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MUJER SIN CADENAS es un blog de "Crisálida Perenne", que es una marca registrada de acuerdo a las leyes mexicanas.

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MUJER SIN CADENAS: 2o. lugar Categoría Gráficos del Premio Mujer y Publicidad 2011

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jueves, 1 de diciembre de 2011

¡Te voy a dejar en la calle!: El despojo, cruel revancha ante un inminente divorcio




1er. Aniversario
En los próximos días, los blogs que ustedes ya conocen, cumplirán su primer aniversario, y hoy quiero agradecer y compartir con ustedes la gran dicha que siento al cumplir un año con mis blogs, o mejor dicho, con nuestros blogs, pues ha sido un esfuerzo conjunto. Sin la participación de ustedes, lectoras y lectores, no hubiera sido posible alcanzar las más de 106, 000 visitas en tan solo un año, tiempo en el cual, estos espacios virtuales se han dedicado a alertar a las mujeres sobre temas de violencia de género y a difundir sus derechos, promoviendo una cultura de equidad y de denuncia. Nunca imaginé la cantidad de satisfacciones que me traería el compartir mi aprendizaje, duro y cruel, pero finalmente gratificante.



¡¡MUCHAS GRACIAS!!

Pero... ¿cómo se convierte una experiencia personal en un estandarte de lucha?




El parteaguas:
De pronto abro los ojos y veo mi maleta frente a mi. Me acomodo sobre la cama y mi mirada observa detenidamente cada detalle de la habitación. Nada me pertenece, nada es mio, solo esa maleta que sigue frente a mi, inmóvil, callada, pero ella y su contenido es lo úncio que reconozco. Parecería que durante toda la noche esa maleta se mantuvo alerta, observándome mientras dormía, analizando mis involuntarios movimientos, mi respiración…¿acaso se burlará de mi?

En el corto recorrido que mis ojos recien abiertos realizan a través de esa habitación, intent reaccionar ante el despertar de un nuevo día. Puedo observar un cofre que se encuentra sobre un pequeño mueble, una lámpara junto a la cama, esas cortinas anaranjadas que se quedaron abiertas, un pequeño escritorio y un espejo de cuerpo entero que adorna el lugar donde me encuentro. Son cosas que me son familiars, pero no son mías, no es mi espacio.

Me levanto para dirigirme a la maleta. Vislumbro que está semiabierta; en ella se asoma levemente una prenda, al acercarme descubro que es una pequeña blusa negra…es la que traía puesta la noche anterior. Temerosa, decido abrirla. Observo que todas las prendas están revueltas, mal acomodadas, y es entonces cuando una lágrima rueda sobre mi mejilla derecha.

“¿Por qué lo permití?”, fue la pregunta que vino a mi cabeza de forma espontánea.

Sí, mi memoria hacía su trabajo desde el subconsciente, y fue entonces cuando pude repasar lo que había sucedido….meses atrás.

Llevaba varios meses separada de mi esposo. Nuestra relación de casi 18 años de matrimonio había llegado a su fin. En los últimos meses que pasé junto a él, en NUESTRA casa, nos habiamos alejado inexplicablemente (bueno, en ese momento no encontraba explicación, pero ahora sé la razón). La comunicación que siempre habíamos mantenido como abierta, cordial y constante, se había esfumado. Algo había sucedido en el interior de ambos que terminó con romper toda posibilidad de conciliación, acuerdo y tolerancia.

Pero aquella pregunta seguía rondando mi cabeza: ¿Por qué lo permití?, y no solo me refería a la forma cruel, humillante y violenta con la que fui echada de mi hogar conyugal. Mis recuerdos retrocedían hasta casi el incio de nuestra relación, la cual siempre estuvo plagada de señales de alerta que nunca detecté…o mejor dicho, que quise ignorar.

Palabras sueltas, frases, gestos, imágenes desordenadas, fueron llevándome, retrospectivamente,  a un sinfin de  recuerdos dolorosos.

Así es, mi vida matrimonial estuvo marcada por lo que hoy sé, se denomina VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES.



