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MUJER SIN CADENAS: 2o. lugar Categoría Gráficos del Premio Mujer y Publicidad 2011

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lunes, 3 de marzo de 2014

MUJER Y DINERO: De correcciones políticas y otras falacias



En unos cuantos días, conmemoraremos el Día Internacional de la Mujer, así, con mayúsculas y con el singular universal que nos refiere no a Las Mujeres, de carne y hueso, plurales y diversas sino a ese ser difuso, a la vez pétreo y etéreo, inasible y estereotípico que nos mete a todas, sin preguntar, en un par de tipos de mujer:

a) la madre buena, sufridora y paridora que sacrifica su crecimiento personal y profesional por el bienestar de la familia. Se dedica a tiempo completo – y de manera gratuita - a satisfacer las necesidades de todos los miembros de la familia: es El Ángel Del Hogar

b) la superwoman que encarnan cada vez más mujeres actuales quienes, por atreverse a desarrollar sus talentos y legítimas ambiciones laborales, académicas y profesionales, el patriarcado, que una vez nos sentenció diciendo: “Parirás con dolor”, ahora, nuevamente nos sentencia con un: “Trabajarás hasta la extenuación” (y ganando de un 20 a un 30% menos que los hombres). Y las mujeres, que se la creen, hasta presumen de que son multitask diciendo que lo que pasa es que las mujeres, por naturaleza, podemos hacer un sinfín de cosas a la vez, sin darse cuenta de que son objeto de la explotación más abusiva: aquélla que las lleva a trabajar dentro y fuera de casa “por amor”.
Esta conmemoración tiene muchas lecturas y no todas son tan halagüeñas. La mía, al menos, es un tanto desconsolada, verás.

Desde mi particular sentir, los infinitos días que, en el mundo, conmemoran o celebran distintas causas, me provocan suspicacia pues pasada la fecha, las situaciones que ellas demandan, siguen vivitas y coleando y, por lo mismo, difícilmente me suscribo a toda esa mascarada. 

¡Pero, Mercedes! ¿Por qué eres tan aguafiestas?¡Mujer de poca fe! ¿Cómo que no te gustan mucho las conmemoraciones del 8 de marzo y del 25 de noviembre?

¡Pues no!, porque son sólo eso, fechas que resultan políticamente correctas para quienes tienen poder y necesitan darle atole con el dedo a las personas con su falsa sensibilidad hacia los grupos más vulnerables de la sociedad: conmemoraciones vacías de significado y, cuando llegan a provocar algún cambio, éste es magro y fácil de revertir cuando es, coyunturalmente (como les encanta decir) conveniente para ellos. 

Utilizan con más o menos habilidad el discurso de género para, nada menos que perpetuar la situación de inequidad que vivimos las mujeres en todo el mundo pues tenemos unas leyes muy modernas, ratificamos las leyes internacionales relativas a los derechos de las mujeres, no se les pasan las celebraciones correspondientes…pero en los hechos…bueno

Para colmo, es comercialmente muy rentable: hasta flores regalan el día de la mujer y las tiendas y restaurantes usan el día para aumentar sus ventas. 

Hablo desde mi experiencia de mujer descasada por propia voluntad e iniciativa, por necesidad, por dignidad, por supervivencia, por amor propio, por cuestiones pedagógicas (hacia mis hijos – varones – a quienes tenía que enviarles el mensaje de que un hombre de bien no es violento, no pone en peligro el patrimonio de su familia, los estudios de sus hijos, la integridad física de sus hijos, no es tramposo, manipulador, ratero, fraudulento, abusivo ni macho. Y si lo es, debe vivir las consecuencias de perder a su familia: ¡no la merece!). También tenía que enseñarles que una mujer tiene derecho a cuidar de sí, a estar contenta, a sentirse valiosa, a respetarse y hacerse respetar para que ellos hagan lo propio al relacionarse con las mujeres. 

