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lunes, 20 de enero de 2014

MUJER Y DINERO: Las instituciones financieras y las mujeres



Hace algunas semanas leí lo siguiente: “En la cartera de las mujeres hay mucho dinero...Pero los bancos las siguen ignorando”

Ciertamente, los bancos, como toda institución perteneciente a la cultura patriarcal y androcéntrica, no tienen en cuenta a las mujeres y nuestras necesidades de crédito y hay muy poca oferta especialmente diseñada pensando nuestros requerimientos específicos. No obstante,la parte del comentario que se relaciona con la cantidad de dinero que hay en la cartera, a mi juicio generaliza, pues está claro que se refiere, exclusivamente, a un reducido grupo específico de mujer: aquélla que pertenece a la clase media o incluso más, con un trabajo asalariado, y con, al menos, las prestaciones que marca(ba) la ley. Generalmente – aunque no exclusivamente – son profesionistas, solteras sin hijos; casadascon o sin hijos pero no son las únicas responsables de la manutención del hogar. 

Ese comentario no toma en consideración a las mujeres de escasos recursos (de hecho, ya te había hablado de ello en mis artículos “De la feminización de la pobreza o de cómo el neoliberalismo exacerba todo tipo de violencia contra las mujeres Partes 1 y 2”) quienes tampoco existen para los bancos a pesar de la gran necesidad que tienen de créditos para poder crear pequeños negocios (generalmente con el esquema de multinivel, pequeñas tiendas o sus parcelas en caso de ser campesinas) que les permitan generar lo suficiente para satisfacer sus necesidades mínimamente. 

Llama la atención que, a pesar de ser parte de la población económicamente activa (Las mujeres constituyen casi la mitad de la fuerza laboral), es aún muy difícil para una mujer acceder a créditos y, en general, a la riqueza. 

En las economías en desarrollo, entre 30% y 40% de los empresarios que tienen negocios pequeños o medianos son mujeres quienes, a su vez, generan fuentes de empleo. A pesar de lo anterior, por lo menos 9 de cada 10 empresas, propiedad de una mujer, no tienen acceso a préstamos. 

Son mujeres que requieren préstamos para capital de trabajo, y que por sus características socioeconómicas no tienen acceso a los servicios bancarios tradicionales. Otras necesidades que quisiéramos satisfacer a través de créditos, cuentas de ahorro, seguros resultan sumamente difíciles de obtener; ya no digamos créditos hipotecarios, créditos para saldar deudas que les dejaron sus ex parejas, etc. Las mujeres somos, como ya veremos la semana entrante, un gran negocio para el sistema patriarcal; sin embargo, las instituciones financieras, simplemente, nos perciben como no confiables o no creen que debamos acceder a recursos económicos cuantiosos. 

Considerando que sólo el 32.5% de los padres que no viven con sus hijos da pensión alimenticia, se podrá entender lo difícil que es salir adelante, siendo cabezas de familia pues, para no descuidar a sus hijos deben conseguir empleos de medio tiempo, mal pagados, sin prestaciones ni ningún tipo de protección; otra alternativa, para poder atender a su familia, es realizar actividades dentro de la llamada economía informal (venta de productos mediante el sistema de mercadeo en redes, sistemas de maquila de todo tipo de objetos desde el hogar que, muchas veces, en México al menos, roban el poco dinero que tienen las mujeres sin el menor escrúpulo – creo que ya te había hablado de esto). 

Otro factor que afecta a las mujeres para conseguir un buen empleo que, con las prestaciones y todo el paquete hace que los bancos las consideren más confiables para ser sujetos de crédito, es el tiempo que han debido salir de la fuerza de trabajo remunerado pues, las personas a cargo de recursos humanos, las consideran poco actualizadas y ¡el colmo!, poco estables en los trabajos (las señoras tenían como prioridad la crianza de los hijos y el cuidado del hogar alrededor del cual giraron durante 5, 10, 20, 25 años…) lo que no las hace elegibles.  ¿Cómo podrían responder a un préstamo si en los empleos en las que sí las aceptan ofrecen sueldos bajos, nula seguridad de permanencia y beneficios para las empleadas? 

Las mujeres cabezas de familia, suelen ser víctimas de discriminación pues nadie quiere contratar a una mujer que podría faltar a su trabajo por enfermedad de l@s hij@s. Sufren también el abandono, no sólo del sistema sino de las personas allegadas pues, aún hoy, es vista como una mujer incompleta o fracasada por no haber continuado con su matrimonio y esto es aún peor si nunca estuvo dentro de una relación estable de pareja pero tuvo hij@s. 

