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martes, 25 de febrero de 2014

¡TÓMALO EN CUENTA!: La importancia de tener un buen Abogado durante el proceso de divorcio




El Abogado no  debe brillar solo por su acopio de conocimientos, sino por la rectitud de su conducta

¿Estás pensando en divorciarte o, en todo caso,  te encuentras atravesando por un proceso para dar fin al vínculo matrimonial? Si es así, seguramente te inundarán miles de preguntas y temores: ¿Qué va a pasar?, ¿Cómo sacaré adelante a mis hijos?, ¿...y si no quiere darme nada para la manutención de los niños? ¿Quién se quedará con la casa?, ¿Qué haré si no consigo trabajo para pagar los gastos que se avecinan?... Obtener un divorcio puede ser un proceso difícil de manejar, tanto a nivel emocional como legal. No obstante, hoy en día,  el número de divorcios ha aumentado considerablemente. 

Si tú te encuentras en una situación así, toma las cosas con calma, analiza tu situación y piensa: ¿Será recomendable buscar la asesoría de un abogado de divorcio con la intención de lograr una separación justa, apegada a la ley y sin vulnerar los derechos de los involucrados, incluyendo los derechos de los hijos? 

En posts anteriores hemos tocado el tema del divorcio desde diferentes perspectivas, y en esta ocasión explicaremos las razones por las cuales es importante contar con la asesoría de un abogado, ya que afortunadamente se cuenta con un área especializada dentro de la ley que se ocupa de los problemas de la familia, entre ellos, el divorcio, por lo que hay un gran número de abogados especializados en este ámbito y quienes están calificados para brindar asesoría y acompañamiento a las partes involucradas y que tienen, entre otras funciones, la de resolver las dudas y los obstáculos que vayan apareciendo durante el proceso. Ellos trabajan con todo tipo de problemas de la familia, como el divorcio, acuerdos financieros, pensión, sustracción de menores, acuerdos, custodia,  violencia doméstica y otros problemas similares. Cada divorcio tiene sus propias características y el abogado tiene una misión fundamental: analizar a fondo todos los aspectos y detalles.

Por lo general, suele pensarse que la intervención de un abogado para la resolución de algún conflicto es casi siempre  innecesaria, complicada, riesgosa y muy costosa (cuántas veces hemos escuchado historias muy lamentables sobre casos de personas que han contratado los servicios de ciertos "abogados" y que debido a su pésima actuación solo desprestigian su profesión, pues  han estafado, engañado, traicionado la confianza del cliente, entre otras desagradables acciones), sin embargo, no debemos generalizar ni condenar una noble profesión como la Abogacía, pues mentirosos, estafadores, abusivos y corruptos los hay en cualquier profesión y oficio.  En dado caso, existen sanciones para aquellos "abogados" que actúan de mala fe y sin ninguna ética y pueden ser denunciados para que reciban la pena correspondiente. 

Lo importante es no limitarnos ante la opción de poder salir bien libradas de un proceso legal, además, siempre será mejor prevenir riesgos que lamentar finales desfavorables.  Un asunto que quizás, a simple vista, pareciera ser sencillo y que se vislumbra con resultados favorables, a veces no termina como imaginábamos en un principio, y menos tratándose de un divorcio, pues las emociones, los rencores, la incertidumbre y el temor que ambas partes reflejan durante el proceso, suelen convertirse en factores que pongan en riesgo un final razonablemente justo.  Muchas veces las cosas pueden salirse de control al grado de llevarnos sorpresas muy desafortunadas y que podrían afectar nuestra estabilidad emocional y económica, o bien, poner en riesgo nuestro patrimonio y hasta la relación con nuestros hijos.

Un divorcio, del tipo que sea (necesario, voluntario o administrativo), por lo general siempre es doloroso, por lo tanto lo ideal es que se haga en la forma más pasible y conveniente posible. Por eso, si se vislumbran problemas en el matrimonio que pueden llegar a un divorcio,  es siempre aconsejable consultar a un abogado.

