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sábado, 19 de mayo de 2012

BARBARIE SOLAPADA: Crímenes de "honor"



Miles de mujeres en todo el mundo son víctimas de asesinatos –absurdamente llamados crímenes de honor- que permanecen impunes, amparados por costumbres y tradiciones que protegen a sus victimarios. 



La Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para Derechos Humanos (ACNUDH), ha denunciado que aproximadamente 5 mil mujeres mueren cada año, a manos de sus propios familiares, sin que éstos sean castigados, además de que muchas más son golpeadas o abusadas por sus esposos, padres, hermanos, tíos u otros familiares. 



“En nombre del honor de la familia, mujeres y niñas mueren fusiladas, lapidadas, quemadas (con fuego, ácido u otro abrasivo), estranguladas, enterradas vivas, asfixiadas o apuñaladas”, denunció la organización y acusó que el problema se agrava debido a que en algunos países, los sistemas jurídicos exoneran parcial o totalmente a los culpables. 



Las razones de estos crímenes varían, sólo basta con que la familia considere que transgrede las normas establecidas por su grupo social, para merecer ese castigo y lo más aberrante es que mientras ellas son consideradas una deshonra para la familia, los hombres no reciben ningún castigo. 



Un pretexto para agredir y matar a las mujeres: 

Un crimen de honor es el resultado del derecho a vivir o a morir ejercido por los hombres sobre las mujeres. Muy por encima de ser un permiso para matar es una obligación de matar a una mujer de una familia cuando ésta ha transgredido el código de conducta dictado por la comunidad. Esta obligación de vengar el honor de la tribu es objeto de la presión del grupo. Se trata de una cuestión de salvar el honor de la familia derramando la sangre de la supuesta culpable, a la vista y con el conocimiento de todo el mundo, como prueba de adhesión a los códigos de la comunidad; con esto se demuestra que se acatan las normas y que toda conducta desviada será castigada. 


La expresión “crímen de honor” designa la agresión o el asesinato de una mujer por parte de miembros de su familia que creen ser deshonrados por la víctima. Entre los principales móviles se encuentran el rechazo de un matrimonio concertado, ser víctima de agresión sexual, querer divorciarse o cometer adulterio. 



Cada año, miles de mujeres son fusiladas, degolladas, asfixiadas, apedreadas o quemadas. Casi siempre la víctima es una mujer acusada de traer deshonra a su familia. 



En el contexto de los crímenes de honor, el valor del honor está esencialmente relacionado con la virginidad de una mujer antes del matrimonio. La familia debe estar en disposición de garantizar la pureza sexual de las hijas de la familia. Sin embargo, esta pureza, según los códigos establecidos, puede ser mancillada. Con el solo contacto de una mujer con un hombre desconocido por la familia se puede cuestionar la virginidad de la misma. Lo mismo se aplica en el caso de las jóvenes que vistan ropa occidental. Es incluso peor si exige su libertad o si se niega a aceptar un matrimonio concertado. No se necesita ninguna prueba para condenar a una mujer “en falta”. Las dudas y los rumores son suficientes para condenarla. 




Definición según Human Rights Watch: 

Son actos de venganza, usualmente mortales, cometidos por miembros masculinos de la familia contra miembros femeninos que se creen que han traído deshonra a la familia. Una mujer puede ser atacada por miembros de su familia por diversas razones: rechazar un matrimonio concertado, sufrir una violación, buscar el divorcio de un marido abusivo y ser acusada de cometer adulterio. La mera percepción de que una mujer se comportó de forma que deshonra a su familia puede ser suficiente para provocar un atentado contra su vida. 


Los criterios específicos para identificar los crímenes de honor son los siguientes: 



-El crimen se planifica. 

-Se usa como amenaza para controlar a las mujeres. 

-La planificación y ejecución del crimen implica a varios miembros de la familia, entre los que se pueden encontrar las madres, hermanas, hermanos, primos, tíos y abuelos. 