El cambio en nuestra relación comenzó cuando descubrí que ya no era feliz. Cuando pude darme cuenta, a través de miles de detalles imperceptibles, que yo era una mujer invisible, sin voz, sin voto, sin capacidad de existir y mucho menos de tomar una decisión o de participar en las actividades trascendentales que una familia unida y considerada realizan de forma natural.

No puedo determinar desde cuando me volví invisible para mi familia. Tal vez todo comenzó con esas actitudes aprendidas, las que todo el mundo cree normales en una esposa y madre de familia, y que se resumen en acciones y omisiones como ceder, complacer, callar, aceptar, conformarme y estacionarme en un modo de vida estático para mi, pero dinámico y de avance para los demás…Sí, yo misma, y voluntariamente, fui entregando y otorgando el poder de mi identidad y de mi persona a otros. Mi voluntad iba en relación directa a lo que los demás me indicaran, ya sea con palabras o con acciones. Hoy entiendo que muchos de los abusos y agresiones que no detecté, provenían de una violencia encubierta, sutil y abusiva. Los golpes en el cuerpo no son necesarios, pues las heridas que la violencia psico-emocional y económica dejan en el alma son incurables.

Mi estado de ánimo y físico fueron cambiando notablemente durante los últimos meses de matrimonio. Me volví desganada, no cuidaba de mi arreglo…”Te ves muy bien sin maquillaje y con esos pantalones dos tallas más grandes”, “¿Para qué te arreglas si solo vamos ir al super?”, “Necesito que me acompañes a comprarme un par de camisas, pero no quiero que comiences a ver algo para tí.”, “¿Vas a comer pizza?, vas a engordar y  sabes que mí no me gustan las gordas”, “Hoy es viernes, tienes que darme cuentas de los gastos que hiciste en la semana”…esas son solo algunas de las frases que escuché del “magnánimo ser” con el que conviví durante muchos años.



Violencia Psico-emocional, económica y patrimonial:
Muchas mujeres viven situaciones de violencia sutil o abierta, soportando vejaciones, humillaciones y maltrato por tiempo indefinido…pero el mío había llegado a su límite. Un maltratador, controlador, manipulador y abusador cansa a cualquiera. Se necesita mucho valor para reconocerse como una víctima de chantajes y abusos de todo tipo, y por ende,  a sacar la fuerza interior que necesitamos a poner un límite a esa situación. 

Hace casi dos años, un domingo por la mañana, cuando la relación ya estaba en su máximo nivel de tensión, hartazgo y desesperanza, tuvimos una fuerte discusión. Las aclaraciones sobre nuestros comportamientos, las indiferencias, las necesidades que ya no cubríamos mutuamente, la intolerancia hacia nuestros defectos, entre otras cosas, reflejaban que todo habia llegado al final.

La diferencia entre esta discusión frente a otras que siempre tuvimos en diversas ocasiones era una sola: Yo ya no estaba dispuesta a ceder más. Ya no tenía nada más que ofrecer ni otorgar. Mi juventud, mis sueños, mis aspiraciones profesionales, laborales, mi dignidad, el amor a mi familia nuclear, mi salud, mi ímpetu y mi identidad completa las habia regalado durante 18 años de convivencia….ya no había nada en mí para entregar.

Fue la pelea más larga y cruel de nuestra historia. En esos momentos de alteración, no podia imaginarme lo que estaba a punto de suceder: sería despojada, todavía más, de todo lo que juntos habíamos construido.

Podía sentirse un enorme abismo entre ambos. Era imposible una solución para continuar en la relación,  yaa no existía ninguna alternativa para “reconstruir” algo que ya estaba perdido; solo quedaba llegar a un acuerdo sobre los términos de la separación, pero fue entonces cuando gritó: ¡¡Te voy a dejar en la calle!!.

Fueron las palabras más injustas, desleales y desagradecidas que escuché de la boca de la persona a quien durante casi 20 años le entregué de forma total, incondicional y gratuita mi vida, mi dignidad, mi tiempo y mi identidad. Salieron desde lo más hondo de su negro corazón con énfasis, con coraje, con un amargo sabor a venganza, con un anticipado y planeado rencor que se prolongaría, sin saberlo entonces, hasta el día de hoy.

