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lunes, 15 de diciembre de 2014

México se convulsiona en medio de la violencia y la condición de las mujeres empeora ante la indolencia del Estado




Lo que sucede hoy en México es la acumulación de muchas cosas de años atrás, entre ellas, los miles de desaparecidos -las cifras oficiales son de 20 mil- en los últimos 8 años en el país, así como el incontable número de asesinados, la mayoría sin nombres pero todos con una historia y con familias que quedan a la espera de respuestas.

A todo lo largo y ancho de México vemos con preocupación muertos y a ciento y cientos de víctimas de la delincuencia, en la que incluso se ven involucradas algunas autoridades.

El caso más emblemático de lo que ocurre, son los 43 jóvenes normalistas de Ayotzinapa y los muertos de Tlatlaya. Dichos sucesos han destapado una cloaca que desde hace algún tiempo ya destilaba un olor pestilente,  pero que muchos se han negado a reconocer y, por ende, a dar solucionar efectivas. Por el contrario,  luchan por distorsionar y por dar una imagen irreal del país a través de frases hechas, mentiras y falsos alardes. 

Para quienes vivimos y quienes no viven en México (y reciben noticias a través de los medios de comunicación, familiares o amigos) sabemos que la realidad es otra: Fosas, quemados, descuartizados, asesinados a quemarropa, secuestrados, desaparecidos, disturbios, homicidios, asaltos, violaciones a derechos humanos, asesinatos de periodistas, desapariciones forzadas, feminicidios, tortura, abuso de autoridad, criminalización de la protesta, persecución, hostigamiento a defensores de derechos humanos, trata de personas, ejecuciones extrajudiciales y una gama de delitos que laceran la sociedad, son algunas de las aberrantes cosas que se han vuelto el pan de cada día y que, aunque muchos grupos de poder se esfuerzan por hacer parecer como casos aislados, en realidad son motivo de atención urgente, incluyendo la atención de organismos de defensa de derechos humanos internacionales. 

Sí, tristemente la violencia nos ha puesto ante los ojos del mundo, pero no para bien. Hace unos días, el representante del Alto Comisionado de la ONU en México, Javier Hernández Valencia, ha denunciado que el país vive "formas inauditas de violencia" ante la "falta de implementación de leyes y de rendición de cuentas de las autoridades" y los "escasos avances en la lucha contra la impunidad". Esta situación genera las condiciones para que se produzcan violaciones a los Derechos Humanos y hechos violentos en México. Asimismo, ha explicado que el crimen organizado "no se limita y se construye únicamente sobre el comercio de drogas", sino que se fundamenta "sobre una serie de procesos de corrupción de autoridades, de infiltración y control territorial". Advierte de que las fuerzas del orden también cometen "excesos" y denuncia su responsabilidad en una parte de las 22.000 personas desaparecidas en los últimos años en México, aunque indica que no podría precisar el porcentaje con exactitud.

Y es que los asesinatos son tantos ya, que las cifras se pierden entre conteos ciudadanos, registros públicos, denuncias civiles, estadísticas gubernamentales y demás contadores de muertes y desapariciones en México. Pero aún dentro de este abismo de violencia cotidiana, no debemos olvidar la condición de uno de los grupos más vulnerados y excluídos a través de la historia (en este caso, de México):  las mujeres...

Hay que resaltar que ni un muerto vale más que otro, ni uno borra la memoria del otro. Sin embargo, los FEMINICIDIOS se encuentran entre las muertes olvidadas. Hay quienes aún creen que la masacre de mujeres es asunto pasional o que son causa de la misma violencia que se vive en el país. Y no es así. Este problema social se ha recrudecido por ignorar que la violencia de género es un fenómeno terrible que implica la denigración de ser mujer. Las muertas por feminicidios son mutiladas en sus genitales, violadas, y humilladas en su condición de féminas. Por tanto, se trata de la mayor manifestación de odio hacia el nuestro género.

Violencia contra las mujeres a todo lo que da
La violencia de género es una práctica social ampliamente extendida en México, ya que 63 por ciento de mujeres de 15 años y más ha experimentado al menos un acto de este tipo y en la mayoría de los casos el agresor es la pareja de la víctima.

