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jueves, 4 de octubre de 2012

SORORIDAD: Un llamado urgente a la unión entre mujeres



La alianza de las mujeres en el compromiso es tan importante como la lucha contra otros fenómenos de la opresión,  y por crear espacios en que las mujeres puedan desplegar nuevas posibilidades de vida
... Marcela Lagarde, feminista y antropóloga mexicana 

La violencia no es un fenómeno exclusivo de esta época. Por el contrario, los fenómenos de violencia (como las guerras de conquista, tortura, crímenes, persecución ideológica o religiosa, maltrato en el ámbito doméstico, el denominado bullying en escuelas o el acoso laboral) han existido a través de la historia de la humanidad, por lo que la mayoría de los seres humanos, tanto hombres como mujeres, hemos sido objeto de violencias en algún momento de nuestras vidas. 

Sin embargo, la violencia contra las mujeres debe enfocarse a través de un prisma distinto. En los últimos años, estudios realizados por expertos plantean cada vez más la existencia de un fenómeno de violencia basada por la condición de género, es decir, la violencia contra las mujeres está vinculada, desde tiempos remotos, a la desigual distribución del poder y a las relaciones asimétricas que se establecen entre varones y mujeres en la sociedad (partiendo de los mismos hogares), lo que perpetúa la desvalorización de lo femenino y, como consecuencia, su subordinación a lo masculino. 

En otras palabras, lo que la hace diferente a otras formas de agresión y coerción, es que el factor de riesgo o de vulnerabilidad es el solo hecho de ser mujer, adoptando diversas manifestaciones que incluyen lo físico, mental y sexual, y cuyas consecuencias son, además, diferentes que para la población masculina. 

La violencia contra niñas y mujeres constituye una clara forma de discriminación y una violación a los derechos humanos y las libertades fundamentales, y como tal ha sido definida en múltiples documentos. La primera declaración de Naciones Unidas que reconoce la existencia de violencia de género, fue aprobada por su Asamblea General en 1993, que define la violencia contra la mujer como: 

"Todo acto de violencia de género que resulte en, o pueda resultar en daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico de la mujer, incluyendo la amenaza de dichos actos, la coerción o la privación arbitraria de la libertad, tanto en la vida pública como en la privada". 

Es decir, cualquier acto encaminado a controlar, someter y subordinar a las mujeres, es violencia. Pueden utilizarse diversos medios de presión para la dominación del sexo femenino, desde la manipulación emocional, hasta ataques físicos y sexuales, donde la fuerza de un hombre no se compara con la de una mujer (abuso de fuerza), y llegando a límites extremos como los feminicidios. 

Creer que las mujeres son inferiores y que pertenecen a los hombres, es la clave para determinar la diferencia principal entre la violencia contra las mujeres y los hombres. La violencia de género está naturalizada por una cultura de machismo y misoginia como formas de ejercer control, discriminación y poder, sin olvidar que, además, se culpa siempre a la mujer. La sociedad justifica que las mujeres seamos corregidas como un sistema de vida. Las absurdas creencias, arraigadas y retrógradas, que indican que es necesario corregir a las mujeres, que son ellas quienes deben obedecer y sujetarse a las decisiones del hombre, que por norma y convicción las mujeres deben ser sometidas, maniatadas y desvalorizadas, que hay que “educarlas” para que se porten bien y cumplan con su papel histórico, son mitos que fomentan la desigualdad y, por tanto, la violencia hacia las mujeres. 

Ante esto, cabe resaltar que todas las formas de violencia no solo dañan a una mujer, sino a todas, porque la violencia es simbólica y, por lo tanto, no podemos seguir siendo excluidas. La exclusión femenina es, y ha sido, una forma de violencia con el fin de asegurar el control de las mujeres, por lo que desde el feminismo se plantea una transformación rotunda de las mujeres. 

Todos, sin excepción, tenemos que asumir cada vez más nuestra responsabilidad con esta problemática. Es necesario adquirir un verdadero compromiso con la causa y con las mujeres, por lo que se requiere unirnos en una sola voz, principalmente, la voz de las mujeres... 

La alianza entre mujeres se está produciendo en todo el mundo, gracias a los avances tecnológicos como internet. En algunos lugares apartados del mundo hay mujeres con una computadora conectada a Internet que están tratando de efectuar el cambio social, desde diversas trincheras y con el único afán de lograr transformar la historia. Sabemos que no estamos dispuestas a tolerar más, y aunque falta mucho por hacer, el mundo está cambiando, en parte por el uso que hacemos nosotras, las mujeres, de la información y de los medios de comunicación para difundir y fortalecer los lazos entre nosotras. 


Pero, ¿qué sucede cuando en el camino que nos hemos trazado hacia una vida sin violencia, sin discriminación y por la lucha de nuestros derechos, nos topamos con las típicas renuencias, señalamientos y obstáculos que intentan paralizar el avance de quienes hemos decidido aliarnos en mente, corazón, espíritu e ideales? 

Nunca faltan actitudes y frases que son claras señales que no todos desean el mejoramiento de las mujeres. 

Diferir, sí….Minimizar, no 
Hace poco, escuché que alguien hacía una serie de señalamientos con referencia al tema de la violencia hacia las mujeres. Insidiosamente cuestionaban los objetivos que se intentan lograr en la lucha por la equidad y el reconocimiento de los derechos de las mujeres, entre ellos, el derecho a un vida libre de todas las formas de violencia y el de acceso a la justicia. Cabe mencionar que es válido diferir y tener diversos puntos de vista y opiniones que difieran de las nuestras, mas no es válido minimizar y, mucho menos, continuar preservando la naturalización y la normalización de la violencia hacia las mujeres bajo ningún contexto.

Sin embargo, resulta aún peor cuando salen de la voz de otra mujer, pues muestran claramente una absoluta falta de empatía, de solidaridad y de conciencia por entender la problemática en toda su extensión. 