De entrada, un abogado honesto y leal que se guíe por principios y ética, tratará primero de aconsejar a la persona, ya sea la mujer o el esposo, de que es mejor evitar el divorcio y, con su experiencia profesional, podrá servir de consejero para solventar asperezas o malos entendidos en el matrimonio. PERO, si las causas del divorcio son irreconciliables, entonces es todavía más recomendable acudir con un profesional para asesorarse.


Mi experiencia: Un divorcio "sin complicaciones"
Confieso que cuando mi matrimonio terminó, yo misma pensé que era innecesario contar con un abogado, ya que en primera instancia, se vislumbraba un divorcio sin complicaciones, digo, tampoco creí que sería “amistoso”, pero jamás pensé que se convertiría en una verdadera pesadilla. 


Posiblemente existan divorcios donde las parejas quedan como amigos o donde la ecuanimidad y la armonía prevalezcan para no complicarse la vida, ya sea de la ellos mismos o la de los hijos. Debe resultar reconfortante tener un divorcio donde ambas partes entendieron que el vínculo sentimental que los unía se rompió y, por tanto, acceden a seguir cada uno por su camino con la mayor honorabilidad posible y sin perderse el respeto. Desafortunadamente mi caso, como muchos  más, no ha sido así. 

En un principio, no creí indispensable buscar a un abogado que me ayudara a entender y a enfrentar el proceso que se avecinaba, pues en aquellos momentos ignoraba que cada etapa de dicho proceso estaría plagada de todo tipo de bajezas, mentiras, abusos y despojos por parte de aquel con quien compartí casi 20 años de mi vida y quien, lejos de ser honesto, íntegro, agradecido, coherente y equitativo, ha luchado incansable y arbitrariamente por apoderarse de todo, incluyendo lo que NO le corresponde por ley, para lo cual, ha utilizado todo tipo de artimañas y dilaciones.

Cuando se inició el proceso de separación yo no tenía abogado, él sí, así que confié  una vez más (estúpidamente) en las palabras del sujeto con el que viví  durante 20 años y quien siempre demostró ser un tipo controlador, abusivo y codicioso. Pero a pesar de eso, una vez más él me chantajeó y yo lo permití: Él afirmó:


- "Mi abogado es de mi absoluta confianza y por eso él llevará nuestro divorcio, así que no te preocupes. Solo debes firmar el convenio y no habrá complicaciones"

En esa frase tan corta,  disfrazada de objetividad, se ocultaban las verdaderas intenciones del susodicho. Pero ¿Cuál era el fondo real de sus palabras?... 

1) En efecto, su abogado era (o es) de SU absoluta confianza, no mía. Yo ni siquiera lo conocía.
2) Condiciona que "no habrá complicaciones", siempre y cuando yo firmara el convenio.
3) ¿Quién elaboró el dichoso convenio?... Claro, el abogado de SU absoluta confianza donde, palabras más palabras menos, yo cedía todos mis derechos para quedarme SIN NADA y él, automáticamente, se convertía en dueño de  TODO y sin obligaciones ni responsabilidades de ningún tipo.

Y así inició el proceso de mi divorcio "VOLUNTARIO", con un "convenio" donde yo quedaba en desventaja y donde perdía todo aquello por lo que yo también había luchado y trabajado. Como ven, mi error fue creer en él una vez más y no consultar a ningún profesional en el tiempo debido.

En aquel entonces, yo solo trataba de salir de una relación abusiva y lastimosa, me sentía llena de impotencia y con la autoestima hasta el suelo (tal vez debido a los efectos del denominado Síndrome de Indefensión Aprendida), y por tanto, no me di cuenta de las verdaderas intenciones de la otra parte (que eran dejarme en la calle), así que no pude dimensionar que el término: “sin complicaciones”, se efectuaría literalmente, siempre y cuando, esta servidora renunciara a todos mis derechos, sin exigir nada y, además, cediera “voluntariamente” el 50%  de mi patrimonio (el que legalmente me corresponde) y que resultó de 20 años de esfuerzos y sacrificios conjuntos. Solo así podíamos proceder a resolver nuestra separación de forma “VOLUNTARIA” y sin complicaciones.

