (si es el caso), la reestructuración cognitiva de las ideas irracionales respecto a los roles sexuales y a la utilización de la violencia como forma adecuada de resolver los conflictos, el entrenamiento en habilidades de comunicación y de solución de problemas, la educación sexual, entre otros temas.

Los resultados obtenidos, sin ser concluyentes, son, cuando menos, alentadores. Si bien no está resuelto el problema del alto grado de abandonos (cercano a la mitad), sobre todo al comienzo del tratamiento, lo que exige ahondar más en las estrategias motivacionales, los beneficios terapéuticos mantenidos con el transcurso del tiempo afectan a los dos tercios de los que han concluido el tratamiento.


Los programas de tratamiento para hombres violentos contra la pareja, bien en un régimen comunitario, bien en prisión o bajo control judicial son cada vez más frecuentes. Se trata de ayudarles a superar sus dificultades, cuando es posible. Los maltratadores suelen presentar carencias psicológicas significativas, como distorsiones cognitivas, dificultades de comunicación, irritabilidad y una falta de control de los impulsos, así como dificultades específicas (abuso de alcohol y celos patológicos).

Las perspectivas de futuro se centran en la aplicación de un tratamiento individual, ajustado a las necesidades específicas de cada persona, intercalado con sesiones grupales de hombres violentos, en el marco global de un programa de violencia familiar, en un contexto preciso (en la comunidad, en prisión o bajo vigilancia judicial, según los casos) y con un tratamiento psicofarmacológico de control de la conducta violenta, a modo de apoyo complementario, en algunos casos de sujetos especialmente impulsivos o con trastornos del estado de ánimo.

Por último, la motivación para el tratamiento es el motor del cambio y la piedra angular del éxito en un programa terapéutico con maltratadores. No se trata tan sólo de la motivación inicial para acudir a la consulta, sino de la motivación necesaria para mantenerse en el tratamiento y cumplir adecuadamente con las prescripciones terapéuticas. Conseguir una mejora en la motivación es el principal reto de futuro.

 OTRAS PROPUESTAS:

Enrique Echeburúa es doctor en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid y especialista en Psicología Clínica, materia de la que es catedrático en la Universidad del País Vasco. Es miembro fundador del Instituto Vasco de Criminología. Echeburúa ha hecho múltiples investigaciones a lo largo de su carrera, entre las que se encuentran el trastorno de estrés postraumático, la violencia familiar y el juego patológico, los trastornos de personalidad y la clínica forense.

Así mismo, ha realizado diversos estudios sobre los tratamientos efectivos que deben recibir los hombres maltratadores.

Con respecto a la violencia que ejercen muchos hombres contra sus parejas, Echeburúa puntualiza que después de muchos estudios y experiencias adquiridas por profesionales con respecto al tema de violencia contra las mujeres ejercidas por sus parejas, donde en un principio sólo se trataba a las víctimas, pero se dieron cuenta de que esto era insuficiente porque una vez que el maltratador quedara en libertad, volvería a incurrir en la conducta violenta, por ser está una conducta sobre aprendida y sobre reforzada que permite al agresor imponer valores, someter, subordinar, discriminar y controlar a la mujer, haciéndole sentir que se sale con la suya.

Por lo tanto, se deduce que un maltratador necesita tratamiento psicológico.

Tratamiento (propuesto por el catedrático):
- Asumir la responsabilidad propia.
- Firmar el consentimiento informado para que, si el psicólogo percibe que la víctima está en peligro, pueda vulnerar el secreto profesional e informar a las autoridades para salvaguardar la seguridad de la víctima.
- Aceptar principios básicos del tratamiento: tareas, periodicidad de las sesiones etc.
- Mostrar una motivación mínima para el cambio, es decir: aceptar que uno tiene un problema, que no puede solucionar por si mismo y que a largo plazo se tendrán más beneficios (como una relación de equilibrio, un mejor modelo de conducta para los hijos y mayor autocontrol)

Objetivos terapéuticos:
- Generar el nivel de empatía, sobre todo en el maltratador, haciendo que se ponga en el lugar de la víctima, tanto imaginativamente como emocionalmente. Para esto se puede recurrir a videos o películas (“Te doy mis ojos”).

