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MUJER SIN CADENAS: 2o. lugar Categoría Gráficos del Premio Mujer y Publicidad 2011

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jueves, 21 de junio de 2012

Las mujeres NO somos objetos: ¡ALTO a la Violencia Sexual!




Las violaciones son una realidad mundial. Tanto en los países ricos como en los pobres, pese a las diferencias culturales, religiosas y sociales,  las mujeres siguen consideradas frecuentemente como meros objetos. 

…Sandrine Treiner. 


La violencia sexual es todo acto sexual, la tentativa de consumar un acto sexual, los comentarios o insinuaciones sexuales no deseados, o las acciones para comercializar o utilizar de cualquier otro modo la sexualidad de una persona mediante coacción por otra persona, independientemente de la relación de esta con la víctima, en cualquier ámbito. La violencia sexual incluye la violación, definida como «la penetración forzada físicamente o empleando otros medios de coacción, por más leves que sean, de la vulva o el ano, usando un pene, otras partes corporales o un objeto.» 

Las estimaciones más exactas de la prevalencia de la violencia sexual en entornos sin conflictos son las proporcionadas por encuestas poblacionales basadas en el testimonio de las víctimas. 

La violación es, sin ningún género de dudas, la forma más evidente de dominación ejercida, de manera violenta, por los hombres sobre las mujeres. En ella se reflejan los estereotipos que prevalecen aún en la mente del hombre, lo que se conoce como machismo: implica un menosprecio de la mujer considerándola como mero objeto destinado a satisfacer las apetencias sexuales y la convicción de que la mujer debe estar sometida al hombre. No supone considerar a la mujer inferior al hombre en una cuestión de grado sino el considerarla un ser inferior, un ser con el que se pueden cometer todo tipo de excesos. 

La violación es un tipo particular de delito que se caracteriza más por el deseo de demostrar control y la capacidad de someter y humillar, que con una obsesión puramente sexual. 

EFECTOS: 
La violación produce efectos devastadores que van más allá de los causados por la violencia ejercida. Las mujeres violadas pueden caer en profundas depresiones, pudiendo llegar a suicidarse, pueden cambiar su carácter volviéndose más retraídas, caer en el consumo de alcohol o drogas,… El sida o quedar embarazadas de su agresor son también sus posibles consecuencias. O en casos extremos, y cada día más comunes, morir asesinadas por los agresores.


Las mujeres víctimas de la violación sufren una doble agresión, a la del agresor se suma la de la familia y la comunidad. La mujer violada queda estigmatizada por una familia y una sociedad que depositan su honor en su cuerpo. En según que culturas puede ser asesinada por miembros de su propia familia para «lavar su honor» o sufrir su rechazo y el de la comunidad. 

La sociedad en general  y muy especialmente  las autoridades deben encarar el problema y aplicar  las leyes de forma estricta, así como establecer  políticas públicas de largo plazo que aborden los patrones de crianza, la educación y la salud mental. 


Hoy compartiré tres casos que han salido a la luz pública en tres países latinoamericanos diferentes: México, Guatemala y Colombia.  Tres mujeres que fueron víctimas de sujetos criminales que ejercieron una de las peores formas de violencia para someterlas salvajemente. Lamentablemente, dos de ellas pagaron con su vida las atrocidades que padecieron. 


JUSTICIA  es la palabra que las une, es el factor que debe prevalecer en cada una de las agresiones que miles de mujeres sufren diariamente en todo el planeta. La impunidad que impera en la mayoría de los países facilita  que los criminales sean capaces de acumular cualquier tipo de ataques antes de que las autoridades reaccionen. Los sistemas de justicia son deficientes y  vulnerables, lo que genera que sean  pocas las víctimas las que se atrevan a denunciar, pues saben que además de ser revictimizadas en la mayoría de los casos, sus agresores nunca serán castigados como realmente se merecen...

MÉXICO: 
En 10 años, las violaciones sexuales contra las mexicanas aumentaron a pesar de la implementación de políticas públicas y reformas legales para abatir ese flagelo. 