Sin ningún tipo de asesoría legal, convencida de que yo no tenía derechos y confiando en que todo terminaría rápido y tranquilamente, accedí a ese tipo de divorcio “voluntario” que me describió la contraparte, y renuncié a todos mis derechos. Todo lo anterior quedó plasmado en el dichoso “convenio” que el abogado de su confianza redactó y adornó con mucha palabrería y todo tipo de argucias, por lo que NUNCA fue un acto imparcial, equitativo, ético ni acorde a la ley, pues solo se  beneficiaba  a una sola de las partes… y no era yo.

Tristemente me di cuenta que 20 años de mi vida se habían evaporado, que los desvelos, los sacrificios, los momentos de felicidad, de tristeza, de fortaleza y todo aquello que entregué durante tanto tiempo se esfumaron sin ni siquiera algún tipo de agradecimiento. Sentí pánico y frustración, no solo al ver pisoteada mi dignidad, sino también al ver que mi labor por la que tanto me empeñé para ser el “ama de casa perfecta”,  de pronto se volvía invisible y sin valor ante los ojos de quien por tanto tiempo gozó de mi entrega y de la estabilidad que le brindé. Su egoísmo y su avaricia son tan grandes que nunca ha querido aceptar que todo lo que hoy disfruta (mucho de eso arbitrariamente), nunca lo hubiera conseguido sin mi apoyo y mi ayuda.   ¡QUÉ POCA M.... EMORIA TIENE! Pero eso no quita todas la penurias que he pasado  los 4 últimos años:  D
e la noche a la mañana me quedé sin un techo, sin mis cosas personales, sin dinero, sin empleo y sin medios para rehacer mi vida. Por el contrario, comencé a adquirir deudas para sobrevivir, así como todo tipo de problemas (emocionales, de salud y financieros)

Y pregunto: ¿Acaso es justo que cuando una pareja termina su relación, solo una de las partes se quede con todo, y que eso le permita arrancar con una base sólida, con una riqueza, con un trabajo estable y solo dedicarse a seguir acumulando y disfrutando de la vida, mientras que la otra parte, que también luchó y trabajó por los mismos bienes, se quede en la calle, sin oportunidades, sin recursos, partiendo de cero, tratando de sacar adelante a los hijos y sin contar con un respaldo como la contraparte? No, eso NO ES JUSTICIA.


Lo anterior, fue lo que me hizo recapacitar y reflexionar acerca de mi realidad y de las expectativas que tenía:

a) La primera opción saltaba a la vista: Me quedaba sin nada y permitía que mis derechos siguieran siendo pisoteados, o

b) Buscaba urgentemente un abogado para consultar mi caso. Esa opción implicaba realizar un gasto que yo no podía pagar en mis circunstancias pero, posiblemente, podía llegar a un acuerdo. Lo importante era encontrar a un profesional que me escuchara, que me asesorara según las condiciones específicas de mi asunto y, ante todo, que me hiciera creer en la justicia al valorar  mi caso de acuerdo a las leyes,  y no según el criterio o el capricho de unos abusivos.

Y así lo hice. No voy a relatar los detalles del vía crucis que padecí al buscar un abogado, pero no puedo negar que encontré de todo durante ese proceso de búsqueda: desde aquellos licenciados que tan solo por escuchar el caso, cobran cantidades estratosféricas  y donde los honorarios suben (desproporcionadamente) según como se va avanzando; o aquella abogada “especialista” en ayudar a las mujeres y que, increíblemente, resultó ser un verdadero calvario, ya que trató el caso de tal forma que parecía especialista en ayudar a “machos y misóginos” (no a las mujeres) y quien, finalmente, terminó vendiéndose a la contraparte. O aquella otra que todo lo explicaba a través de tecnicismos y de un lenguaje poco entendible para alguien como yo que apenas comenzaba a familiarizarse con el proceso, los términos y las leyes. O aquel otro pesimista (o inepto) que todo lo veía imposible de conseguir y su única recomendación fue “hable con su marido y trate de llegar a un arreglo” (¿alguna vez se daría cuenta de lo absurdo que significaba su idea de “arreglarse” con quien solo deseaba hundirme en lo más profundo de un pozo?)