Nota: Brevemente he puesto entre paréntesis una sencilla aclaración sobre cada señalamiento, pero en el transcurso de este post se intentará profundizar sobre el tema en general, así como el llamado urgente a la sororidad.

-“La discriminación siempre ha existido, tanto en hombres como en mujeres, así que todos hemos sido discriminados de alguna u otra forma, no es algo que afecte solo a las mujeres”….(Efectivamente, la discriminación se ejecuta en contra de cualquier persona o grupo vulnerable, pero en el caso de las mujeres, hay diferencias muy particulares que se explicarán a lo largo de este artículo) 

-“¿Por qué no hablar sobre la violencia que también sufren los hombres? Los discriminas al no tomarlos en cuenta, porque el trabajo que realizas solo se enfoca al tema de la violencia contra las mujeres y solo pretendes sensibilizar sobre el problema que padecen las mujeres maltratadas. Ellos también son agredidos”...(La violencia contra las mujeres nunca podrá ser comparada con la violencia ejercida contra los hombres, y más adelante se explican las razones) 

-“Las ideas feministas sobre la igualdad de sexos tienden a ser extremistas, pues los hombres y las mujeres nunca seremos IGUALES”…(Se han malentendido los conceptos de equidad e igualdad. Nadie ha dicho que la igualdad y la equidad sean lo mismo. Definitivamente, estos conceptos no se refieren a las cuestiones físicas o fisiológicas que genéticamente nos han sido otorgadas y que diferencian a un sexo de otro, el asunto de igualdad y equidad va más allá, se refieren a cuestiones de oportunidades y de derechos.)

-“Al motivar a que las mujeres conozcan y defiendan sus derechos, pones en tela de juicio los derechos que también los hombres tienen”…. (Nunca se ha insinuado o solicitado que se invaliden los derechos de los hombres, por el contrario, se desea alcanzar una cultura de equidad. La realidad indica que nos toca a las mujeres defender los nuestros para que sean reconocidos por igual y exigir que se respeten) 

-“Cuando se dice que "hay que castigar a los agresores", se escucha fuerte, ¿no sería mejor decir "aplicar las leyes"?”…(La palabra castigar no es un insulto ni una ofensa, es un reclamo, es un grito de justicia para sancionar a cualquier agresor que comete un delito al vulnerar o transgredir los derechos y libertades de una mujer. El fondo sigue siendo el mismo, aplicar las leyes significa que se castigue con todo el rigor legal,  a quien violó, mató, golpeó o secuestró. El asunto primordial es que las mujeres tengan acceso a la justicia de forma eficiente, digna, sin excepción y sin tener que someterlas a una doble victimización, lo cual es una práctica recurrente y arbitraria) 

-“Muchas mujeres que son agredidas por sus parejas deciden quedarse con ellos, a pesar de que trates de ayudarlas con información o interviniendo cuando las golpean sus maridos, y eso es problema de ellas, ¿no lo crees?”...(Para hablar de los efectos que conlleva la violencia en una relación, hay que conocer un poco sobre el problema, así como las repercusiones que una vida de maltrato y de abusos generan en una mujer, como suelen ser el síndrome de indefensión aprendida, una deficiente autoestima, entre otros. Estos efectos  resultan sumamente  preocupantes y, por consiguiente, una razón más para continuar con el trabajo de  sensibilización y visibilización sobre las causas y consecuencias que este problema genera, tanto en las mujeres como en la sociedad en general) 

-“NO todos los hombres son iguales y  si  hay maltratadores es porque las mujeres son las que permiten ser abusadas por ellos”… (Nunca se ha dicho que TODOS los hombres son maltratadores o violentos, por el contrario, hay hombres que respetan y valoran a las mujeres y es a ellos a los que siempre me refiero como “hombres conscientes”, y es precisamente a ellos, a quienes se solicita su intervención para manifestarse en contra de la violencia hacia las mujeres.) 

-“El amor y el perdón son elementos importantes en una relación, así que mientras no haya un golpe, las cosas entre una pareja pueden arreglarse dialogando”….(Es la peor aseveración que pueda hacerse con respecto a este tema, pues se basa en mitos que perpetúan la violencia contra las mujeres. El amor y el perdón son sentimientos hermosos, nadie lo niega, siempre y cuando se den en una relación sana y respetuosa. Cuando hay violencia de cualquier tipo, fomentar el amor romántico es peligroso,  y el perdón entendido como “aquí no pasó nada”, solo recicla el ciclo de violencia durante los periodos de luna de miel, recomenzando con actos más riesgosos y alarmantes para la mujer). 

Habrá quienes compartan algunas o todas las ideas expuestas anteriormente, pero hay otros que pensamos que los enunciados anteriores, son un ejemplo más de las múltiples demostraciones que cotidianamente observamos acerca de la falta de consciencia que aún hoy en día persiste hacia el tema de los derechos de las mujeres, entre ellos, el referente a una vida libre de violencia y de discriminación. 

En el fondo implican una agresión a quienes pensamos que la violencia contra las mujeres es un tema grave y específico,  y en el que toda la sociedad debe involucrarse, para lo cual, debe haber una labor de sensibilización a través de la difusión de información, con perspectiva de género, que defina, explique y alerte a la sociedad en general y que vaya dirigida tanto a mujeres como a hombres, pues la participación positiva del sexo masculino es determinante para erradicar esta lacra social. 

La apatía, la indiferencia y la indolencia son graves síntomas de inconsciencia, sin embargo, los argumentos retrógradas e insidiosos, lejos de ayudar, crean confusión, y cuando son enunciados de forma irónica por una mujer, demuestran, además, una evidente falta de sororidad.

En lo personal, respeto todas las filosofías e ideologías de los demás (como espero que las mías sean respetadas) y no pretendo que TODOS piensen como yo (pues yo tampoco estaré de acuerdo con algo que no me convence), sin embargo, hay expresiones que delatan la ignorancia de quienes así reflejan sus ideas sobre un tema vital y de gran relevancia social, con el fin de fomentar su invisibilización y de restarle importancia al problema específico de la violencia contra las mujeres. 