- Ira descontrolada e ideas distorsionadas. Hay que diferenciar entre problemas de celos, y problemas de posesividad cuando no es tanto que el maltratador piensa que su pareja le está siendo infiel, sino que necesita tenerla constantemente cerca, para que sea una parte más de él, anulando su entorno.
Sobre las ideas distorsionadas, se trabaja con reestructuración cognitiva, para cambiar los valores y creencias sobre los roles de género del maltratador. Hacerle entender que la mujer no tiene por que desempeñar ciertas actividades sólo por ser mujer (estereotipos); o cambiar el pensamiento de que la violencia es una solución.

- Déficit de autoestima. Reforzar tanto la de la víctima como la del maltratador, ya que esto repercutirá positivamente sobre el problema de posesividad (quererla tener como su propio cuerpo). También trabajar con el problema de consumo abusivo de alcohol. Echeburúa puntualiza que no es lo mismo consumo abusivo de alcohol que alcoholismo, ya al alcohólico se le tiene que tratar como alcohólico, y después como maltratador, y  al que consume abusivamente alcohol sólo se trata de una reacción para desinhibirse, hacerse el fuerte e interactuar con desprecio a la mujer.

- Déficit de comunicación. No saber comunicar un desacuerdo hasta que estalla fisiológicamente disparando una conducta violenta. Aprender a contrarrestar el “calentón”, llamando a alguien, saliendo a correr, etc.

- Déficit de resolución de problemas: dar nuevas opciones, generar ambivalencias.

- Prevención de recaídas.

Resultados: 
Dos terceras partes se benefician del tratamiento en los 3 primeros meses ( o en 15 sesiones). La aceptación del tratamiento llega al 43%, y de este el 55% finalizaba el tratamiento, y de este el 88% tenía éxito.

A partir de la cuarta sesión se consolida la relación terapéutica y a se ven resultados. Al año después del tratamiento el 50% se mantiene.

Retos:
Desarrollar un programa consolidado, que se adapte a los diversos contextos.

LIBRO:
Hombres Maltratadores. Tratamiento psicológico de agresores

Autores: Andrés Quintero Turinetto y Pablo Carbajosa Vicente.
Madrid: Grupo 5, 2008.

Descripción: La violencia de género es una lacra social que necesita múltiples acciones efectivas para erradicarla. Intervenir con los hombres maltratadores es una de ellas. En este libro los autores definen este tipo de violencia como un abuso de poder e indican las particularidades que la caracterizan, al presentar una radiografía del maltrato y del agresor. Reflexionan y analizan aquellos aspectos que necesitan abordarse para lograr el cese de la violencia, preguntándose en ese recorrido: ¿Qué hace que un hombre maltrate a su pareja?. A partir de ese interrogante, los autores describen los desarrollos de diversos investigadores sobre las características de los agresores, definen su propia perspectiva en este tema y concluyen con otro cuestionamiento: ¿Cómo se interviene terapéuticamente con estas personas? Sus respuestas surgen de la reflexión sobre su experiencia clínica con hombres maltratadores, desarrollada en los últimos años en servicios.

PREVENCIÓN (Reeducar a los hombres):

La prevención y la información, siempre serán los mejores caminos antes que vivir una situación, irremediable, de violencia.
La participación de los hombres en el cambio de su posición social y personal, es indispensable, así deberán renunciar a los "privilegios" que el actual paradigma les brinda por ser varones, y reconocer que solo una relación igualitaria, respetuosa y cooperativa entre mujeres y hombres permitirá garantizar a las mujeres una vida libre de violencia.