Pero aún con las amargas experiencias que viví durante mi infructuosa búsqueda, persistí en la idea de encontrar a un verdadero profesional que fuera honesto, con la paciencia idónea de escucharme y, principalmente, de explicarme las expectativas que yo tenía. 


Finalmente, pude encontrarlo…

Cuando más desesperanzada me sentía, la vida puso frente a mí a un profesional que, hasta el día de hoy, continúa brindándome su apoyo y su experiencia en este proceso que parece no tener fin. No, definitivamente no ha sido fácil, pero sin los conocimientos, la paciencia, la lealtad y el compromiso que mi abogado ha demostrado desde que lo conocí hace casi 4 años, nunca hubiera podido retomar mi esperanza por la justicia.

A pesar de los sinsabores que implica un proceso tan largo y tedioso como el que sigo enfrentando, debo admitir que hay muchas cosas buenas que he aprendido: hoy en día conozco mis derechos, sé lo que debo exigir legalmente y lo que no debo permitir, entiendo un poco más del vocabulario  y de los términos legales que se aplican; conozco los lugares y las funciones de las personas que intervienen en el proceso;  he aprendido a ser tolerante y paciente (bueno, a veces me falla) ante la lentitud y dilaciones que se interponen para atrasar los juicios;  también he aprendido a ser ecuánime ante las múltiples audiencias a las que he asistido y siempre intento ser fuerte ante cualquier actitud intimidatoria. 

Innegablemente la familia es un apoyo fundamental para cualquier situación que se enfrenta, y en mi caso me siento afortunada, porque además de contar con un familia solidaria, cuento con el apoyo de mi  abogado, quien  ha sido una parte fundamental para lograr mi estabilidad emocional, ya que gracias a la labor que ha desarrollado,  poco a poco he recuperado mis derechos y, por consiguiente, la seguridad en mí misma y que creí perdida.

Toda esta experiencia me ha motivado  a investigar, leer, conocer y compartir lo aprendido, y por eso sé que ante un divorcio, un abogado especialista en el área familiar es el profesional que mejor conoce todo el procedimiento, pues abarca una amplia gama de complejidades, como: pensión alimenticia, manutención de menores, custodia de los hijos, la propiedad, etc.  Ante esto, siempre será recomendable pedir un apoyo profesional. Se debe buscar un abogado con una sólida formación en la práctica del divorcio, eficiente, con muchos años de experiencia y de buena reputación profesional. 

Nadie podrá asegurarte un triunfo avasallador en el juicio, pero si cuentas con la compañía y la capacidad profesional de un buen Abogado, te sentirás segura en cada una de las etapas que atravieses en el proceso. Por último, mi mayor deseo para tí que piensas buscar un Abogado, es que puedas encontrar alguien que, además de ser un excelente profesional, sea un extraordinario ser humano...Un Abogado con un alto sentido de rectitud y lealtad como es el mío. 