Esa frase fue seguida de: “¡Y te vas de esta casa ahora mismo, porque es MI casa y tú ya no tienes nada que hacer aqui!

Así es, ya hace casi dos años de aquella mañana en la que nos encontrábamos él y yo, solos, en NUESTRA casa (y digo NUESTRA porque las escrituras así lo evidencian y el régimen por el que nos casamos fue el de sociedad conyugal). Tras aquella fuerte discusión, él determinaba que debía irme de ahí, de NUESTRA casa. Aquel sujeto se puso la toga de un implacable juez y sentenció, unilateralmente, que yo era quien debía irme de ahí, no él. Yo era la condenada y echada de ese “paraíso” construido por ambos. Y lo cumplió, salí sin nada, sin dinero, sin cosas materiales… sin recursos de ningún tipo para sobrevivir.



Al casarnos, ambos llegamos a nuestra vida matrimonial sin nada. Él no tenía un patrimonio que ofrecer ni proyectos de vida….todo lo fuimos construyendo en pareja. Esa casa y los demás bienes, nos costaron a ambos muchos sacrificios, carencias y limitaciones de todo tipo, sobre todo a mí, que era la que “no necesitaba nada más”, pues mi trabajo era el típico de cualquier ama de casa (sí, ese que todos los machos describen como “no hace nada; se la pasa en la casa”).

En cambio, según sus conceptos, él sí se esforzaba diariamente, pues era quien tenía que salir a trabajar con el “sudor de su frente”. Sin embargo, convenientemente, él “olvidó” varios detalles, como que yo tuve que abandonar mi trabajo, justo cuando íbamos a casarnos, dejando a un lado mi profesión y mi crecimiento profesional para dedicarme en cuerpo y alma a los sueños que él tenía, a motivarlo, a apoyarlo y a otorgarle una estabilidad emocional necesaria para su superación, lo que traería consigo, la superación familiar.

Bajo esta perspectiva, los sacrificios que “teníamos” que hacer para consolidar el patrimonio, no afectaban sus proyectos: sus cursos, sus clases de idiomas, sus viajes de trabajo al extranjero (los que “tenía que hacer” con días de anticipación para poder “aclimatarse” y para aprovechar para conocer un poco los lugares a los que iba, tomando fotografías que me mostraba cuando él regresaba). Cuando había que visitar a la hija que estudiaba en el extranjero, ¿quién creen que tenía que ir?....claro, él debía viajar para asegurarse (mejor que yo misma) que todo iba bien. …todo continuó para él, pues se veía "obligado" a mejorar su calidad de vida por el bien de la familia.  Yo nunca fui requerida. Mi participación se limitaba a organizar,   preparar y callar y, sobre todo, a disfrutar de lejos "nuestro progreso  familiar".

Es por nosotros. Si me supero yo, nos irá bien a todos”, decía generosamente el sujeto más honesto del planeta. Mientras ilusamente yo pensaba: "¡Qué lindo!. Los sacrificios que  hace al viajar, al conocer y al comprarse  cosas (claro, a costa mía),   son por mi".

Por el contrario, como mis funciones se reducían a “no hacer nada” en la casa, yo no requería ninguna inversión, premio o motivación alguna, pues mi “esfuerzo” era inocuo e intrascendente, como cualquier ama de casa. “Tú no necesitas nada, tienes todo aquí”, decía el magnánimo ser, refiriéndose al techo, a un “plato de sopa” y, supongo, que al aire que respiraba. Pero nada de eso era gratis, a cambio tuve que abandonar mis sueños, mis gustos, invertir mi tiempo en terceros, alejarme de amistades, postergar clases y hasta oficios manuales, dar cuentas y explicaciones de todo, así como conformarme con mirar fotografías de lugares y reuniones donde yo siempre estaba ausente, y limitarme observar desde lejos el crecimiento personal y profesional de los demás integrantes de la familia, autoconvenciéndome de que la felicidad de los demás era lo único que importaba, yo era lo de menos.