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDRH) 2011, los agresores, en la mayoría de los casos, se encuentran en el entorno y relaciones cercanas de las víctimas. Además, los resultados de un estudio de Gabinete y Comunicación Estratégica (GCE) muestran que 41.7 por ciento de los mexicanos percibe a los hombres como los principales responsables de la violencia de género. 

Las Naciones Unidas ha reconocido que la violencia contra las mujeres o de género es un problema de salud pública; una práctica aprendida, consciente y orientada, producto de una organización social, estructurada sobre la base de la desigualdad de género.

El tipo de violencia que más comúnmente se denunciaba era la física y sexual. Hoy en día se incluyen otras modalidades y otros tipos de violencia que, en conjunto, expresan la situación de vulnerabilidad de las mujeres.

En México se cuenta con la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia desde diciembre de 2006, la cual obliga al Estado a mexicano a intervenir de forma directa para evitar la violencia contra las mujeres conforme a los principios de igualdad y no discriminación, sin embargo, aunque se establecen leyes y reglamentos, ninguno se ha aplicado de forma radical, lo que ha permitido que la violencia contra las mujeres (en todos sus tipos) aumente de forma alarmante.

Feminicidios sin control y sin justicia
El “Estudio mundial sobre el homicidio 2013”, hecho por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés), señala que la tasa de feminicidios en el mundo es de 2.7 por cada 100 mil mujeres.


México supera por casi dos puntos esta tasa. Esto representa un grave problema de violencia contra la mujer si se le compara con otros países del mundo. Entre 2007 y 2013 la tasa de feminicidios en México se disparó a 14 mil 955 víctimas, un promedio de 1.9 a 4.4 casos por cada 100 mil mujeres... ¡seis víctimas cada día!.


Guerrero, Chihuahua y el Estado de México concentran la mayor parte de las víctimas (35%), la mitad adolescentes, y una de cada cuatro murió asesinada en la vía pública por arma de fuego.


Los municipios que concentraron la mayor cantidad de homicidios de mujeres en el país en los últimos siete años fueron: Juárez (mil 42), Tijuana (405), Acapulco (404), Chihuahua (360), Ecatepec (310), Monterrey (293), Torreón (230), Culiacán (204), Nezahualcóyotl (166) y la delegación Iztapalapa (161). Juntas, estas 10 poblaciones suman la cuarta parte de las agresiones cometidas contra el género femenino en el país.


Según datos facilitados por el OCNF, entre 2010 y 2013, fueron asesinadas en México 3892 mujeres, y solo 613 casos fueron investigados como feminicidio. Solamente se sentenció al 1.6 % de los encausados. Es decir, otro factor que no abona para erradicar, o por lo menos controlar el feminicidio en México, es la impunidad, un lastre que arrastra todo el sistema judicial del país.

Múltiples asociaciones se han dado a la tarea de pedir a los tres niveles de gobierno que todas las muertes violentas de mujeres sean investigadas como feminicidios, sin embargo muchos estados no cuentan aun con este protocolo o se han negado a tipificar este hecho.

El Observatorio Ciudadano Nacional de Feminicidios (OCNF) acompañado de otras asociaciones, ha solicitado al Sistema Nacional para Prevenir, Atender, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (SNPASEV), que se declare Alerta de Género en por lo menos ocho Estados de México. La SNPASEV y los gobiernos locales han impedido que se apruebe este procedimiento en reiteradas ocasiones.


El OCNF ha declarado que los feminicidios son “delitos de estado” (no asuntos pasionales) pues, hasta la fecha, las autoridades se han negado a reconocer este trágico fenómeno. Además de  negarse a implementar los protocolos para investigar estos casos especiales, aun con las claras muestras de odio hacia el género y las cifras alarmantes; los feminicidios siguen considerándose (en muchos casos) como “homicidios calificados”.

Casi la mitad de los feminicidios que se registraron en México del 2012 al 2013, se han ejercido con una violencia brutal. De ellos el 46 por ciento de las mujeres fueron asesinadas por actos brutales, que implican el uso excesivo de la fuerza física, tales como golpes, estrangulamiento, heridas punzocortantes, quemaduras, asfixias; 16 por ciento de estas mujeres fueron asesinadas por armas de fuego. De 2012 a 2013 un total de 3 mil 892 mujeres fueron asesinadas, pero sólo se abrieron 613 averiguaciones por feminicidio, es decir, el 15.7 por ciento del total de casos registrados. De estas, apenas un 1.6 por ciento derivó en sentencias.