¿Por qué no hablo de la violencia contra los hombres? Las razones de hacer visible la violencia contra las mujeres están relacionadas, implícitamente, en cada historia, en cada noticia, en cada silencio, en cada caso que queda en la impunidad, y son tan válidas como explicar las razones de por qué tampoco hablo sobre el maltrato que cruelmente se comete contra los perros, o contra los animales de circo, o los toros de lidia o contra las vacas que sacrifican salvajemente para explotar su carne, entre otros. Esos actos también son formas de violencia contra seres vulnerables. Y no es porque carezcan de importancia, sino que al referirme exclusivamente al tema de la violencia contra las mujeres es porque adquirí un compromiso, primeramente, conmigo misma…por ser mujer, luego, por haber sido víctima de violencia, y porque durante el camino que he recorrido, he ido descubriendo que la vulnerabilidad femenina es ilimitada frente a todos los actos de violencia y abusos que se cometen día con día en contra de mujeres de todas las edades, razas y niveles socioeconómicos, desde los más sutiles hasta los más aberrantes y, además,  porque  he tenido la fortuna de encontrar a muchas otras mujeres que han depositado su confianza en esta servidora y donde la empatía es un factor primordial. 

Así, resulta imprescindible aclarar dos cosas: 

1) NINGÚN tipo de violencia es aceptable ni justificable. No es aceptable la violencia que se ejerce contra cualquier persona ni contra grupos considerados como vulnerables por su condición social, económica, ideología, preferencia sexual, edad, raza, profesión o sexo. Todas las formas de expresión de violencia que atenten contra cualquier ser vivo que habite esta Tierra (incluidos los animales “irracionales”), deben ser condenadas y castigadas (sí, vuelvo a utilizar la palabra CASTIGAR, y así será cada vez que me refiera a aquellos que cometen abusos y actos violentos en contra de otros pero, principalmente, de quien agreda de la forma que sea de una mujer). 

2) Más que aclarar que NO todos los hombres son iguales, es preferible decir que no todos los hombres son abusadores, maltratadores o violentos, ni todos tienen ideas machistas. Nunca, en ningún artículo he afirmando que TODOS LOS HOMBRES SON UNOS ABUSADORES, pero no está por demás subrayar que al hablar de machismo, misoginia, maltratadores, hombres violentos, abusivos, golpeadores y similares, NO se está generalizando ni se pretende encasillar a TODOS los hombres del mundo, sin excepción, en ese grupo. Obviamente, en el tema de los agresores, se habla de quienes son violentos, de quienes no controlan la ira y de quienes han malentendido su origen genético para aprovecharse de su papel “dominante” y que, en muchos casos, utilizan la fuerza física para controlar y someter a las mujeres. Hay muchos hombres que, aún siendo educados en una sociedad machista y bajo los estereotipos de género infundados desde la niñez -reflejados en todos los medios y entornos-, no ejercen ningún tipo de violencia. Eso queda claro. El problema está con las mayorías que malentienden y se aprovechan del papel que les ha sido asignado dentro de la sociedad, desde los orígenes de la humanidad, para abusar del mal llamado sexo débil. 

En efecto, resulta tan grave la violencia contra los hombres como la violencia que se ejerce contra las mujeres, pero… ¿por qué en la actualidad se ha hecho mayor énfasis en visibilizar la violencia contra las mujeres, así como en la urgente determinación de combatirla a través de mecanismos eficientes que garanticen la protección y la seguridad de las féminas? 

En la violencia contra la mujer, a diferencia de la violencia contra el hombre, intervienen elementos específicos que históricamente han sido aceptados y por lo tanto naturalizados. El gran número de víctimas de violencia en cualquier ámbito son mujeres y por ellos la violencia hacia las mujeres se expresa en mayor magnitud y de formas más variadas, en el hogar, en los trabajos, en las calles y en ámbitos diversos, y se expresa a través de maltratos físicos, verbales, psicológicos, o acosos laborales. Todas las mujeres hemos vivido en mayor o menor intensidad formas de violencia. Está presente en la mayoría de las sociedades, pero casi nunca es reconocida y se acepta como parte del orden establecido 

Desde mi punto de vista MUY personal, la violencia contra la mujer es manifestada hasta con un pensamiento machista típico y común de la mayoría de los hombres. Un comentario como “la mujer sólo sirve para procrear y para estar en la cocina” es una clara muestra de violencia psicológica, ya que degrada la auto estima de la mujer y la auto limita a no concebir siquiera la idea de estudiar y superarse como persona profesional. 

¿Es tan difícil que una mujer, por el simple hecho de serlo, pueda comprender la deplorable situación que gran parte de sus congéneres padecen a causa de la violencia, la discriminación, la desigualdad y el machismo? Seguramente, todas hemos padecido algún tipo de violencia en alguna ocasión por el simple hecho de ser mujeres, así que, ¿por qué plantear  señalamientos bajo una perspectiva poco favorable para el tema en sí y, sobre todo, para las mujeres en general? 

Podríamos nombrar cientos de expresiones (verbales o conductuales) donde se refleja la falta de consciencia sobre este tema específico, así como una renuencia a aceptar las causas que lo originan. Sin embargo, el problema de la violencia contra las mujeres sigue presente, como una realidad espeluznante y que parece no querer ser escuchada, a pesar de los esfuerzos que mucha gente e instituciones realizan para erradicarla. 

El primer paso: HABLAR y ESCUCHAR  
Para hablar de violencia contra las mujeres, el primer paso es HABLAR de la problemática. Nombrarla SIN tabúes, sin miedos ni frases que escondan la magnitud de esta lacra social, por el contrario, hay que hablar claro, con honestidad (lo cual debe incluir la revelación de cifras reales, implementando  mecanismos eficientes para obtenerlas) y, esencialmente,  hablar sin temor de herir susceptibilidades de nadie. Dejemos a un lado la hipocresía y los argumentos inválidos ante una realidad fehaciente, donde el dolor, la muerte y el sufrimiento son el pan de cada día para miles de mujeres, tan solo de este país. 