Sí, el precio por vivir en NUESTRA casa, era el de volverme una mujer INVISIBLE, sin decisión y sin voz. Siempre accedí gustosa a todas sus peticiones, sugerencias, caprichos y controles.




Esa mañana de domingo, tras la discusión y una vez expulsada de mi propia casa, no tuve opción, Mi estado anímico era terrible: miedo, frustración y confusión invadían mi cuerpo y mi alma. Me sentía completamente indefensa. Me dirigí a una de las habitaciones y tomé mi maleta. La coloqué en el piso y me dispuse a sacar mis pertenencias del closet. Abrí la puerta y comencé a descolgar mi ropa. Nunca fui poseedora de un extenso guardarropa, mucho menos elegante, moderno ni costoso, todo lo contrario, en casi 18 años había acumulado ropa vieja, pues nunca exigí ni abusé de los gastos que él autorizaba.

De la forma más humillante, él se colocó detrás de mí como un policía judicial, con el único fin de fiscalizar las cosas que tomaría para empacar. Comenzó a decidir, como era su costumbre, cuáles cosas personales tenía que llevarme y cuáles, según su nulo criterio, debía dejar. Así, si yo tomaba una blusa, él de inmediato interfería: “No, esa no te la llevas porque yo te la regalé una Navidad”; si se me ocurría intentar llevarme algo del baño, él, amenazante y directo ordenaba: “No, yo lo voy a necesitar”; cuando de forma espontánea me dirigí hacia un cajón donde guardaba una pequeña cámara que él mismo me había “regalado” semanas atrás de uno de sus viajes, se avalanzó con esta reacción: “Esa cámara yo la traje de Nueva York, y aunque te la había regalado, ahora la dejas”…y así fui metiendo y sacando cosas de mi maleta; únicamente tomé lo que él me indicaba y lo que me permitió empacar. Ni siquiera pude sacar papeles personales, de valor sentimental o regalos que mi propia familia me hizo a lo largo de mi vida junto a él. Bueno, se quedó hasta con muebles, ropa, enseres de todo tipo, fotografías, cartas, herencias familiares y recuerdos personales.

Una vez que pude terminar de empacar con las cosas que él me ordenó guardar, me apresuré a salir de ahí, pero no contaba con una más de sus argucias.

Todavía faltaba algo. Él quiso asegurarse de que, efectivamente, yo me quedaría en la calle y él protegido. Y no tardó en expulsar una más de sus “peticiones”: “Tienes que firmarme una hojas en blanco o no saldrás de aquí”. En realidad, por discreción y buen gusto, no pongo las palabras ni las amenazas exactas que él utilizó, pues afectaría a terceras personas que lo creen “honesto”, “bueno”, “responsable” y “justo”. Pero ya se darán cuenta, en carne propia, de lo que ese tipo es capaz de hacer y lo que en realidad es.

Así lo hice. Me forzó, por medio de amenazas y en medio de una situación tensa, a firmar varias hojas en blanco, siempre manteniéndose detrás de mi para observar de cerca cada uno de mis movimientos. Llena de impotencia, de indignación e ignorancia sobre mis derechos, firmé en blanco, exponiéndome a cualquier tipo de uso indebido que él hiciera de ellas. Una vez que se dio por satisfecho al ver cumplidos sus “requisitos de salida”, tuvo la gran amabilidad (cinismo) de escoltarme hasta la salida, tal y como un policía de presidio actúa, cuando sale a dejar a un preso que liberan.

¿Humillante?, ¿denigrante? Si, además de injusto, alevoso, y criminal.



Salí de ahí tan solo con una maleta, cuyo interior era ocupado por ropa vieja, pero también me llevaba grandes dosis de humillación, de marcas profundas por haber sido ultrajada en mis derechos y con mi dignidad herida. Mi integridad emocional estaba rota y pisoteada por un sujeto al que, finalmente, veía como lo que siempre había sido, pero que me negaba a aceptar: Un abusador.