Hablo también como ciudadana, desde mi experiencia legal y laboral, instancias del sistema, hechas para dejarte inerme, impotente y en la calle, como un escarmiento para todas las demás mujeres por cuyas cabecitas haya pasado la peregrina idea de terminar un matrimonio infeliz. Se les manda el mensaje: “¿Ya viste lo que le pasa a las transgresoras del patriarcado? ¡Si te atreves…te pasará a ti también!” ¿Recuerdas que en uno de mis artículos te comenté que, mientras las mujeres que se divorcian disminuyen su nivel de vida hasta en un 73% los hombres lo elevan en un 42%? ¿Dónde están ahí, en acción, las leyes que nos protegen de la discriminación por género?

En un proceso legal que duró casi dos años y en el cual tuve que tratar con cuatro abogados diferentes (sólo el último mostró una conducta honrada y proba) pude constatar que todo lo que dicen acerca de las leyes e instancias que protegen a las mujeres son puros cuentos: me acerqué a inmujeres y me dijeron que ahí no podían ayudarme ni remitirme con abogad@s que realmente me asesoraran sin cobrarme las perlas de la virgen. Me trataron con frialdad, con indiferencia: salí de ahí no sólo desolada sino profundamente decepcionada. 

En los trabajos que tuve los tres primeros años (recordemos que 2008 fue el año en que dio inicio la más reciente de nuestras recurrentes crisis) fueron intermitentes, mal pagados, sin prestaciones y sin reconocer ningún tipo de obligaciones patronales. Para colmo, como mi currículum, como el de muchas mujeres, no muestra un trabajo continuo sino que, producto de mi dedicación como ama de casa de tiempo completo, dejé de trabajar fuera de casa por unos años, me veían como poco actualizada, poco comprometida con mi carrera, inestable.

Por otro lado, la pensión llegó por un tiempo, como dice el dicho “tarde, mal y nunca”. Fue, en resumen, una época oscura, de mucha hambre, incertidumbre e indefensión en la cual no pude ver que todo eso que nuestro sistema dizque hace por las mujeres nos beneficiase a mis hijos y a mí para nada. Los abogados atestiguaron cómo mi entonces marido vandalizó mi casa hasta dejarla inhabitable y nada se hizo: el sistema de “justicia” está hecho por hombres para los hombres, punto. 

Es por eso que cada año, dese hace casi 7 años que decidí dar por terminados 20 años de inequidad, violencia, faltas de respeto, de robos, de abuso, de engaños de todo tipo, envidia y, como consecuencia, sabotajes continuos a mis logros académicos y profesionales, los días 8 de marzo y 25 de noviembresiento una mezcla de desencanto, rabia impotente, tristeza, cansancio físico y emocional por la dificultad que ha representado ir reconstruyo mi vida para hacerla no meramente vivible sino satisfactoria y feliz. ¿Cómo crees que nos sentimos todas las mujeres que tenemos la osadía de decir “Yo merezco respeto y justicia” “Hasta aquí”, al ver estas conmemoraciones mentirosas cuando, tras bambalinas, todo el sistema de justicia que se supone que tendría que velar por nosotras, nos deja colgadas de la brocha? ¿Cómo creer en una conmemoración vacía cuando una gran mayoría de mujeres que hemos decidido terminar con una relación de violencia, nos vemos enfrentadas a la pobreza debida, en parte, a que las pensiones no llegan o, si lo hacen, son parciales e intermitentes? ¿Y La Justicia, con mayúsculas?...bien, gracias. Si quieres pelear la pensión, tendrás que seguir tratando con jueces y abogados y esperar, incluso años, para poder conseguir aquello a lo que tienes derecho ¿Cómo olvidar que la otra parte que explica el empobrecimiento de las mujeres divorciadas tiene su origen en las reglas del juego laboral, que afectan especialmente a las mujeres con hijas e hijos, a quienes ven como problemáticas pues deben faltar si uno de ellos enferma? ¿Cómo emocionarme con un día que conmemora los derechos ganados por y para las mujeres cuando aún seguimos percibiendo salarios menores que los de los varones en puestos similares teniendo preparación y experiencia equivalentes? 