Una investigación elaborada por la Comisión Especial de Feminicidio de la Cámara de Diputados y ONU Mujeres advierte que en los altos niveles de violencia que se registran en México se presenta “un fenómeno particularmente perturbador en la prevalencia de violaciones sexuales”. 


Es imposible conocer el número exacto de violaciones que ocurren anualmente en el país, pues existe un gran número de ellas que no son denunciadas, es decir, hay una “cifra negra”. No obstante, con datos del 2009 del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, se estima que al año se registran casi 15 mil denuncias de violaciones sexuales ante el Ministerio Público. 



La incidencia de las violaciones sexuales tiene “niveles extremadamente altos”, y lo que es “peor”, creciente.   



Otras fuentes, como la Secretaría de Salud (Ss), estiman que en el país una mujer es violada cada cuatro minutos, es decir, que se cometen alrededor de 120 mil violaciones al año.  De estos delitos, 65 por ciento se cometen contra mujeres de entre 10 y 20 años de edad, cuyos agresores pertenecen –en 70 por cierto de los casos– a su entorno social y familiar.


Mitzi fue desde niña una persona llena alegría y principios, mismos que la llevaron a tomar grandes decisiones: una de ellas saltar del taxi en el que se trasladaba a su hogar para evitar ser víctima de una violación. 


Su integridad como mujer fue siempre una virtud que cuidó a capa y espada, por lo que sus familiares la recuerdan orgullosos de saber que hasta el último día de su vida hizo lo que creyó correcto. 



Fue el 22 de mayo de 1987 en León, Guanajuato que sus papás José Luis Ruiz Garnica y Lourdes Mayela Delgado de la Peña la recibieron entre sus brazos, convirtiéndose en la hermana de Lourdes Mayela y María José Ruiz Delgado. 



Mitzi fue estudiante hasta bachillerato del Instituto América, lugar en el que desde entonces ganó popularidad por ser una joven sociable, alegre, justa y dispuesta a luchar por sus sueños. 



Sus valores y principios fueron enseñanzas que también heredó de sus abuelitos Luis Ruiz Ajo (f), Magdalena Garnica Tamayo y Mercedes de la Peña Vázquez (f). 



Mitzi egresó de la licenciatura de Capital Humano en la Universidad De La Salle Bajío y de inmediato obtuvo experiencia en varios trabajos hasta el último en el Instituto Mexicano de Ortodoncia, en el que llevaba cuatro meses laborando. 



Ella fue siempre una chica de carácter noble y defensora de los derechos propios y de los demás, platicadora y entusiasta, llena de sueños y planes que se truncaron a su corta edad. 



Las cosas más simples y cotidianas eras las que le gustaban, disfrutaba por igual leer, escribir, comer en familia e ir a misa; cocinar, pasear por las plazas del Centro y tomar una nieve, caminar por la playa, sentir en sus pies la arena del mar. 



Con las amigas le gustaba ir al cine, tomar café, nadar en el club y convivir con los hijos de algunas de ellas, pues también tenía el deseo de convertirse en mamá y formar su propia familia. 



Mitzi salió el sábado 2 de junio con sus amigos a festejar un cumpleaños en un antro. Alrededor de las 2 de la mañana, Mitzi se despidió y afuera del local abordó el taxi que encabezaba la fila, el cual la llevaría a su casa. 



Sin embargo, horas más tarde un grupo de personas la encontró malherida en la calle y le sugirieron llevarla al hospital, pero ella pidió ir a su casa, pues temía que el taxista dañara a su familia, ya que su bolsa, con sus identificaciones, se había quedado en el vehículo. 



Mitzi les contó a sus familiares que desde que abordó al taxi notó al conductor ansioso y que con frecuencia la veía a través del espejo retrovisor, mientras tarareaba canciones con temática sexual, después le lanzó insultos y la amenazó con un cuchillo, por lo que abrió la puerta y aunque el chofer aceleró, ella saltó. 