No cabía en mi asombro. El hombre por el que casi daba la vida, me había echado peor que a un perro callejero. La última sorpresa que me llevé aquel día, fue justo cuando me sacó hasta la salida. Un taxi llegó hasta la puerta principal de NUESTRA casa, y cuando estaba a punto de subirme, escuché otra de sus incoherencias: “Dame un beso de despedida”. ¡¡INCONCEBIBLE!!!.

Tal vez pretendía burlarse de mí hasta el final, después de toda una mañana de vejaciones, obligada a salir de aquel lugar y escuchando su última frase de despedida, lo único que consiguió fue provocarme una enorme sensación de asco, de repeler todo lo que tuviera que ver con él y hasta de lástima porque al quitarme la venda de los ojos, pude ver el poco valor que ese ser egoísta y misógino mostraba de forma vil y descarada. No, no accedí a su ridícula y ofensiva petición. Es más, jamás volvería a acercarme a él, pues como hombre nunca había valido la pena.



Una vez afuera, pude cuantificar lo que 20 años valieron junto a él: NADA. Observando el contenido de esa maleta, pude descubrir la vida que había llevado junto a él, siempre llena de controles, de manipulaciones, de exigencias, de limitaciones…y de violencia. Aunque absurdamente, por muchos años creí que eso era la felicidad.

En esta maleta me llevo  lo único que obtuve por casi 20 años de entregarme a un sujeto que no valía la pena desde el principio”, medité en el camino.

Las señales de alerta siempre estuvieron presentes, pero nunca les hice caso. Preferí colocarme una enorme venda en los ojos y callar. Sí, tal vez por comodidad, por estabilidad, por costumbre, por dependencia, por miedo a la incertidumbre y, muy al principio, por amor…pero ese amor fue el mismo que me hundió. Ese sujeto fue matando lentamente, con todo su comportamiento agresivo y chantajsta,  lo que yo sentía por él.

Esos son los recuerdos que mi mente se esfuerza por mantener frescos, y no por cuestiones de rencor, simplemente para no volver a repetir mis errores.

Un camino incierto
Aquel día en que me levanté y reflexioné ante mi maleta sobre mi vida matrimonial y el final de ésta, pensé: “¿Cómo saldré adelante, si él se quedó con todo?”. ¿Acaso era justo que mi esfuerzo, mi entrega, mis sacrificios no sean compensados de la misma forma que a él?, ¿Por qué él tenía el derecho a disfrutar de los frutos de 20 años de matrimonio, de esfuerzos mutuos y yo nada?,  ¿Por qué no se respeta el régimen conyugal por el cual contrajimos matrimonio?, ¿Para qué fregados lo preguntan en el Registro Civil?. En aquel tiempo, él decidió que lo mejor era casarnos bajo el régimen de sociedad conyugal, pero claro, en ese entonces no teníamos absolutamente nada. No había nada que repartir.

Pero ante un inminente divorcio, con un patrimonio que nos costó a ambos, resulta injusto que él, alevosamente, se quedara con todas las ganancias que ambos logramos, solo porque a él se le dio la gana decidirlo de esa forma. ¿Es legal, es delito, es despojo, es robo…o cómo se le llama legalmente?. Porque de forma coloquial puedo llamarlo de mil formas, pero mi intención no es la de ofender a los lectores.

Según el Diccionario RAE, las siguientes palabras se definen así:

DESPOJAR:  Privar a alguien de lo que goza y tiene, desposeerle de ello con violencia.
Y ya sabemos que la violencia no solo se refiere a golpes, sino a humillaciones, amenazas y afectaciones sobre la dignidad e integridad emocional que se ejerza en contra de una persona.

ROBAR:  Quitar o tomar para sí con violencia o con fuerza lo ajeno.

ALEVOSÍA:  Cautela para asegurar la comisión de un delito contra las personas, sin riesgo para el delincuente. Es circunstancia agravante de la responsabilidad criminal. Traición.
Desde el día en que aquel sujeto me corrió, estuve casi 10 meses sin saber qué hacer. Solo tenía la compañía de mi maleta y la de mi familia cercana. Porque debo reconocer que ante una ruptura sentimental en una pareja, también se dan otro tipo de circunstancias adversas, como el abandono de la gente que uno creía leal.