Cada día se buscan más espacios y formas para hacer visible este problema, pues es imprescindible abordar las implicaciones y los orígenes de la violencia de género, así como conscientizar a la sociedad en general sobre los efectos que generan los violentos contra las mujeres, muchas veces con consecuencias fatales. 

Pero para hablar, también hay que aprender a escuchar, hay que tener voluntad de abrir el pensamiento, hacer a un lado los prejuicios y las ideas arraigadas que tienden a estigmatizar, para dar espacio a la realidad, a los datos, a los conceptos y a las noticias que hablan sobre el tema. Dejemos atrás la cultura del silencio, del “no exageres, no pasa nada”, esforcémonos por eliminar los estereotipos e intentemos reeducarnos en el respeto a los derechos de los demás. No lancemos juicios sin entender la magnitud de la problemática, porque solo se crean obstáculos al pretender seguir minimizando, justificando y tolerando las agresiones manifestadas en diversas formas hacia un sector tan vulnerado como son las mujeres. 

Por eso, es necesario que hablemos, pero también que escuchemos y aceptemos que la violencia contra las mujeres es un problema grave y extendido, cuyo su origen es determinado, principalmente, por la desigualdad de los sexos (sexismo), que incluye factores de misoginia y machismo histórico y que han rodeado a las mujeres desde su nacimiento, haciendo naturales, normales e invisibles todo tipo de agresiones que terminan, cada día más, con miles de mujeres asesinadas alrededor del planeta. 

Hay que insistir, la violencia contra las mujeres es un fenómeno que está arrasando con más de la mitad de la población mundial, caracterizada por la persistencia, la extensión, la saña y la cultura que la rodea y que la hace natural a través de la discriminación, los estereotipos y el machismo. Jamás podrá ser comparada con la que se ejerce contra otros sectores. Se precisa entenderla por separado y manejarla de forma específica. 

Desigualdad, factor determinante 

La desigualdad de géneros es una realidad vivida desde los inicios de la humanidad y es la causa principal de la violencia contra las mujeres. Sin necesidad de profundizar mucho ni volverse expertos en el tema, acudamos a la memoria, a la historia misma y, con absoluta objetividad, evaluemos la posición desventajada que las mujeres han ocupado en cada época y sociedad, recordemos que la sumisión y la dependencia hacia el hombre nos han sido enseñadas y transmitidas de formas diversas, desde las primeras generaciones. 

Recordemos el camino que muchas mujeres, desde siglos atrás, han tenido que recorrer para hacer valer sus derechos y alcanzar una utópica igualdad; leamos textos y periódicos, para darnos cuenta del lugar que la mujer ha ocupado en la sociedad. No hay necesidad de investigar detalladamente, ni de analizar con esmero el trabajo que varios organismos y asociaciones especializados realizan día con día para concientizar a la sociedad de la situación que las mujeres padecen en términos generales, de la forma en que son discriminadas, violentadas, abusadas y hasta asesinadas. 

No hay que adentrarse mucho, solo superficialmente: al ver un anuncio publicitario en la televisión, donde la imagen de la mujer es cosificada constantemente; al caminar por la calle y observar cómo la mayoría de los hombres, sin importar su edad, condición social, económica o cultural, se toman el atrevimiento de acosar, lanzar miradas lascivas y abordar con “piropos” a indefensas mujeres, de la edad que sea, que salen a cumplir con sus actividades. En el trabajo ¿las condiciones son iguales?; poniendo un poco de atención a las expresiones sexistas que se dicen tan irresponsablemente y que salen de la boca de individuos (e individuas) machistas como: “Ya sabes cómo obtuvo el ascenso” (siempre refiriéndose a una connotación sexual); “Algo  le hizo al marido para que la dejara” (las mujeres siempre tienen la culpa de lo que ellos hagan); “Bueno, él es hombre, pero una mujer debe ser decente” (emplean el eterno e infalible estereotipo de que si una mujer se comporta como un hombre, entonces no vale la pena); “Cuida bien a tu marido para que no te quedes sola” (como si estar “sola” o mejor dicho, sin un sujeto al lado, fuera lo peor que podría sucederle a una mujer); “¿Para qué trabajas si tu marido te da todo lo que él puede?, mejor dedícate a tus hijos” (reduciendo el trabajo, los sueños y las capacidades de una mujer a las labores domésticas y maternales); “¿Para qué te complicas la vida con un divorcio, mejor aguántate por tus hijos. Total, él es hombre y ellos así son” (justificando la infidelidad masculina y fomentando la indignidad de la mujer)…. 

¿Cuántas veces no nos topamos con una demostración de las frases y comportamientos como los ejemplificados anteriormente?, ¿Cuántas veces, una sola mujer, enfrenta varios tipos de agresiones en 24 horas? No importa si la mujer está en su casa, en la calle o viendo la TV, siempre hay formas de agredir, desde la sutileza de una imagen que denigra a una mujer y que puede pasar desapercibida, hasta las formas más aberrantes y salvajes que pudiéramos imaginar? 

Lori Heise, Directora del Instituto Pacífico para la Salud de la Mujer, elaboró una definición alternativa que, como principales elementos destaca la fuerza y la coerción, en la que la violencia es 


“Cualquier acto de fuerza física o verbal, coerción o la privación que amenaza la vida, dirigida a una mujer o niña, que causa daño físico o psicológico, la humillación o la privación arbitraria de la libertad y que perpetúa la subordinación de la mujer”

El escollo principal para dimensionar y conocer más a fondo el problema es que las mujeres agredidas y asesi­nadas son sistemáticamente “invisibilizadas”. La invisibilidad de este problema es constante, pues gran parte de la sociedad, incluidos medios y autoridades, no se atreven a hablar del tema y, mucho menos, a involucrarse efectivamente para solucionarlo. 

Si seguimos así, fracasaremos como sociedad, y esto se refleja, principalmente, en los miles de asesinatos femeninos al año, así como en los miles de casos de violencia conocidos y un número indefinido de mujeres que la padecen y que no denuncia por motivos diversos. 