Dijo a sus familiares que los conductores la ignoraban a pesar de sus heridas, hasta que unos jóvenes la auxiliaron y fueron quienes la acompañaron a su domicilio. 



Los familiares de Mitzi la trasladaron al hospital Aranda de la Parra, donde, según declaraciones de su madre, a la joven le diagnosticaron fractura de pelvis y fue dada de alta el lunes por la tarde. Ya en su casa, Mitzi recibió la visita de sus amigos. Pero los siguientes tres días el dolor de la joven no cesaba; el viernes su papá la llevó al hospital pero en el camino ella se desvaneció. 



Al llegar al Aranda de la Parra fue trasladada a una habitación, donde permaneció. Sin embargo, el viernes el estado de salud de la joven se agravó. Una persona cercana a ella afirmó que murió alrededor de las 7 de la noche. La necropsia que le practicaron estableció que murió a causa de un coágulo en el pulmón izquierdo. 



Ese cuágulo nunca lo vieron, fue revisada por el médico del Aranda de la Parra pero sólo por la lesión en la cadera y no en todo el cuerpo, como debía de ser.  Está claro que hubo una negligencia médica”, dijo la mamá de Mitzi. 



El subprocurador de Justicia para la región de León, Manuel Ángel Hernández Hernández, confirmó que iniciaron las investigaciones para deslindar responsabilidades. 



La señora Delgado de la Peña pasó los últimos seis días con su hija, mencionó que el dolor nunca dejó de existir, a pesar de eso el médico no realizó los estudios necesarios para identificar las consecuencias del golpe. 



Siempre le dolía la cavidad pélvica, sentía ella que le quemaba y mucho hormigueo, pero más que nada dolor”, mencionó María de Lourdes Mayela. 




Aunado al dolor físico, Mitzi Ruiz Delgado deliraba por el miedo que le ocasionaban los recuerdos, su madre explicó que sentía terror por un segundo ataque. “Ella estaba aterrada por el hombre, me decía “mamá va a venir por mí”, sentía terror por como la había atacado”, comentó. 



Mitzi se atormentaba al pensar en la posibilidad de no quedar bien después de la caída, había investigado en Internet las consecuencias y se diluía la esperanza de tener un hijo como ella lo deseaba. 



Le daba terror como iba a quedar, porque ella tenía una ilusión, el sueño más próximo era de algún día casarse y tener un hijo, ella decía que jamás iba volver a caminar igual, no sé por qué traía eso en la cabeza”, mencionó su madre. 



La madre de la joven Ruiz Delgado también hizo un llamado a los padres de familia a no descuidar a sus hijas y siempre saber en dónde y con quién se encuentran. 



Queremos que la misión de Mitzi en este mundo sirva a otras jóvenes para que se cuiden y los papás, en dónde estamos, no hay que dejarlas solas hay que recogerlas y dedicar un día en ir a recogerlas a la fiesta, siempre hay que saber en donde está nuestra hija”, mencionó la señora María de Lourdes. 



A pesar que sus seres queridos ya no disfrutarán de su compañía, su esencia queda impregnada en el corazón de cada uno de ellos, pues están seguros que sobre todo sus últimos meses de vida, Mitzi los vivió como ella quería. 




Hoy, el consuelo de su recuerdo afectuoso mitiga, en la medida de lo posible, el dolor de todos los que la amaron por el injusto desenlace que tuvo su vida. 



La tragedia que le pasó a Mitzi Ruiz es difícil de plasmar con palabras, es difícil de expresar este sentimiento de rabia, coraje e impotencia que embarga a toda la sociedad. 






GUATEMALA: 
Una de las víctimas, de sólo 24 años, narra uno de los momentos más dramáticos de su vida, la cual cambió radicalmente después de haber sido secuestrada y violada por un grupo al que califica de desalmados. 