Casos como el de Erika Kassandra, Edith, o Anayeli y que en los últimos días han tomado la atención de la sociedad gracias a las redes sociales, son emblemáticos para demostrar la inseguridad y la vulnerabilidad con la que las mujeres, sobre todo, las jóvenes, deben vivir día con día en este país. Solo esperamos que no queden en la impunidad como la mayoría de los casos.


Y es que de acuerdo con información obtenida, 31 entidades federativas han tipificado al feminicidio como delito. De éstas, 17 han aprobado tipos penales difíciles o imposibles de acreditar, mientras que otras 10 cuentan con tipos penales que podrían facilitar la acreditación del feminicidio, sin embargo, hasta el momento, no lo han hecho de manera efectiva por causas como la dificultad de los operadores de procuración y administración de justicia para comprender las características del feminicidio y prejuicios en contra de las mujeres.

Pero,  ¿qué ha hecho el Estado para prevenir, atender y sancionar estos delitos? En realidad nada, pues si fuera de otra manera, se vería reflejado en una disminución de los casos y, además, en la aplicación de la justicia. No obstante, dentro de los avances que se han hecho en esta histórica cadena de ineptitud e impunidad, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) avaló la creación de los Protocolos de Investigación Ministerial, Policial y Pericial con Perspectiva de Género para el Delito de Feminicidio y para la Violencia Sexual, ya que la misma CIDH señaló como responsable al gobierno mexicano de violar los derechos humanos de las mujeres al no prevenir las agresiones y las muertes de tantas mujeres.

La Declaración de Alerta de Género es una necesidad imperante en el país, ya que se cuenta entre cinco a seis muertas por día con  características de feminicidio, siendo los Estados de Veracruz, Chiapas, Sinaloa, Coahuila,  Chihuahua, Guerrero, Oaxaca  los de mayor incidencia, aunque el Estado de México encabeza la lista con más de 12 muertas cada 24 horas.

Las niñas y las adolescentes no se salvan
México es un país en el que los derechos humanos son violentados sistemáticamente, incluyendo los de las niñas y los niños. Ellos constituyen el grupo de población en mayores condiciones de pobreza y vulnerabilidad; pero también es el grupo que en mayor medida y mayor intensidad sufre de violencia.

Las niñas viven una violencia homicida proporcionalmente mucho mayor que las mujeres adultas;  de acuerdo con las estadísticas sobre defunciones por homicidio del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), entre las niñas menores de un año, los homicidios representan 46.30% del total de los casos registrados en ese grupo de edad. De acuerdo con el INEGI, el incremento de la violencia homicida contra las niñas aumenta conforme va aumentando su edad.  Un factor adicional al de los homicidios que debe tenerse en cuenta como síntesis de las condiciones de violencia y desigualdad que enfrentan las adolescentes es el relativo al incumplimiento de sus derechos sexuales y reproductivos.

Y para rematar, uno de los temas que comienza a abrirse a la investigación en los estudios relativos a la violencia contra las mujeres es el del suicidio; el argumento que han dado diversas especialistas es que muchos de estos eventos tienen como origen la reiterada y sistemática violencia que ejercen los familiares (fundamentalmente padres y hermanos), o la pareja, en contra de las mujeres, principalmente, las adolescentes.




Mujeres y sociedad en general:

La discriminación y la violencia contra las mujeres y las niñas en el país continúa siendo una de las grandes violaciones en materia de derechos humanos.

Delincuentes liberados, crímenes sin castigar... familiares y víctimas que claman justicia y piedad ante su dolor. La impunidad está pudriendo por dentro a México a raíz de la cual se han reiterado los casos de feminicidios, las masacres de inmigrantes, las desapariciones forzadas, entre otras formas de violencia.

La impunidad y el silencio siguen siendo la última respuesta a este tipo de delitos, lo que constituye una ofensa a la humanidad y a la dignidad. . 


La violencia contra las mujeres no es sólo problema de las mujeres, es un problema de la sociedad. Es el problema de derechos humanos más extendido, e impide el camino al desarrollo y a la paz

((()))


Fuentes:



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