Violencia en la pareja: 
Como hemos dicho, la violencia contra las mujeres está relacionada con la desigualdad, el abuso y ejercicio del poder, de las relaciones históricamente asimétricas y eso también ocurre dentro de los hogares. Por ejemplo, las mujeres, por ser físicamente menos fuertes que los hombres, constituyen una presa más fácil. Los abusos y asesinatos contra las mujeres tienen muchas veces un componente sexual, lo que no ocurre en el caso de los hombres. Y en los casos de violencia doméstica, el hombre se aprovecha de su fuerza física para agredir a su pareja en un plano de desigualdad. 

.No obstante, la victimización femenina que se produce en el hogar, permanece oculta, invisibilizada tras la cortina de la vida privada, de la intimidad familiar, bajo el supuesto de no admitir la intromisión de ajenos. Esta forma de violencia afecta a la sociedad en general, y debe intervenir el Estado a través de sus leyes y mecanismos, para castigar a los hijos, maridos, amantes, hermanos, papás, o de quien abuse de su masculinidad para someter a las mujeres de su entorno. 



La violencia contra las mujeres en la relación de pareja es una violencia de género con todas las implicaciones que de ello se deriva. Violencia de género sistemática que abrumadoramente es iniciada por el hombre e infringida sobre la mujer. No se trata de una violencia aleatoria, aislada ni justificada y, aunque se han planteado muchas teorías para explicarla, la desigualdad genérica es la clave de cualquiera de las formas que asume el maltrato contra la mujer. 


Por eso, aunque son diversos los modelos que explican la violencia, el que mayor influencia tiene es aquel que afirma que la violencia posee un componente social, como son los estereotipos o roles de género, entendidos como guiones de conducta que sirven para limitar los comportamientos diarios tanto de hombres como de mujeres 

Tradicionalmente se han asociado unos estereotipos a los varones y otros a las mujeres. Así, se consideraba que todo ser humano nacido varón tenía que ser valeroso, inteligente, fuerte y ganar mucho dinero para mantener a su familia. Del mismo modo, toda mujer debía ser bella, débil, inocente y tener como objetivo vital el casarse y tener hijos. 

Si analizamos el proceso del maltrato o de violencia contra la mujer en una relación de pareja, podemos decir que sucede del siguiente modo: 

Ella inicia una relación con un hombre violento que ha interiorizado el rol e identidad masculina tradicional y que puede interpretar el deseo de controlar a su pareja es un signo de amor. La violencia entonces se inicia en el noviazgo y puede continuar en el matrimonio; lo que espera el hombre es ser cuidado y atendido, y la mujer siente obligación a cuidarle. A medida que la relación avanza, el hombre quiere la total sumisión de la mujer y para conseguirlo intenta aislarla de toda relación social, desvaloriza a su familia y a ella mediante toda clase de humillaciones. 

NO ESPERAR EL PRIMER GOLPE, POR ESO ES NECESARIO RECONOCER TODOS LOS TIPOS DE VIOLENCIA. 
Cuando en una pareja no hay diálogo, no hay comunicación, no existe el respeto y, por el contrario, hay signos de agresión, por muy sutiles que sean, entonces se habla de violencia. Recordemos que la violencia no solo es un golpe, por lo tanto, no hay que esperar a que eso suceda. 

Hay cosas que simplemente no deben existir en las relaciones de pareja. Son señales que nos alertan… Una de ellas es, por ejemplo, que tu novio te haga llorar. Ya sea por una mirada hiriente, por una palabra que te devalúe como persona, un comentario inadecuado frente a tus amigos o familia, infidelidades. Los celos, las actitudes de crítica, los reproches, las prohibiciones, o las amenazas, se van haciendo fuertes y notorias. Esto ya es sinónimo de una relación enferma y, la mayoría de las veces, pasa desapercibido. Y son imperceptibles porque están disfrazados de encanto y de amor romántico. 

Entonces ¿hay que esperar un golpe para darnos cuenta que la relación es dañina? NO!!! Date cuenta… antes de un golpe todo está claro desde tiempo atrás. No esperes el primer golpe para alejarte. 

Por lo general, un golpe, jalón o empujón, delatan una serie de maltratos previos, de orden emocional y psicológico, lo que significa que en esa relación hay antecedentes de violencia y abusos desde tiempo atrás. 

La violencia del hombre hacia la mujer no se reduce a la idea de agresión física. Es el uso sistemático de la agresión física y psicológica para intimidad, sojuzgar y controlar a otro ser humano. Ese carácter coercitivo y sistemático de la violencia supone que se ejerce un poder sobre el otro. 

Se incluye aquí el maltrato emocional y verbal: comentarios degradantes e insultos, comentarios sobre la falta de atractivo, la inferioridad y la incompetencia, la crítica y desaprobación continua, la humillación, las amenazas de emplear la violencia física o incluso de muerte dirigidas contra la mujer o contra los hijos, la destrucción de objetos de valor sentimental para la mujer, el maltrato a los animales ... Todos ellos se configuran asimismo como elementos que predicen de manera contundente la posibilidad de una inevitable violencia física directa. 

Lo anterior permite diferenciar el tipo de conducta agresiva del hombre hacia la mujer frente a las agresiones que se producen en sentido contrario. También incorpora formas de abuso emocional o psicológico, porque estas conductas implican estrategias de coerción sobre el comportamiento de la mujer. Y, finalmente, se refiere a un patrón de conducta que se desenvuelve a lo largo del tiempo, dentro de una relación que se extiende y empeora a través de la convivencia. 

La violencia siempre se incrementa, si hoy permitimos un insulto o un jalón, más tarde será una golpiza que no podremos detener (y mucho menos podremos defendernos), llevándonos a una espiral interminable de agresiones que acabarán con nuestra dignidad e integridad emocional, o como sucede en muchos casos, con el final de nuestras vidas. Por eso, es importante que las mujeres se informen sobre los tipos de violencia que existen (desde la etapa de noviazgo), y aprendan a identificar las señales, que muchas veces se encubren bajo el nombre del “amor”, y nunca jamás esperar la primera agresión física. 