En voz de la víctima:

Esto que voy a contar es algo que jamás imaginé que sucedería; nadie está preparado para este tipo de situaciones. Creo que ninguna mujer sale a la calle pensando: “hoy me van a violar”. Uno piensa en algún momento que le pueden robar el celular o que alguien le puede tocar, pero jamás que será secuestrada y que varios hombres van a abusar de uno. Había escuchado de casos, pero jamás imaginé que esto sería tan duro. Marcó mi vida con mi familia, con mi pareja. Estos malditos no saben el daño que causan. A veces encuentro llorando a mis papás, quienes me han dado todo el apoyo posible y a pesar de que estoy en manos de profesionales me esta costando mucho aceptar lo sucedido. 



Yo trabajo en un lugar donde trato con mucha gente; me encanta porque hacía lo que más me gusta. La mayoría de los días después de salir me juntaba con algunos amigos a tomar un café, o con mi pareja para platicar un rato, pero en esa ocasión solo decidí pasar a comprar unas cosas para mi casa y un shampoo para mi mascota. 



Cuando salí observé que mi reloj marcaba las 8 de la noche con diez minutos; pensé que no era tan tarde para comprar lo que necesitaba, me dirigí a un centro comercial con toda la confianza del caso, sin saber que ya era vigilada, porque minutos más tarde cuando veía el jabón para mi perro un hombre se acercó a ver los producto; me pareció raro y lo observé sin saber que el sería uno de los que me llevarían por la fuerza tiempo más tarde. 



Al salir de las compras no pensé ni por un segundo que algo malo sucedería. Yo vivo en una colonia de la zona 11, a pocos minutos del centro comercial donde pasé por mis cosas. En el camino recibí una llamada de un amigo; nos fuimos platicando en el recorrido que me faltaba; al llegar a mi casa bajé a abrir el portón, yo todavía seguía en comunicación con esta persona. Al querer retornar a mi carro para entrar, un hombre me tomó por la fuerza y me dijo: “No hagas nada perra maldita porque si no te morís”. No me dio tiempo de nada, tres tipos más me ingresaron del pelo, como pude levanté la cabeza y me di cuenta que uno de mis agresores era el mismo que se acercó cuando veía los productos de mi perro en el centro comercial, entonces comprendí que ellos me venían controlando. Al entrar al vehículo mi teléfono seguía funcionando, los hombres se percataron de esto y me arrebataron el celular, me empujaron y me pusieron boca abajo en el sillón de atrás, amenazándome con la pistola en la cabeza. 



Después de ser liberada me enteré de que mi amigo escuchó las amenazas que los delincuentes me hicieron, por lo que inmediatamente se comunicó a mi casa y habló a mis papas contándoles que había sido raptada. Mis pobres padres salieron corriendo pero nada podían hacer, hasta cierto punto prefiero que las cosas se dieran de esta forma porque puede que, si ellos presenciaran esto, hubieran muerto por defender a su hija. 



Increíblemente las redes sociales fueron importantes porque en menos de un minuto muchos amigos sabían de lo sucedido y dieron la alerta a las autoridades. Otros salieron en ese momento con el deseo de encontrarme, pero al final de cuentas nada pudieron hacer por evitar el infierno que hasta el momento vivo. 


La pesadilla de aquel día nuevamente pasa frente a mí, cada vez que leo en los periódicos que una banda de violadores fue capturada. Leía con la esperanza de que, tarde o temprano, estos infelices cayeran. Sentí mucho miedo cuando se dio la captura, porque uno de los que estaba en la foto, identificado supuestamente con el nombre de Jorge Alberto García, fue el mismo que se me acercó en el centro comercial donde compraba, minutos antes de ser secuestrada, y fue el que me dijo que me mataría cuando me dejaron abandonada en la Petapa. 


Hasta el momento no puedo decir nada con respecto a qué vamos a hacer, porque mi familia no quiere que diga nada en contra de ellos por temor a represalias. Lo único que deseamos es que, a estos maleantes enfermos, nunca los dejen salir, porque ellos jamás dejaran de hacer estas agresiones. Ellos no saben el daño que me causaron a mi y a mi familia, porque mi vida jamás será la misma. 