Estrategias:
* Impulsar la promoción de cambios conductuales relacionados con la condición masculina y el machismo, sus diferentes expresiones, sus problemáticas y efectos sobre el estilo y la calidad de vida de las personas.

* Promover redes de enlaces entre personas que trabajan acerca de los nuevos estilos de vida de los varones en el marco de la igualdad con las mujeres.

Acciones:
1. Difundir mensajes dirigidos a los hombres que expliquen el concepto de violencia familiar, sus diferentes tipos, los efectos sobre las mujeres que la sufren, así como las formas de prevenirla.

2. Fomentar la participación de los hombres en la prevención de la violencia familiar, transmitiendo los siguientes mensajes:

La violencia no es normal ni aceptable, es incompatible con la dinámica familiar y constituye un delito.

Ninguna persona merece ser objeto de violencia, nadie debe vivir con miedo, lastimado, insultado o amenazado en su propia familia.

El generador de violencia es el único responsable de su actuación.


Las campañas deber ser segmentadas por edades: adolescentes, adultos y adultos mayores, atendiendo las diferencias culturales, de idioma y educación en el diseño de contenidos.

3. Realizar talleres dirigidos a hombres que promuevan la igualdad sustantiva, la libertad, la responsabilidad y el respeto a las mujeres.

4. Impartir cursos, seminarios, programas y talleres dirigidos a hombres que promuevan la resolución pacífica de conflictos a través de mecanismos.


HOMBRE:

Las relaciones de pareja no son sencillas si:
* Siempre estás enojado
* Peleas muy seguido, hasta  por cosas insignificantes

Pregúntate a tí mismo: ¿Qué tan frecuente actúo así?:
* Dirigirme a ella con groserías
* Mirarla de forma amenazante
* Decirle que no es indispensable
* Ignorarla cuando está hablando
* Tratarla con frialdad
* Humillarla y pisotearla (en público y/o en privado)
* Mentirle
* Negarle o controlarle el dinero y los gastos
* Acusarla de infiel
* Espiarla e invadir su privacidad
* Prohibirle trabajar, ver a sus amistades o familiares

¿Alguna vez la has...?
* Amenazado
* Empujado
* Abofeteado
* Golpeado
* Lastimado con tu cuerpo o con algún objeto

Recuerda estas frases:
* "No tengo que controlar a mi pareja"
* "Todos tenemos problemas y preocupaciones; no solo yo"
* "No todo gira al rededor de mí"
* "Un verdadero hombre debe calmar y controlar sus impulsos. No soy un animal salvaje irracional"
* "Ella también tiene derechos: a su opinión, a su espacio, a su tiempo, para sus amigos, en su trabajo"
* "Si siempre estoy enojado, solo logro alejar a mi familia"
* "Puedo escuchar y dialogar"
* "No dejaré que el orgullo y el coraje me dominen"
* "No quiero que me teman, quiero que me quieran"
* "No debo ser un ejemplo para mis hijos de violencia"

Si en una discusión, las cosas se acaloran...Respira profundo y aléjate:
* Haz todo lo posible por tranquilizarte
* Sal a caminar un rato
* Llama a un amigo o familiar responsable
* Haz ejercicio
* Busca consejos
* Cuida lo que hagas con tus manos
* Piensa en tus cualidades
* Reflexiona y medita
* Haz todo lo posible por contenerte; no explotes


MUJER:

La violencia afecta a  la familia y a la sociedad en general,  no es tu culpa, pero sí está en tus manos detenerla y no permitirla.

La violencia, en cualquiera de sus formas y modalidades, es un delito y ¡debe denunciarse!.

Un tratamiento psicológico al maltratador puede ayudar, pero no es garantía absoluta de cambio. 
NO es tu obligación quedarte a esperar a que surja un "nuevo ser"...¡¡CUÍDATE PRIMERO A TÍ MISMA!!



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