¿Cómo creer en la veracidad de los discursos que abundan ese día cuando vivimos a diario con el injusto techo de cristal que nos impide llegar más arriba de los mandos medios; cuando los horarios laborales de nuestras sociedades están hechos pensando en los hombres, sus tiempos y sus necesidades y las mujeres, si queremos incursionar en el ambiente laboral, debemos hacer malabares para poder con ambos mundos: el pública y el privado, éste último, considerado femenino “por naturaleza”? ¿Cómo no sentir cierta amargura cuando, aún hoy, existen empresas que te despiden porque te has divorciado (y te lo dicen con todas sus letras)?

Cuando hablo de conmemoraciones, no me refiero a las organizadas por grupos de feministas – mujeres y hombres – genuinamente interesad@s en un cambio en la vida de poco más de la mitad de la población (52% somos mujeres en México). Lo que estos grupos hacen nace del deseo real de cambiar la situación de inequidad que vivimos las mujeres y por la cual quedamos sentenciadas a la pobreza y a la falta de acceso a la justicia, a la educación y a la salud pues eso, en este país neoliberal, dejó de ser un derecho para convertirse en un privilegio que no llega a muchísimas mujeres. No critico a ese tipo de conmemoraciones que visibilizan la situación real de nosotras, todas. Me refiero a las celebraciones oficiales y superficiales que se montan en el carro de la equidad de género para, nada menos, perpetuar esa inequidad equiparando a “la mujer” con la madre y la esposa, los únicos roles válidos para el patriarcado. Las que se usan con fines políticos o, mejor dicho, meramente electorales. Es sólo forma sin fondo.

... Y mientras en la calle y en los púlpitos laicos se leen panegíricos a La Mujer, así, en abstracto, las mujeres de carne y hueso sufren atropellos a sus derechos, hambre, discriminación laboral y POBREZA. Para que una mujer pueda ser genuinamente independiente y libre, hace falta mucho más que discursos feministamente correctos; las mujeres debemos tener dinero propio que nos permita satisfacer sus necesidades básicas y las de sus hijas e hijos así como terminar una relación de abuso sin el riesgo de quedar en la inopia. 

Al final del segundo volumen de “El Segundo Sexo” de Simone de Beauvoir, “Hacia la Libertad”, cita que las vías para que las mujeres alcancemos la libertad son: la independencia económica y la lucha colectiva, esa que tan bien saben hacer los grupos y organizaciones de feministas. El patriarcado lo sabe bien y es en ese rubro – el del dinero – donde más castiga a las mujeres para que sigamos siendo eternas niñas dependientes y aquiescentes. 

Si vemos la situación de las mujeres de manera superficial, podemos pensar que hemos avanzado mucho, que ganamos dinero y que somos financieramente independientes; no obstante, según la investigadora Gina Zabludovsky, en México hay más mujeres que hombres recibiendo ¡un salario mínimo! (sábado, enero 11, 2014. Gina Zabludovsky) La socióloga advierte que pese a la fuerte incursión de la mujer en el campo laboral aún existe inequidad. En México, 40 por ciento de la Población Económicamente Activa está conformada por mujeres, pero el 60 por ciento de ellas recibe un salario mínimo.