En el momento de ser conducida por los hombres temblaba de miedo. Ellos no dejaban de insultarme, y es algo que no entiendo: ¿por qué si saben que tienen la situación bajo control, si saben que una mujer es incapaz de defenderse frente a la fuerza de cuatro hombres, estos animales me golpeaban con brutalidad?. Lo poco que recuerdo es que me pusieron una cinta adhesiva en la boca , y por la forma como conducían creo que me llevaron con dirección a los campos de Cejusa. Allí se detuvieron un rato y me quitaron la ropa a tirones. Ellos se pusieron guantes de látex y siguieron con rumbo desconocido, perdí el sentido de la orientación. A pocas cuadras el primer hombre dijo: “Ahora me toca a mi primero, muchá” y empezó a abusar de mi. Solo le pedí a Dios que esta pesadilla pasara rápido; esto pasaba mientras el carro continuaba su marcha; el polarizado de mi carro, que en un principio me sirvió para resguardarme, ahora estaba en mi contra. La gente de afuera ignoraba lo que sucedía. Yo estaba boca abajo, sujeta de manos y el hombre sobre mi espalda. No me quedaba más que llorar, porque ha sido la única forma que tengo de desahogarme. 


Así se repitió la acción con tres de los cuatro hombres, recorriendo las calles de diferentes lugares de la ciudad y jamás voy a olvidar las palabras que me decían apuntándome con la pistola, amenazándome de muerte al menor intento de auxilio. Me da asco recordar cómo me tocaban. Recuerdo que en un momento el teléfono celular del que manejaba sonó y él contestó; al parecer era su esposa o novia porque él le dijo: “No mi amor, fíjate que solo hago esta carrera y voy por el don que te conté, pero es hasta Villa Nueva. Si puedo te llamo más tarde”. Yo dentro de mi lo maldecía y me preguntaba ¿cómo puede ser que hagan esto si tienen familia? ¿Qué pasaría si le hicieran esto a alguna de sus hijas? Otro de los tipos le dijo: Vos, ya no contestes esa M... no seas mula; entonces el conductor le dijo, muchá, el próximo C... yo voy primas y vos manejas, porque yo hoy no goce nada. 



Pasaron unos minutos y uno de ellos dijo: Metete aquí, mirá que ya nos alcanzó aquel, allí vienen atrás. Era otro carro que siempre nos escoltó, ignoro cuantos hombre más iban en él, por un momento pensé que los que venían en el otro carro se pasarían al mío y ellos también me violarían, pero gracias a Dios no fue así. 



Uno a uno fueron bajando mis agresores, yo no podía hacer nada. Me dolía todo el cuerpo, solo pensaba en morirme y a la vez salir corriendo y bañarme; me sentía sucia. El ultimo hombre que se bajó se acercó y me dijo: “Mirá mi amor, dame el número de pin de tus tarjetas, pero el verdadero, porque si no, como ya conocemos tu casa te vamos a traer otra vez y el colazo será con 6 cuates más”. Me arrancó la cinta de la boca y le di el pin aterrada, luego me dijo: “Espera unos 5 minutos y ya te podés ir, si lo haces antes o decís algo te zampo un tiro por el c...” Escuché cómo subieron al carro y se fueron, entonces como pude me levanté, vi la calle, estaba oscura, busqué mi ropa y me di cuenta de que se llevaron mis prendas interiores los enfermos, también mis papeles, mis tarjetas de crédito mi computadora y mi memoria USB. 



Nadie me socorrió, me puse la ropa, encendí el carro, no sabía donde me encontraba, pero al salir a la luz me di cuenta que estaba en la avenida Petapa, cerca de un conocido centro comercial. Eran las 11 de la noche con 49 minutos. Como pude llegué a mi casa, era un alboroto. Mucha gente estaba ya allí, la policía, amigos y familiares. Horas después llegó el Ministerio Público, que me tomó las declaraciones. 