Durante esos meses de confusión, pude también conocer el verdadero valor de las personas que me rodeaban. Algunas que fueron muy queridas en algún momento, pero se alejaron por diversos motivos: miedo, egoísmo, comodidad, inconsciencia, deslealtad, ingratitud y carencia de empatía y comprensión. Aprendí que de este tipo de personas lo mejor es desprenderse definitivamente; por el contrario, descubrí que había quienes tenían muy arraigados los conceptos de amor, lealtad y agradecimiento, y decidieron quedarse a mi lado; y otras más aparecieron para demostrar que cuando se tiene verdadero corazón, las circunstancias son lo de menos.

Mi psicóloga me dijo alguna vez: “Quien quiera estar contigo, con tus errores o sin ellos, lo estará sin que se lo pidas. El que no lo desee, no lo hará. Pero tú nunca más debes volver a humillarte ni dar explicaciones a nadie de lo que haces o dejas de hacer. Es tu vida y cada quien tiene la suya”. Esas palabras han gobernado mi vida hasta hoy.

Pero mi pregunta seguía siendo: ¿Por qué lo permití?. Y fue precisamente este cuestionamiento el que me impulsó a comenzar a escribir mis sentimientos, mis emociones y mi experiencia, a través de dos blogs que bauticé como: MUJER SIN CADENAS Y CRISÁLIDA, UNA ESPERANZA PERENNE...

Poco a poco, al transcribir mis ideas en el teclado, fui entendiendo que mi actitud de “buena esposa y madre” fue la misma que me hundió. En mi afán de imitar  estereotipos establecidos, solo conseguí dañarme a mi misma. Tardé en reaccionar, pero una vez que lo hice, me dediqué a investigar temas que me ayudaran a entender mi situación. Fue así como fui informándome poco a poco sobre temas de violencia contra las mujeres. Investigué y profundicé en cada artículo, en cada ley, en cada noticia.

Descubrí con horror las miles de veces que me identificaba con cada concepto de abuso emocional, verbal, psicológico y económico. Me enfrenté a duros cuestionarios de violencia, maltrato y codependencia, donde la mayoría de las respuestas eran “SÏ” a todos los incisos. Supe que existían leyes, tratados e instituciones que trabajaban en pro de los derechos de las mujeres, los cuales, yo ignoraba que existían….Y pude darme cuenta que viví 20 años en una relación destructiva, pero que no debían tirarse a la basura como el misógino aquel pretendía. Reconocí que sufrí maltrato en varias formas, y fue porque yo lo permití. Finalmente, admití que era una mujer maltratada, no recientemente, sino desde el inicio de mi relación con ese sujeto.
Contando con toda esa información que acumulé, decidí emprender dos luchas:

1) La de un divorcio justo, equitativo y legal
Ha pasado casi año y medio desde que ejercí mi derecho a una separación  justa, y continuo en medio de una interminable batalla legal, tediosa, lenta y abrumante para conseguir mi ansiado divorcio, pero anteponiendo mi firme convicción de que NUNCA MÁS, nadie, ni siquiera el sujeto que me despojó de todo, volvería a pisotear mis derechos y mi dignidad.

Actualmente paso mucho tiempo entre abogados, en juzgados, audiencias, expedientes de cientos y cientos de fojas, apelaciones, declaraciones incómodas, enfrentamientos legales, citas, pleitos y demás….con la finalidad de hacer respetar mis derechos. Él se niega a reconocer que los tengo e insiste en no firmar el divorcio si no se queda con todo….¿acaso pretende que siga atada a él de forma eterna?, ¿Qué será mayor, su sed de venganza, sus atributos misóginos o su incomparable avaricia?

¿Lograré la anhelada libertad defendiendo mis derechos? No lo sé, ignoro si la ley me otorgará algo de justicia, pero de algo estoy segura, esta prueba de resistencia no terminará en una forma de resignación.

2) La de contribuir en la lucha contra  la violencia de género, difundiendo información,  promoviendo los derechos de las mujeres, así como una  cultura de equidad y de denuncia.  ¡ROMPER EL SILENCIO!