Por otro lado, la investigadora señala que “Las mujeres tienen una gran participación como empresarias en todo lo que tiene que ver con el autoempleo. Entonces, si tomamos a las empresarias como las mujeres que son autoempleadas, el índice sube hasta el 40 por ciento, muy cercano a la participación de las mujeres en el ámbito nacional; sin embargo, sí sólo tomamos en cuenta a aquellas que además de emplearse a sí mismas, emplean por lo menos a otra persona, a un asalariado o asalariada, el índice se reduce a 19 por ciento. Esto tiene que ver con las que son propietarias de su empresa, a menudo en los niveles micro y mediano en áreas de servicios y que además tienen un cargo directivo dentro de las compañías”

-En la actualidad en México de cada cinco pequeñas y medianas empresas que se abren tres están lideradas por mujeres. (Secretaría de Hacienda y Crédito Público, 2013)

-Las mujeres aportan 37 por ciento del Producto Interno Bruto en México. (INEGI, 2012)

-En el ámbito corporativo general, el número de ejecutivas disminuye a medida que aumenta la jerarquía en la organización. En los cargos intermedios de las compañías, su porcentaje alcanza un 23 por ciento, en las direcciones generales su presencia disminuye hasta un 13 por ciento y en los cargos de presidente o directora general apenas llegan a un 5 por ciento.

-El número de mujeres que ha decidido crear su propia empresa ha crecido a un ritmo acelerado. En México, el porcentaje de empresarias ya alcanza el 38 por ciento.

“La participación femenina en la fuerza laboral (PFFL) se ha mantenido por debajo de la participación masculina; las mujeres realizan la mayor parte de los trabajos no remunerados y, cuando tienen un empleo remunerado, están sobrerrepresentadas en el sector informal y entre la población pobre.

“También se ven ante significativas diferencias salariales frente a sus colegas varones, aun cuando su nivel educativo es igual o mayor. (Carmen R. Ponce Meléndez, 20 de febrero del 2014. Página 3, Periodismo Humano Con Misión Social. http://pagina3.mx/mujeres/13518-economia-y-genero-dualidad-para-el-desarrollo.html ). 

“Se ha estimado que en determinadas regiones las pérdidas del PIB per cápita atribuibles a disparidades de género en el mercado laboral llegan hasta el 27 por ciento.Como afirma un reciente documento del FMI, hay amplias evidencias de que cuando las mujeres pueden desarrollar plenamente su potencial en el mercado de trabajo, los beneficios macroeconómicos son significativos”. (Carmen R. Ponce Meléndez. Economista especializada en temas de género. febrero del 2014)es decir, su patriarcado nos está saliendo caro a tod@s. 

Estas disparidades, comenta Carmen Ponce,“no necesariamente responden a una lógica económica, sino más bien patriarcal, llena de prejuicios y discriminación. La evolución económica de las mujeres no corresponde a la evolución de los usos y costumbres sociales, uno de los rasgos de la posmodernidad”. (Carmen R. Ponce Meléndez)

En palabras de la directora ejecutiva de ONU-Mujeres: “Un mundo seguro y sostenible exige derechos de las mujeres, el empoderamiento de las mujeres y la igualdad de género”.

Como ves, los datos puros y duros desmienten la verborrea políticamente correcta que en este día nos pinta una isla de la fantasía dentro de los recintos oficiales donde tienen lugar actos solemnes y pomposos; mientras tanto, en la calle, tú, yo y todas las mujeres, vivimos una realidad completamente distinta y si no, pregúntale a Yakiri, la chica que fue encarcelada por defender su vida tras ser violada por dos rufianes que, como buenos miembros del patriarcado, consideran a los cuerpos de las mujeres como propiedad pública; pregunta a tantas familias que han perdido a sus hijas quienes han sido secuestradas para beneficio de redes de proxenetas que se enriquecen mediante el muy lucrativo negocio de la trata de personas cuyas víctimas son juzgadas y culpabilizadas pero nada se dice de los clientes, por quienes este abyecto negocio goza de cabal salud: los hombres que son capaces de pagar por sexo, a sabiendas de que esas mujeres son esclavas y no les importa. 


Los mismos problemas que mutan sin desaparecer” 
Diana Bellesi.

Te deseo una buena semana,
Mercedes


((()))

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