Las autoridades deben castigar a estos malnacidos, de una forma en la cual jamás vuelvan a cometer estas acciones. No saben el daño que causan en las mujeres. Destruyeron mi vida, no quiero salir a trabajar, todo me da miedo, paso horas llorando y no puedo olvidar cada uno de los segundos que estuve bajo su poder. 



Durante las pesquisas se determinó que 14 víctimas reconocieron a todos los aprehendidos como los responsables de haberlas abusado. 


Sin embargo, se cree que existen más ultrajes que se les podrían atribuir a los detenidos. 



La banda operaba en los alrededores de la calzada Roosevelt, pero se desplazaba a la Aguilar Batres y Atanasio Tzul, la avenida Petapa y después a la colonia Nimajuyú, zona 21, donde tenía su centro de operaciones. 



Se descubrió que la banda ubicaba a sus víctimas potenciales —mujeres— en áreas con mucho movimiento al final de las tardes o fines de semana. 



De acuerdo con investigadores de la Policía, los delincuentes utilizaban dos motocicletas, las cuales fueron encontradas en una de las viviendas allanadas, para “marcar” a sus víctimas. 



Cuando elegían a una mujer la secuestraban y utilizaban las mismas motocicletas para custodiar el carro de la plagiada, la llevaban a cajeros automáticos para retirar dinero y luego la violaban. 






COLOMBIA:
A los 35 años, Rosa Elvira Cely tenía dos grandes motivos para vivir: su hija de 12 años y la terminación de sus estudios de bachillerato. 

El miércoles 23 de mayo, la mujer salió de una casa en el barrio Galerías con el ánimo de pasar por su hija, quien vivía con María, su abuela materna.

Al frente de un colegio en Teusaquillo, madre e hija se despidieron de beso en la mejilla. Rosa miró su reloj y se percató de que llegaría tarde al puesto de dulces y minutos a celular que administraba en la carrera 3a. con calle 49, en el oriente de Bogotá.

A principios de año, Rosa había ingresado al Colegio Técnico Manuela Beltrán, en la avenida Caracas con 57, para cursar décimo grado. Allí, conoció a Giovanny Serrano, de 18 años y uno de sus mejores amigos. "Yo le conseguí el trabajo en el carro de dulces. Es que el dueño es conocido mío", explica Serrano, para referirse a Guillermo Aguilar, quien en marzo pasado contrató a Rosa para que le administrara el negocio por 25.000 pesos diarios.

Ese mismo miércoles, Guillermo notó que a Rosa le pasaba algo. Al interrogarla, le contó que tenía un fuerte espasmo en el estómago "y que lo más posible era que fuera algo del colon".

El joven relata que sobre las 5 de la tarde, Rosa se dirigió a una droguería cercana para comprar una pastilla. "Luego, llamó a la hija para decirle que ya iba a recogerla", agrega Guillermo.

Lo único que guarda el muchacho como recuerdo de su empleada es una galleta Cocosette que le regaló días antes.

El miércoles no terminaba. Rosa llegó al plantel sobre las 6:30 de la tarde. Desconocía que sería la última vez que pisaría ese lugar, su segunda casa, donde era una de las alumnas más queridas. Su sueño era ser psicóloga.

Una joven aseguró que hacía dos meses había ido con Rosa y con otros estudiantes a rumbear a un karaoke de la calle 64 con 16. "Estaba acompañada por un señor que estudia aquí, que tiene moto y arete. Cuando le decíamos que si era el novio, simplemente contestaba que era un amigo", asevera Yurany, quien confirma la versión de la Policía según la cual uno de los asesinos de la vendedora ambulante estudiaba con ella, tenía una moto y usaba un vistoso arete.



A las 10 de la noche, según las autoridades, Rosa salió del centro educativo con dos hombres, que se movilizaban en motocicleta.Su destino: un bar en Chapinero. De acuerdo con información entregada por la Policía, los individuos conducen a Rosa, sobre las 2 o 3 de la mañana, a un paraje cercano al río Arzobispo, en el parque Nacional.