Así nacieron mis blogs. Comencé a relatar mi propia historia, sin nombres ni lugares, solo compartiendo mi experiencia como mujer al lado de un sujeto controlador, y complementando dicha narración con información documentada sobre todo lo referente a la violencia contra las mujeres. ¡Yo no era la única que pasaba por situaciones vergonzosas y humillantes!. Había mujeres en peores circunstancias que yo: con golpes, violadas, mutiladas, con hijos secuestrados por sus propios padres, miles de muertas a manos de sus parejas, sin mencionar a las miles de mujeres que padecen enfermedades causadas por la violencia emocional y psicológica que ejercen sobre ellas sus propias parejas.

Esta es la razón por la que decidí escribir y compartir un breve fragmento de mi historia, el episodio que marcó la gran diferencia entre mi vida de maltratada a la que hoy intento vivir: una  renovada vida y libre de violencia.

Por supuesto que no espero solucionar un problema de dimensiones tan elevadas y trascendentales como lo es la violencia contra las mujeres, ni proponer propuestas mágicas, ni aportar nada nuevo a las mujeres que todavía viven sometidas en el calvario de la autodestrucción ni tampoco dar consejos sobre cómo dejar de serlo. Tampoco deseo aparecer como la “buena” de la película ni espero que piensen que mi fortaleza y asertividad son incomparables. Lo único que pretendo es compartir algo de mí, de mis vivencias a través de cada artículo que escribo, con la idea de sumarme al grupo de mujeres maltratadas que decidieron romper el círculo de violencia y, principalmente, el silencio. No olvidemos que cualquier mujer, al ser víctima de la violencia en cualquiera de sus expresiones, afecta su vida de forma negativa y perjudicial.

Logros:

A lo largo de este año,  mis blogs han ido creciendo; inceíblemente para mí, reciben cientos de visitas diariamente de varias partes del mundo. Con el tiempo he tratado de mejorarlos, actualizarlos y complementarlos con multiples recursos para ayudar a esas mujeres que, como yo, no saben a donde acudir.

Emprendí un viaje sin regreso: luchar, desde la trichera que sea, en pro del sexo femenino.

Los logros han sido inmejorables. Los correos que recibo, las bendiciones que me envían, la humilde ayuda u orientación que pueda prestarles a las mujeres que me solicitan cierta información, las motivaciones que constantemente recibo de las lectoras y lectores, las suscripciones que amablemente se registran con el fin de recibir los boletines, las historias que me comparten y el gran cariño que percibo desde lugares muy lejanos a través de lindas palabras, no los cambio por nada.

Otro de los grandes logros es el reconocimiento que recibí por parte del Instituto Municipal de las Mujeres de Guadalajara en el mes de Septiembre. Fue una noticia sorpresiva, inesperada e inmerecida, pues fue gracias a un artículo que escribí y que ni siquiera postulé para dicho concurso (Grettel, una vida marcada por la misoginia). La gente que lo leyó, la sociedad y personas de varias regiones del país fueron quienes hicieron el honor de postularme en una convocatoria y donde, afortunafamente, obtuve el 2o, lugar del Premio Anual Mujer y Publicidad 2011: Por una cultura de equidad en los medios de comunicación.

Hoy puedo decir que tengo una nueva vida, la luz de nuevos proyectos y una gran capacidad de resurgir ante las adversidades.

No crean que todo es dicha y felicidad. Por increible y absurdo que parezca, el éxito de estos blogs de labor altruista (y lo aclaro por lo que a continuación comentaré), ha afectado los intereses de otros…Sí, del mismo y eterno abusador del que hablé al principio.

Mi vida en los juzgados no se debe tan solo al proceso de un divorcio que debería ser sencillo y rápido si la contraparte demostrara algo de responsabilidad y hombría. Como cualquier otro maltratador, ha evitado a toda costa que su servidora progrese de la forma que sea. Evade sus obligaciones y encima de todo, ha calumniado y presentado de forma legal una queja para que dichos blogs, que tanta aceptación han adquirido entre el publico virtual, desparezcan cuanto antes.