No son válidas las justificaciones o las negaciones, es importante mantenerse alertas para reconocer las señales que nos avisan que estamos ante el peligro de una relación destructiva. 

Una vez que la violencia se ha hecho presente a través de palabras, celos enfermizos, controles, prohibiciones, amenazas o similares, las mujeres no deben esperar a que haya un diálogo con el agresor para solucionar su problema, ni tampoco esperar un cambio del agresor, a pesar de las promesas que él haga, porque difícilmente sucederá. Lo aconsejable es romper con el ciclo de violencia que la mayoría de las veces se instala como una forma de convivencia, llevándonos a consecuencias fatales. Cuando hay violencia de cualquier tipo, hay que romper el ciclo a partir de las primeras señales. 

Cuando hay violencia, no se soluciona con un diálogo, hay que tomar medidas. La violencia de género deja secuelas en las mujeres que la sufren: ansiedad, angustia, estrés crónico, mareos, alteraciones gastrointestinales, problemas urinarios, depresión y baja autoestima. De ahí la importancia de los servicios e instituciones que colaboran para que las víctimas puedan recuperarse y reintegrarse con normalidad en la sociedad. 

Debemos hablar y denunciar ante a los organismos especializados o ante familiares, amigas, padres, hermanos, compañeros de trabajo. Debemos sacar a la luz todo lo que nos incomode y nos haga sospechar que somos víctimas de algún tipo de violencia… seguramente, alguien nos dirá: sal de ahí lo más rápido que puedas, antes de que sea demasiado tarde. 

CASTIGAR a los agresores es una señal de justicia 
¿Qué significa o qué implicaciones tiene cuando se menciona que los agresores deben ser sancionados y castigados por los abusos que, finalmente, son delitos y que cometen contra las mujeres?. La pregunta la pongo a consideración, sin olvidar que cuando se menciona la palabra CASTIGO o alguno sus sinónimos, se refiere a la acción de la justicia por parte de las autoridades, la de las leyes establecidas en códigos y tratados, con todas sus implicaciones y con todos los mecanismos a su disposición con el fin de sancionar, corregir o penalizar a quien comete un delito. 

Según el diccionario RAE, CASTIGAR significa “Ejecutar algún castigo en un culpado. Corregir con rigor a quien ha errado”. 


¿Es fuerte exigir castigo para un asesino?, ¿es un ofensa para la sociedad o un grito de justicia para quienes han sido víctimas de cualquier tipo de agresiones?, ¿Acaso se debería implorar por el perdón para quien golpea, viola, asesina, mutila, secuestra o desvaloriza a una mujer?, ¿No es un derecho de todos y de todas tener acceso a la justicia y, por lo tanto, exigir el reparo del daño y el castigo para quien viola las leyes?...¿o debemos seguir ignorando y marginando a las víctimas? 

¿En verdad las mujeres que han sufrido cualquier tipo de violencia por parte de sus agresores deben usar términos dulces y cariñosos para exigir ante la ley, como uno de sus derechos fundamentales, la sanción, el castigo o la aplicación de las leyes con todo su peso y rigor?. ¿No es mejor hablar con los términos adecuados?. 

EXIGIR JUSTICIA, o CASTIGO PARA LOS AGRESORES….no son, de ninguna manera y bajo ninguna circunstancia, palabras ofensivas ni denigrantes, son palabras adecuadas que deben usarse sin temor, pues haber vivido bajo el yugo de insultos, golpes, malos tratos o violaciones no se comparan con la simpe expresión de: “Exijo justicia para que el agresor sea castigado”. 
Y para que las mujeres accedan a la justicia, es necesario que las autoridades realicen su trabajo. 

También es necesario hablar de educación y de valores, pero se debe comenzar por inculcárselos a los machos que agreden mujeres y castigarlos severamente cuando sea necesario. No olvidemos que un feminicidio es el último eslabón de una cadena de ofensas, que implica abusos verbales y físicos; además de la violación, tortura, esclavitud sexual, abuso sexual infantil, incestuoso o extra-familiar; golpizas físicas y emocionales y mutilaciones. ¿No deberían ser castigados por la ley quienes cometen ese tipo de atrocidades? 

Es importante que los varones sean conscientes que sentir celos extremos, controlar, insultar, amenazar o incluso pegar a su pareja no es en modo alguno señal de que se la quiera más ni una manera saludable o ética de establecer relaciones afectivas. 

Igualmente es necesario que las mujeres sean conscientes de que el maltrato no es tolerable en una relación de pareja, aunque haya problemas o conflictos que resolver. Es sumamente arriesgado creer que el maltratador es violento debido a que está pasando una mala racha y que va a cambiar porque está arrepentido. Son muchos los maltratadores que vuelven a ser violentos, y cada vez lo son de forma más peligrosa, llegando incluso a asesinar a su pareja. 

En síntesis, la violencia se produce en una sociedad desigual y se funda en la creencia de que las mujeres valen menos que los hombres, y ése es un tema que, además de ser preocupante, nos debe llevar a la reflexión….a una reflexión urgente y con ánimo de erradicar los abusos, la discriminación, la violencia y los feminicidios. Por lo tanto...


Este es un llamado a la SORORIDAD,  un pacto entre mujeres. 



En los últimos años, organismos internacionales, de la sociedad civil, activistas y defensores de los derechos humanos, han realizado un llamamiento a mujeres, hombres y a la sociedad en general para comprometernos en un pacto dirigido a transformar el mundo y a modificar radicalmente los lazos que nos unen que conlleven a la erradicación de lo que no queremos y a trabajar para lograr cambios positivos, donde los derechos humanos de todos, sean respetados y reconocidos por igual. 