Allí, los motociclistas la violan y le propinan varias puñaladas. Incluso, uno de los sujetos usa su casco para pegarle en la cabeza. Según versiones entregadas por el Hospital Santa Clara, fue sometida a una tortura llamada empalamiento, que consiste en atravesar a la víctima con un palo. Después de cometer el acto, el hombre del arete y su compañero prenden las motos y dejan a Rosa semidesnuda y herida de gravedad.

Consciente de lo que le habían hecho, Rosa tomó su celular y llamó a la línea de emergencias 123. Eran las 4:20 de la mañana del jueves 24 de mayo. El operador de turno, al enterarse de que se trataba de una violación, le traslada el asunto a la Policía. Un teniente se pone en contacto con la víctima. "Escucho el ruido de un río", afirmó la señora. Esa fue la pista que inició su búsqueda.

Sobre las 6 de la mañana, un grupo de bomberos y policías la halló en la ronda del canal Arzobispo. De inmediato, fue transportada en la ambulancia 5038 de la Secretaría de Salud al Hospital Santa Clara, donde ingresó a las 7:52 de esa mañana. El lunes pasado, a la 1 de la tarde, la vida de Rosa se apagó debido a una peritonitis.

La infección intraabdominal vino por destrucción de sus intestinos; a Rosa le introdujeron un objeto por el ano, posiblemente una rama, que acabó además con su útero y sus trompas de Falopio. En sus intestinos se encontraron rastros de barro, hierba y de madera.

Rosa estuvo marcada por tragedias familiares. Sara, una de sus más cercanas amigas, dice que nunca se pudo reponer a la muerte de su hermano Diego, asesinado en el 2005. "Algunas veces, su propia madre la maltrató", asegura Sara, quien cuenta que Rosa afrontaba una difícil situación económica y el dolor de vivir separada de su hija. El viernes, sus compañeros de colegio organizaron un acto simbólico para que la muerte de esta colombiana no quede en la impunidad. 

Las llamadas
Tras el contacto que hizo Rosa con la línea 123, un teniente de la Policía de Chapinero llamó a la víctima al celular. Esta es la reconstrucción del diálogo, según el relato del oficial:

5:10 a.m.: Rosa contesta: "Auxilio, auxilio... me estoy muriendo". El policía le dice que la están buscando. Rosa afirma que no se puede mover y cuelga.

5:15 a.m.: El teniente vuelve a marcarle y le pide que lo deje oír el ambiente, para tratar de identificar el lugar. La mujer cuelga.

5:25 a.m.: El policía llama de nuevo. Rosa le dice: "Hay un barranco, veo muchos árboles". El teniente le pregunta si hay agua cerca. "Sí, sí, veo agua", responde ella. Con base en lo que ella le ha contado sobre los últimos sitios conocidos que vio, el hombre deduce que es el río Arzobispo.

5:45 a.m.: El teniente intenta que la víctima siga hablando. "No, yo me estoy muriendo", dice Rosa. Cinco minutos después, es hallada por un patrullero.

Críticas a los servicios de urgencia
La actuación de los servicios de emergencia ha suscitado polémica ya que, según la Policía, la ambulancia llegó a recoger a la víctima 35 minutos después de la llamada al 123, y además la llevó al hospital Santa Clara, a 15 minutos del Parque, cuando hay otros tres centros asistenciales más cerca. El director del Centro Regulador de Urgencias (Crue), Alexánder Paz, indicó que el primer llamado fue cancelado por la misma Policía, porque las autoridades no habían hallado a la víctima, y explicó que Rosa fue llevada al Santa Clara porque no tenía seguridad social y ese centro asistencial es de tercer nivel.