¿Cuándo debes contratar a un abogado?
Algunas situaciones de riesgo que ameritan, indiscutiblemente, la labor de un abogado son:
  • Cuando la custodia de tus hijos es muy disputada, porque ambos esposos la desean.  Aunque los Jueces tienden a conceder la custodia, sobre todo si los hijos son menores, a la madre, tu Abogado te ayudará a presentar tu caso de la forma más idónea ante los Tribunales.
  • Cuando tu cónyuge ha contratado un Abogado especializado, y toma la iniciativa legal de la situación, te encuentras con una demanda de divorcio inesperada, con un montón de papeleo al que no sabes cómo hacerle frente. Los procesos pueden complicarse indefinidamente. El Tribunal no te protegerá de tus propios errores, deberás buscarte tu propia defensa. En un Proceso de Separación o Divorcio, no suelen primar las buenas intenciones.
  • Cuando uno de los dos es empresario. Deberás asegurarte que mantienes el control y dirección de tu Negocio, éste es la fuente de tus ingresos y la de tus hijos.
  • Cuando solicitas la Pensión Alimenticia.  Este incidente es tal vez de las más solicitados por las mujeres, pero ignorado, muchas veces,  por quien tiene los recursos y la obligación para proporcionarla. Las Sentencias sobre los importes son muy variadas y son muchos los factores en juego que se tienen que tener en cuenta. Deberás asegurarte que la obtengas porque es un derecho, sobre todo, de tus hijos.  
  • Cuando haya un gran desequilibrio de poder económico entre las partes, especialmente si una de las partes es dominante o controladora, será mejor que contrates tu propia Defensa Legal, el ir con el mismo Abogado, presenta el peligro de que ésta pierda involuntariamente su objetividad y tienda a favorecer a una de las partes, y esa parte favorecida puedes no ser tú.
  • Cuando hay causas legales de Violencia Doméstica No hay más que ver la prensa diaria para saber la seriedad con que los Tribunales tratan cualquier sospecha de violencia doméstica, y las medidas que pueden ser adoptadas en estos casos, incluso penales.
  • Cuando no haya ningún tipo de comunicación con tu antiguo cónyuge. En estas situaciones tu sola no podrás llegar a ningún tipo de acuerdo, al no poder comunicarte con tu ex pareja, por tanto, será imprescindible alguien que lo haga por ti.
  • Cuando tu  esposo trabaja por cuenta propia. La valoración de los negocios y empresas es difícil. Necesitarás de expertos que te ayuden. Es bastante frecuente que los ingresos se manipulen o se escondan, figurando a nombres de terceras personas como hermanos, padres,..., lo que te presentará problemas para poder demostrar la importancia y cuantía de los mismos, y de ellos depende que tus hijos y tú, reciban una pensión.
  • Ambos tienen derecho sobre el domicilio conyugal. Normalmente, éste es para quien tiene la custodia de los hijos, independientemente de quién pueda ser el titular, pero esta situación no tiene por qué durar siempre, se pueden establecer condiciones a cumplir a corto, medio, o largo plazo, una vez más el papel de un buen profesional puede ayudarte a resolver situaciones que no controlas, dándote las diferentes alternativas posibles. 
¿Qué características debe tener un buen abogado?
Al seleccionar un abogado, hay varios aspectos que deben tenerse en cuenta, como la honestidad, lealtad, nivel de confianza que te inspira, la cantidad de experiencia en el campo, las opiniones de clientes anteriores, el número de casos de éxito, el tipo de casos que él  o ella maneja y por último pero no menos importante los costos de sus servicios.  

El proceso de divorcio tiene una carga emocional enorme, que lo impregna todo. El cliente necesita una sensación de atención y seguridad en la gestión de su situación, ya que la angustia por estos cambios en su vida, afectan su entorno y percibe su asunto  como único, como el más importante. Por ello, un buen Abogado de Familia deberá seguir unos protocolos básicos de actuación, de forma que el cliente se sienta “arropado” en este nuevo camino. Sin estas bases, no estaremos ante un buen Abogado de Familia, y, quizás, nos hayamos equivocado en la elección.



Si ya cuentas con un abogado, evalúa su actuación y si no has obtenido los resultados esperados, o no vislumbras una solución favorable o justa para ti y por el contrario, te encuentras peor que al principio, es hora de que analices lo que debes hacer. A continuación veremos algunas características que debe tener un abogado que se considere ético y profesional, tanto en el servicio como en la atención que debe brindar a su cliente. Cabe mencionar que hemos utilizado el término “debe ser”, porque se espera que el abogado se empeñe en obtener día a día esas cualidades y no esperar que le lleguen espontáneamente:

Servicio ¿Percibes que el Abogado te entrega la ayuda que necesitas? ¿Tienes la impresión de que eres un Expediente más en su despacho?

Disponibilidad ¿Es el Abogado fácilmente accesible por teléfono, fax, e-mail? ¿Te devuelve las llamadas con rapidez? ¿Está a tu disposición cuando lo necesitas?

Atención ¿Recibes el tratamiento individualizado y personal que mereces? ¿Te ha explicado a fondo los pormenores de tu asunto?