Igualdad, paz, libertad, solidaridad y justicia son 5 valores que deben estar presentes en todo ser humano. Constituyen un derecho y debemos exigir que sean reconocidos sin excepción. Las mujeres, en todas las épocas de la historia, se han esforzado por conseguir que esos derechos sean plenamente reconocidos y para lograrlo han sumado fuerzas, uniéndose de formas diversas. Así nació el movimiento del FEMINISMO. 

El feminismo, muchas veces satanizado por algunos sectores, en términos generales se refiere a la toma de conciencia de las mujeres como grupo, que surge de la opresión, dominación, y explotación de que han sido y son objeto por parte del colectivo de varones en el seno del patriarcado, lo cual las mueve a la acción para la liberación de su sexo con todas las transformaciones que la sociedad requiera.   

Desde el feminismo se ha creado la concepción de igualdad entre mujeres y hombres, cuyos lineamientos van más allá de lo que muchos creen, pero que principalmente plantea ir a la raíz de aquello que nos coloca en desventaja, que nos daña, que lesiona una forma digna de vida. Proclama la condición humana de las mujeres. Esta humanidad no es reconocida en muchas partes del mundo o se reconoce parcialmente o sólo si está en función del desarrollo de otras personas o para producir una mejor ciudadanía. 

Entonces, ¿qué es sororidad? 
La palabra sororidad se deriva de la hermandad entre mujeres. Al percibirse como iguales, pueden aliarse, compartir y, sobre todo, cambiar su realidad debido a que todas, de diversas maneras, hemos experimentado la opresión. 

La sororidad está basada en una relación de amistad, pues en las amigas las mujeres encontramos a una mujer de la cual aprendemos y a la que también podemos enseñar, es decir, a una persona a quien se acompaña y con quien se construye. 

Habla también de que en esta relación, unas son el espejo de las otras, lo que permite a las mujeres reconocerse “a través de la mirada y la escucha, de la crítica y el afecto, de la creación, de la experiencia” de otras mujeres. Por ello, afirma que en la sororidad se encuentra la posibilidad de eliminar la idea de enemistad histórica entre mujeres. 

Sororidad se refiere a una nueva experiencia práctica, intelectual y política, entre mujeres y que pretende materializarse en acciones específicas.  De esta forma, el feminismo propone que este concepto vaya más allá de la solidaridad. La diferencia radica en que la solidaridad tiene que ver con un intercambio que mantiene las condiciones como están; mientras que la sororidad, tiene implícita la modificación de las relaciones entre mujeres. 

En resumidas cuentas, la sororidad se traduce en hermandad, confianza, fidelidad, apoyo y reconocimiento entre mujeres para construir un mundo diferente; percatarse que desde tiempos antiguos hay mujeres que trabajan para lograr relaciones sociales favorables para ellas y para nosotras, recordando siempre que todas somos diversas y diferentes. 

La sororidad es posible, siempre y cuando mantengamos lazos fuertes y convicciones firmes para cambiar la realidad que hemos vivido por siglos. 

Luchar por la erradicación de estereotipos, de la discriminación y de la violencia, requiere de la participación de todas y de todos, principalmente de nosotras… las mujeres. 

Juntar esfuerzos y vencer obstáculos, crear redes que nos permitan acercarnos de forma física o virtual para asegurarnos de que, a pesar de las distancias, de las ideologías, de los idiomas y de cualquier otra barrera, nos mantenemos unidas, alertas y dispuestas a levantar la voz cada vez que una mujer de cualquier rincón del mundo sea abusada, violentada, maltratada o vulnerada en cualquiera de sus derechos. 

No es una guerra entre sexos
No se trata de organizar una guerra entre sexos, ni mucho menos entre nosotras mismas, más bien es una lucha por crear consciencia social a partir de la opresión femenina que históricamente hemos padecido como género. La sororidad se basa en una serie de características indispensables, como la empatía, la solidaridad, la constancia, la búsqueda de información que permitan establecer una serie de mecanismos que a la postre, podrían producir otras alianzas, no para pelear contra el sexo masculino, sino para unir esfuerzos, crear lazos de comunicación e implementar nuevas reglas y estructuras sociales que sirvan para romper con los roles históricamente asignados y que tanto daño han causado. 

MUJERES, hoy deseo invitarlas a la reflexión. Comencemos a mentalizarnos como un grupo, tomemos el concepto de sororidad como estandarte, y usémosla como parte de nuestro vocabulario, practicándola en nuestras acciones diarias. 

Siempre subrayaremos, enfatizaremos e insistiremos acerca de la importancia y la urgencia de concientizarnos sobre la espeluznante y grave realidad que miles de mujeres padecen a causa de la violencia en todas sus manifestaciones, porque la violencia contra las mujeres es universal en tiempo y espacio...en el tiempo porque ha estado (y sigue estando presente), encabezando las causas de defunción en las mujeres, y en el espacio porque se infiltra en todas las sociedades, cualquiera que sea su grado de desarrollo. 

OTROS CONCEPTOS FUNDAMENTALES PARA LAS MUJERES: 
Empatía 
La empatía es el esfuerzo que realizamos para reconocer y comprender los sentimientos y actitudes de las personas, así como las circunstancias que los afectan en un momento determinado. 

Empoderamiento 
Es un proceso por medio del cual las mujeres transitan de cualquier situación de opresión, desigualdad, discriminación, explotación o exclusión a un estadio de conciencia, autodeterminación y autonomía, el cual se manifiesta en el ejercicio del poder democrático que emana del goce pleno de sus derechos y libertades. 

El empoderamiento implica: 
La toma de conciencia sobre su subordinación y la toma de confianza en sí mismas. 
La autonomía para decidir sobre sus vidas. 
La movilización para identificar sus intereses y transformas sus relaciones, estructuras e instituciones que les limitan y perpetúan su situación de subordinación. 


Ha de quedar muy claro, que esta manera de empoderamiento, no conlleva la dominación de los otros, sino la adquisición de recursos, conciencia y habilidades para acabar con la situación injusta que vivimos las mujeres en todo el mundo, y formar parte de la sociedad como ciudadanas de pleno derecho, en igualdad real de condiciones. 