El violador asesino
A la cárcel La Modelo de Bogotá fue enviado Javier Velasco Valenzuela, el hombre capturado por la Policía como el presunto autor de la violación y el asesinato de Rosa Elvira Cely. Velasco ya había sido condenado a tres años de cárcel por un homicidio y tiene otras dos denuncias por abuso sexual, una de ellas contra su propia hija de 11 años.

Así lo confirmó el general Roberto León Riaño, director designado de la Policía, quien también reveló detalles de la operación que permitió su detención la noche del viernes, en el sector de Galerías, en el noroccidente de Bogotá. La captura de este hombre, dijo el oficial, "fue una respuesta al clamor de las mujeres para que el crimen no quede en la impunidad".

A Velasco, de 44 años, se llegó por la información que suministró la víctima antes de morir. Rosa Elvira dio pistas sobre la identidad de su agresor a los paramédicos que la atendieron mientras la conducían al hospital de Santa Clara.

Este testimonio y el de compañeros de estudio de la víctima fueron claves para ubicar a Velasco. Al momento de la captura, éste no mostró ninguna señal de sorpresa, lo cual, según Riaño, evidencia "su sangre fría".

El detenido fue presentado ante un juez de control de garantías para legalizar su captura. La Fiscalía le imputó cargos por tortura, homicidio agravado y acceso carnal violento -los cuales no fueron aceptados por el presunto agresor- y le dictó medida de aseguramiento.

Las autoridades también allanaron la vivienda de Velasco, donde hallaron varios elementos, entre ellos un reloj, que sería de la víctima.

En la audiencia, celebrada en los juzgados de Paloquemao, el fiscal leyó también una carta encontrada en el allanamiento, que al parecer tenía como destinataria a Rosa Elvira, y en la que Velasco pide perdón, pide la ayuda de Dios y le dice a la víctima que es "su amor eterno".

Según la Fiscalía, en la zona donde ocurrió la violación se hallaron evidencias biológicas que demostrarían que Velasco estuvo en ese lugar. Las autoridades trabajan en la expedición de una orden de captura contra Esmer Mauricio Ariza Rojas, el otro hombre vinculado a la investigación.

De este último se sabe que departió con la víctima y con Velasco, pero que se fue del establecimiento donde se encontraban, en Chapinero, antes de que Rosa abandonara el lugar en compañía de Velasco.

El abogado de Javier Velasco dijo en la audiencia que los actos cometidos por su defendido no fueron premeditados, que no hubo intención de cometer homicidio y que la muerte de Rosa Elvira se produjo por la demora en encontrarla.











MUJER:


Las desigualdades entre el hombre y la mujer están muy arraigadas en las sociedades. Las mujeres NO tienen acceso a un trabajo decente, se enfrentan a la segregación ocupacional y sufren diferencias por su sexo. A veces también se les niega el acceso a la educación básica y a los servicios de salud y, en todas las regiones del mundo, son víctimas de la violencia y la discriminación.  



Es común escuchar que la violencia sexual se produce porque la mujer provocó que se le atacara, por su forma de vestir o por comportarse de determinada manera. También se suele decir que "estas cosas" no suceden si no se les busca (caminando solas por determinados lugares y a ciertas horas, por ejemplo).  La violencia sexual es el único delito donde se pone en juicio la vida privada de la víctima,  en su comportamiento, en su sexualidad, en su forma de ser...lo que genera la revictimización de las mujeres violadas. Sin embargo, son los mitos que enfatizan la virilidad masculina y la castidad femenina, los que  inculcan en el hombre actitudes depredadoras y conciben a la mujer como un objeto. 


Las mujeres estamos mal representadas en los Gobiernos y, en general,  no tenemos acceso a la justicia, lo que ha permitido que sigan incrementándose todos los tipos de violencia contra nosotras.  

Es urgente y necesario combatir la impunidad, pero además, hay que luchar por prevenir estos crímenes que se cometen contra las mujeres de todo el planeta,  a fin de que puedan evitarse este tipo de delitos, así como prestar asistencia inmediata y eficiente a las victimas de violaciones sexuales.


Fuentes: 








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