LAS JEFAS DE FAMILIA EN CIFRAS 

El 57.6% de los hogares con mujeres jefas de familia es menor a un salario mínimo, el cual asciende, en el área “A” (Distrito Federal y otras ciudades importantes), el cual asciende a $67.29 es decir, 5.08 dólares; en tanto que en el área “B”, dicho salario mínimo es de $63.77, que equivalen a 4.81 dólares diarios, según la resolución publicada en el Diario Oficial de la Federación del 26 de diciembre de 2013) ¿Quién va a otorgarles un crédito con esos “sueldos” vergonzosos que deben aceptar porque no les queda otra?

Es difícil de creer pero muchas mujeres trabajadoras no son sujetos de crédito de instituciones de crédito oficiales, aunque ganen lo suficiente para pagar. 

44.3% de las mujeres trabajadoras no reciben prestaciones de ley a través de sus empleos. 

México tiene 4.5 millones de madres solteras, separadas o viudas, revela estudio realizado por la Cámara de Diputados. Esas mujeres son segregadas cuando solicitan servicios médicos, de vivienda y seguridad social. 

Según Conapo (Consejo Nacional de Población), sólo 880 mil mujeres se consideran madres solteras, de las cuales, 9 de cada 10 tienen hijos menores de 18 años, mientras que 6 de cada 10 viven con su padre o madre. 

Conapo indica que las madres solas por separación o divorcio son 1.7 millones y que seis de cada 10 han asumido la jefatura de su hogar, aunque 27.6 por ciento de ellas vive con al menos uno de sus padres. Las madres solteras son en su mayoría jóvenes, menores de 30 años; las mujeres separadas y divorciadas concentran los mayores porcentajes entre los 30 y 49 años, mientras que entre las viudas predominan las mayores de 50 años.  (Fuente: crónica.com.mx Domingo 10 de Febrero, 2013)

Las cifras no dejan lugar a duda: muy cerca del 72 por ciento de estas personas tiene algún trabajo, pero más del 33 por ciento de las mismas no les alcanza para los más elementales satisfactores, porcentaje que contrasta con el promedio nacional con hijo en el hogar, el cual es del orden del 35 por ciento. 

La inmensa mayoría de estas mujeres simple y llanamente se les relega al solicitar asistencia médica o al pedir créditos hipotecarios. Ni qué decir en el campo de la seguridad social en donde la inmensa mayoría de esta mamás simple y sencillamente ni siquiera son una cifra de la estadística y carecen de los más elementales derechos laborales. 

Una de cada tres familias tiene al frente una mujer, según cifras de INEGI. La tasa de crecimiento de los hogares monoparentales, es cuatro y media veces mayor a la del resto de las familias. Las familias, en general, crecen a un ritmo de 1.58% anualmente y las familias que tienen al frente un solo padre, que casi siempre es la mamá, lo hacen a una tasa de 7.07%. 

Solo el 32.5% de los padres que no viven con sus hijos, da pensión alimenticia, es decir, dos terceras partes de madres solas viven con el dinero que generan ellas solas, generalmente con trabajos de medio tiempo, en especial si tienen hijos pequeños pues deben cuidarlos. 

Son mujeres que, debido a que tienen dos y hasta tres trabajos, viven permanentemente cansadas, lo que, a la larga las enferma y afecta su desempeño laboral. Esto es muy peligroso pues pueden perder sus precarios empleos y entran en espantosos círculos viciosos de los que, por temporadas, parece imposible salir. 

Hay todavía mucho trabajo qué hacer para que los diversos sectores de la sociedad, primero, vean esta realidad y, seguidamente, se empiece a trabajar para que se den cambios que permitan a las mujeres y a sus hij@s llevar una vida digna, siendo capaces de satisfacer todas sus necesidades básicas y vivir con paz pues, hoy por hoy, las madres jefas de familia viven agotadas, solas, siempre con miedo de perder su empleo (que a veces son 2 o hasta 3) y con una sensación de ira impotente por no poder lograr acceder a la pensión a que sus hijos y ellas tienen derecho. 

La siguiente semana, hablaremos del otro tipo de mujeres: aquellas que tienen una situación financiera algo más desahogada y, aún así, no son totalmente dueñas de sus recursos. 

Si eres jefa de familia, me gustaría saber cómo has hecho para salir adelante con tu familia. A veces, a las mujeres solas, nos hace falta crear redes, necesitamos saber que hay otras personas que están pasando o que ya superaron situaciones difíciles como las que comenté anteriormente y anima saber cómo lograron salir adelante. Será de gran ayuda para otras leer tus experiencias. 

Que tengas una buena semana, 
Mercedes


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