Experiencia ¿Se dedica el Abogado especialmente al Derecho de Familia? ¿O por el contrario se dedica a este área de una forma superficial y aislada? 
El abogado debe forjarse una experiencia valiosa, producto de un oportuno contacto con la realidad, mediante de una práctica jurídica.

Comprensión y cercanía ¿Se preocupa el Abogado realmente por tu caso?

Comodidad ¿Te sientes cómoda con el Abogado? Ten en consideración que deberás explicarle circunstancias muy íntimas de tu vida personal, familiar y económica.

Conocimientos El abogado debe ser un hombre poseedor de conocimientos teóricos en el Derecho. Su capacidad reiterada no debe ser motivo de abandono.

Analista El abogado debe ser una persona diestra en el manejo de la lógica para vencer y convencer. El análisis de la realidad planteada por quien requiere de sus servicios y el encuentro de las normas jurídicas aplicables para de allí llegar a una conclusión, representan una típica tarea silogística.

Buena fe El abogado debe de actuar de buena fe y debe creer en la buena fe de los demás, sin llegar al extremo de pecar de una confianza excesiva.

Honradez El abogado debe ser un hombre honrado. Su probidad debe estar fuera de cualquier duda. Al abogado no le basta con ser honrado, debe parecerlo.

Equidad El abogado debe ser poseedor de un buen criterio de equidad. Su pericia no deberá ser puesta jamás al servicio de las causas injustas.

Firmeza El abogado debe ser una persona enérgica para insistir en sus reclamaciones con firmeza de carácter, sin llegar a violentar su lenguaje hablado o escrito. La fuerza de los argumentos apoyará su energía.

Discreción El abogado debe ser una persona discreta. Los secretos que lleguen a su conocimiento en el ejercicio de la profesión constituyen el secreto profesional.

Veracidad El abogado debe ser una persona veraz. La veracidad es una virtud personal de gran valía pero, en el profesional del Derecho, debe constituir una norma de conducta cotidiana.

Ecuanimidad El abogado ha de estar adornado con la cualidad de la ecuanimidad. Su serenidad debe fortalecerse para estar en aptitud de pasar por duras pruebas. Su entereza de espíritu, deberá darle la calma necesaria para reflexionar y hacer prevalecer el Derecho y la justicia.

Respeto El abogado debe ser un individuo respetuoso de la investidura de toda autoridad representada en un momento dado por cualquier funcionario.

Práctico El abogado debe desarrollar su sentido práctico. Ha de examinar las ventajas y los inconvenientes del procedimiento que ha de seguir y no habrá de penetrar en zonas difíciles cuando pueda evitarlo. No ha de olvidar que se puede ganar perdiendo más de lo que aparentemente se gana.

Negociador Al lado del sentido práctico, se desenvuelve el sentido de la negociación. La parte contraria no debe considerarse forzosamente como enemiga irreconciliable. Toda transacción implica una concesión recíproca de respectivas prerrogativas.

Cortesía El abogado debe rendir pleitesía a su propia dignidad. Para poder exigir el respeto a los demás, el abogado debe empezar por respetarse a sí mismo, y esto lo logrará si establece como norma de su vida el principio de no dañar jamás al prójimo. “Alter non laedere” (No dañar a otro)

Vocación El abogado debe cultivar su vocación por la ciencia del Derecho y por el ejercicio de la profesión que ejerce. Una persona no debe permanecer un minuto en una labor que le desagrade, o para la que sienta que no tiene la debida aptitud.

Culto El abogado debe ser un hombre culto. Su afán de saber no ha de abandonarlo. El fin de sus estudios oficiales no le limita su posibilidad de aprendizaje cotidiano a través de los libros y acontecimientos trascendentes de su tiempo.

Lealtad El abogado como hombre se debe a la obligación de lealtad. En él las exigencias de lealtad son mayores pues, es depositario de la confianza de quien le ha encargado la defensa de sus intereses.

Presentación Si bien su sencillez o su personal manera de ser no le inclinan por el apego a las reglas de la moda, sí, en cambio, su investidura de profesional del Derecho, le exigen una correcta presentación en su actuación oficial.