Perspectiva de género 
Es una visión científica, analítica y política sobre las mujeres y los hombres. Se propone eliminar las causas de la opresión de género como la desigualdad, la injusticia y la jerarquización de las personas basada en el género. Promueve la igualdad entre los géneros a través de la equidad, el adelanto y el bienestar de las mujeres; contribuye a construir una sociedad en donde las mujeres y los hombres tengan el mismo valor, la igualdad de derechos y oportunidades para acceder a los recursos económicos y a la representación política y social en los ámbitos de toma de decisiones. 

La “perspectiva de género” implica: 

a) reconocer las relaciones de poder que se dan entre los géneros, en general favorables a los varones como grupo social y discriminatorio para las mujeres; 
b) que dichas relaciones han sido constituidas social e históricamente y son constitutivas de las personas; 
c) que las mismas atraviesan todo el entramado social y se articulan con otras relaciones sociales, como las de clase, etnia, edad, preferencia sexual y religión. 

La mirada de género no está supeditada a que la adopten las mujeres ni está dirigida exclusivamente a ellas.  Una perspectiva de género desde la educación abarca varios ámbitos, desde el diseño de libros de texto y programas no sexistas hasta desarrollo de políticas de igualdad de trato y oportunidades entre maestros y maestras. Así como en el ámbito laboral es importante suprimir la discriminación que afecta a la población femenina, en el terreno educativo es crucial eliminar las representaciones, imágenes y discursos que reafirman los estereotipos de género. 

Lo más importante es que una perspectiva de género impacta a mujeres y a hombres, y beneficia al conjunto de la sociedad, al levantar obstáculos y discriminaciones, al establecer condiciones más equitativas para la participación de la mitad de la sociedad y al relevar a los hombres de muchos supuestos de género que son también implican un peso para los varones. 

Equidad e igualdad 
El concepto de igualdad de género parte de idea de que todas y todos somos iguales en todos los aspectos: políticos, económicos, sociales, educativos, y que por ende, tenemos los mismos derechos. El problema aquí es que se parte del hecho de que todas y todos tenemos las mismas oportunidades, hecho que no es cierto porque éstas dependen del contexto social, económico, étnico, político y cultural de cada persona. 

Por igualdad de género se entiende una situación en la que mujeres y hombres tienen las mismas posibilidades, u oportunidades en la vida, de acceder a recursos y bienes valiosos desde el punto de vista social, y de controlarlos. El objetivo no es tanto que mujeres y hombres sean iguales, sino conseguir que unos y otros tengan las mismas oportunidades en la vida. 

La equidad de género trata de empatar las oportunidades existentes para que sean accesibles de manera justa para ambos géneros. 

COLOFÓN: 
En lo personal, no espero justificar ante nadie el trabajo que intento realizar diariamente, y que solo es una pequeña contribución a una gran causa representada por una legendaria e interminable lucha: dignificar el papel de las mujeres en una sociedad machista. 

Así, mi labor se traduce en cooperar para hacer visibles todos los tipos de abusos, violencia, malos tratos y discriminación que, por siglos, las mujeres hemos venido aceptando como “naturales”, tanto en ámbitos públicos, pero principalmente dentro del hogar. 

Cuento con una larga experiencia personal que adquirí al vivir en carne propia los abusos y controles que caracterizan a la violencia emocional, psicológica y económica. Desde mi humilde trinchera, mi convicción y mi voluntad participativa hacia esta causa me han llevado a escribir en dos blogs, crear una página web con enlaces de ayuda, escribir y publicar un libro, constituir una asociación civil enfocada a brindar ayuda y alertar a las MUJERES, difundir y compartir información a través de talleres y folletos con el fin de sensibilizar a mujeres de todas las edades y planear pláticas dirigidas a mujeres sin acceso a computadora. Además, como parte de un proceso de capacitación y superación personal, actualmente tomo un curso en un programa de formación permanente como Mediadora Social en Prevención de Malos Tratos y Violencia de Género, con la idea de ofrecer un servicio efectivo a las mujeres que lo requieran a través de la Asociación, entre otras cosas. 

Mi compromiso, como el de muchas otras personas, consiste en crear consciencia y sensibilización acerca de la grave problemática de la violencia contra las mujeres, y nunca podrá ser comparado con la ardua labor que han realizado y continúan efectuado miles de activistas y defensoras de los derechos de las mujeres. Gracias al esfuerzo que ellos han desarrollado a través de los años, así como a la valentía de mujeres que cada vez más se atreven a hablar, hoy en día la violencia contra la mujer se ha reconocido como un problema a escala mundial y como un grave obstáculo para el desarrollo y la paz. 


MUJER: 

Las cifras de la violencia contra las mujeres son escalofriantes. Cada año más mujeres mueren en todo el mundo, principalmente a manos de  sus parejas o ex-parejas. Esta violencia incluye vejaciones, violaciones, estrangulamientos, disparos con arma de fuego, puñaladas, golpes, etc. 

Para acabar con el problema de violencia que sufren las mujeres hacen falta muchas cosas: un cambio de cultura, de educación, trabajo institucional, políticas públicas, propaganda en pro de los derechos de las mujeres, entre otros esfuerzos más; pero para empezar, es necesario que las mujeres nos unamos en una sola voz, que nuestro estandarte sea una bandera de empatía, solidaridad y consciencia sobre la situación que las mujeres, en general, hemos vivido y seguimos padeciendo en todos los rincones del mundo. 

No deja de ser importante la educación constante a las mujeres para que estén conscientes de su dignidad y valor individual y sepan que hay leyes en las que pueden ampararse en caso de que sus derechos se vean violentados. 

Las mujeres, víctimas o no de violencia, debemos unirnos en un frente común y luchar por acabar con esta lacra social que afecta a miles y miles de mujeres de este país y de otras fronteras. Aliarnos desde el corazón para hacer valer nuestros derechos, para defender nuestra dignidad y avanzar juntas hacia un horizonte de equidad social. 


Fuentes: 

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