El expediente referente al tema de mis blogs es uno más de los varios que llenan el estante del juzgado donde se lleva a cabo el juicio de divorcio (¿qué tiene que ver mi trabajo altruista con el proceso de separación?). Tiene que ver con la forma de seguir ejerciendo violencia contra una mujer que pretende exigir sus derechos; él hace todo lo posible por marginarme y obstaculizar cualquier proyecto, especialmente, estos blogs. Intenta desprestigiarlos a toda costa, con el único fin de perjudicarme.

No, no es justo, pues la libertad de expresipon y el acceso a la información, son dos derechos esenciales que cualquier habitante de este país puede y debe ejercer y,  por supuesto, también son derechos de las mujeres.

Cualquier mujer,  profesionista o no, de la edad que sea...puede ser víctima de maltrato. Si después de leer mi relato, alguien  logra  identificarse con algunas características descritas párrafos arriba y se encuentra viviendo una situación semejante,  créanlo, lo último que le diría es: “¡¿Por qué lo permites?!"  Para  una mujer con algunos recursos y herramientas, dejar en el pasado este tema y comenzar a superarlo es sumamente difícil, seguramente, para una mujer con menos recursos, sin apoyo familiar y, muchas veces, en estado de indefensión, es aún más complejo.






DENUNCIA: 
Existen autoridades, abogados de oficio, instituciones y centros de ayuda a víctimas de violencia. Infórmate, pregunta, investiga, habla…¡NO te calles!!


PREPÁRATE: 
Podrás encontrarte con gente que te ignore, se burle de ti o no te crea, pero también encontrarás a esa persona que te abra la puerta y te diga: “¡No estás sola!” 


No dudes y no tardes en decidirte. ¡ACTÚA!







LECTORAS Y LECTORES:

Una mujer después de someter su vida a los controles y caprichos de su pareja, suele tomar mucho tiempo para poder recuperarse, recobrar su identidad y mejorar su calidad de vida…y he sabido por medio de sus correos, que muchas lo han logrado!!

Muchas gracias por su apoyo virtual, su empatía y por la fortaleza de cada una de ustedes, las mujeres.

A los hombres que también me han hecho el honor de leerme y suscribirse, mi especial agradecimiento y reconocimiento por demostrar comprensión hacia la situación de las mujeres y tener el valor suficiente para intentar el cambio de actitud, la eliminación del machismo y de los estereotipos y el apoyo para lograr la equidad de género, cosas tan ansiadas y requerida por el mundo entero.



3 comentarios:

  1. Hola, felicidades, y gracias por compartirnos esa parte de ti, que al igual que a ti cuando buscaste investigaste y decididste salir adelante nos ayuda a nosotras a hacerlo, no te imaginas la voluntad y desicion que me han dejado todos ya cada uno de los articulos que en tus blogs leo, es una bendicion para mi y estoy segura que para muchas poder leerte, yo aun sigo ahi porque sigo sin tomar la rienda y decidir irme sigo ahi pero esta vez fuerte y con desicion de hacer mi vida lejos de un lugar donde no soy yo.. Gracias y que Dios te Bendiga

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  2. Soy una mujer maltratada y he tardado muchos años en siquiera darme cuenta de que lo soy, espero algun dia tener la fuerza para liberarme, pero cuando una mujer es maltratada parece tener un letrero en la frente que atrae a futuros maltratadores y cada vez es peor. No, no se porque lo permito creo que estoy enferma desde la infancia pues en mi familia tambien fui maltratada

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  3. Mi Sarita, hija querida y admirada : "Felicidades " por éste primer año de esfuerzos tan reconocidos no sólo por mi que veo tus desvelos y ganas de ayudar a nuestras jóvenes, quienes llenas de dolor y violencia recurren a todas las instancias que les permitan recuperar sus derechos y dignidad, sino por tantas y tantas mujeres que te lo hacen saber. Te auguro muchos más éxitos en todo momento y sigas tan valiente para recuperar todo lo hasta ahora absurdamente perdido, tienes que estar convencida que si existe la justicia.

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