Dinámico El abogado ha de ser un hombre dinámico. La marcha de la justicia es lenta por naturaleza propia. Que su desgano no fomente esa lentitud y, mucho menos, que no vaya a poner en peligro la subsistencia de algún derecho de los que representa.

Ordenado El abogado debe ser un hombre ordenado. La falta de metódica armonía en el manejo de varios asuntos de los que simultáneamente se ocupa, pone en peligro su buena actuación y de nada servirían sus grandes conocimientos ni sus magníficas intenciones.


¿Dónde buscar un abogado?
Como primera opción se recomienda que investigues con alguien de tu confianza y preguntes si conoce a un abogado de su confianza, pide referencias y averigua si tiene experiencia en temas familiares.

Otra opción es buscar a través de Internet. Hay muchos abogados de divorcio profesionales que tienen sitios web que incluyan toda la información que necesita.  Como todo, puede ser riesgoso, pero internet es una herramienta que debe ser utilizada asertivamente y tomando las debidas precauciones. (Debo admitir que fue precisamente a través de Internet, como yo tuve la suerte de encontrar a quien hoy es el Abogado de MI absoluta confianza).

También puedes acudir a los Juzgados de tu localidad, ya que ahí cuentan con oficinas donde puedes solicitar  la asesoría de abogados de oficio. Así mismo, puedes investigar en organizaciones civiles (que ayuden a las mujeres), en institutos municipales o en el DIF los servicios que ofrecen en al área de asesoría legal.

Las Barras de Abogados,  cuentan con un directorio de profesionales que pueden servirte como guía:


Otra opción es llamar a los números de emergencia, donde brindan servicios de asesoría psicológica y legal:

HÁBLALO 01 800 422 52 56
FUNDACIÓN ORIGEN 01 800 015 16 17

Las anteriores son solo algunas opciones en donde puedes comenzar tu búsqueda, sin embargo, es necesario encontrar la mejor alternativa de acuerdo a tus necesidades. Para eso, una vez que hayas hecho una exhaustiva investigación, haz una lista de tus opciones más idóneas y descarta poco a poco algunos nombres. De este modo,  selecciona a quienes consideres con mayores atributos para llevar tu caso. Recuerda, es importante comprobar sus credenciales y experiencia en los casos de derecho de familia. El costo también es importante tomarlo en cuenta y la seriedad con la que trata tu caso y a tu persona.

Consulta inicial
Una vez que hayas seleccionado algunos candidatos, se sugiere que procedas de la siguiente forma para realizar el primer contacto con quien podría llevar tu caso:
  • Llama por teléfono a cada abogado con la intención de exponer tu caso. 
  • Averigua si debes pagar por una consulta inicial. 
  • Solicita un estimado de lo que usualmente cobra (honorarios) por ocuparse de un caso como el tuyo. 
  • Pregunta si los honorarios son por horas de servicio o si aceptaría un honorario de contingencia, es decir, un porcentaje de lo que obtengas en el juicio. 
La consulta inicial es una oportunidad para que tú y el abogado se conozcan. Después de escuchar la descripción de tu caso, el abogado podrá darte una idea general de tus derechos y responsabilidades, así como de las alternativas de acción. Durante la consulta inicial el abogado puede explicarte qué puede hacer y cuánto cobrará o si habrá gastos adicionales. Todos los detalles deberás evaluarlos para entregarle tu caso.

No dudes en preguntarle su experiencia en casos como el tuyo. Tampoco dudes en averiguar los honorarios y los probables resultados. Si llegas a un acuerdo con él, normalmente debe haber un convenio de pago por escrito.

MUJER:

En definitiva, un buen Abogado de Familia nos aconsejará sobre las mejores estrategias a seguir, analizando los hechos relevantes y de acuerdo a la ley, con el fin de  tomar las mejores decisiones y  manteniéndonos puntualmente informadas de todo el proceso.

Tener un buen abogado en quien podemos confiar, te ayudará a sentirte tranquila al saber que las cosas van bien y, en caso de problemas, podrás contar con su ayuda y con su asesoría profesional para proceder de la forma que más convenga a tus intereses. 


Fuentes:

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