-El resto de la familia ejerce presión sobre el núcleo familiar. 
La comunidad está implicada. Denuncia las conductas que se consideran reprensibles y a veces ayuda a la familia a localizar a la mujer que haya huido de su casa. 
-El motivo del crimen es que la mujer ha deshonrado a la familia. 
-Más de la mitad de los crímenes registrados implican actos extremadamente violentos o barbáricos, tales como la decapitación, destripamiento, degollamiento, ataques con ácido, estrangulamiento con tortura, ejecución con arma de fuego, o cortes con machete. 
-La familia y la comunidad en su conjunto defiende los crímenes de honor. Los que cometen el crimen son considerados más como héroes que como criminales por parte de los parientes cercanos y amigos. 
-El/los asesino(s) pocas veces se muestran arrepentidos. Por el contrario, se los considera víctimas de la conducta de la mujer. Sienten que han cumplido un deber para restaurar el honor a la familia. 


Mujeres que cometen adulterio, adolescentes que tienen novios y chicas que no respetan las tradiciones, son torturadas y asesinadas por sus propios padres y esposos en diversas culturas. Los crímenes contra las mujeres no son religiosos sino culturales. Tampoco son exclusivos del Islam, dado que hay numerosos casos documentados en comunidades cristianas e hindúes. La cantidad de mujeres asesinadas para preservar “el honor de una familia” llega a 20 mil por año. 


Aisha Ibrahim Duhulow tenía 13 años y el 27 de octubre de 2008 fue lapidada hasta morir. Unos cincuenta hombres la mataron, a pedradas, en un estadio de la localidad portuaria de Kismayu, en el sur de Somalia, mientras aproximadamente mil espectadores contemplaban el espectáculo. 



...¿Su delito? Había sido violada por tres hombres. Al denunciar la violación ante la milicia de Al Shabab, que controla Kismayu, fue acusada de adulterio y detenida. Un tribunal islámico, aplicándole la Sharía, la condenó a morir. Apedreada. Ninguno de los hombres que participaron en la violación ha sido acusado ni arrestado. 



Para la lapidación llevaron al estadio un camión cargado de piedras. En un momento de la lapidación, según han confirmado a Amnistía Internacional numerosos testigos, se ordenó a personal sanitario que comprobara si Aisha Ibrahim Duhulow, que estaba enterrada, seguía con vida. La desenterraron, declararon que aún vivía, y volvieron a colocarla en el agujero para continuar con la lapidación. 



Los asesinatos de mujeres, que se cometen para salvar el “honor de una familia”, se suelen vincular de manera prejuiciosa al mundo islámico. El mayor número de asesinatos para mantener intacta la dignidad de una familia ultrarreligiosa se concentra en el Kurdistán iraquí, Jordania, Egipto, Pakistán y Turquía. Sin embargo, informes realizados por organismos de derechos humanos como Amnistía Internacional, revelan que estos feminicidios se realizan también en países cristianos y en la India. 



En 2003 gracias al libro “Quemada viva”, Souad, una joven palestina, cuenta cómo fue quemada por su cuñado tras haberse quedado embarazada. Obra que se tradujo a 37 idiomas, que alcanzó cifras de ventas millonarias, y que Soaud escribió con ayuda de la periodista francesa Marie-Therese Cuny. Era la primera vez que una víctima de un crimen de "honor" contaba al mundo su sufrimiento. 



En una investigación publicada por el diario británico The Independent, que recopiló los informes de los crímenes para salvar la dignidad de una familia, realizados por varias ONG, indica que existen recientes casos documentados en Jordania y Egipto, de padres que violan a sus propias hijas y luego, si quedan embarazadas, las matan para “salvar el honor de la familia”. 



Pero no sólo la propia familia comete el asesinato o denuncia a la mujer que supuestamente deshonró al grupo, sino que varios gobernantes apoyan los feminicidios en varios países con la excusa de defender los valores tradicionales. 



En Pakistán, en una aldea de la provincia de Baluchistán, cinco mujeres que habían intentado elegir a sus esposos fueron enterradas vivas. Un miembro del Parlamento Nacional defendió los asesinatos como una "tradición de siglos" que los legisladores debían mantener. 



“Al vivir en una sociedad patriarcal, las mujeres siempre son acusadas. Su familia espera que mantenga la reputación y cuando esa mujer comete un error, no ven ninguna solución aparte de matarla. Para ellos, la sangre limpia el honor”, afirma Rana Husseini, autora del libro: “Asesinato en Nombre del Honor”. 



El siete de abril, en las afueras de la ciudad iraquí de Mosul, Dua Kalil Aswad, de 17 años, fue arrastrada por sus parientes, incluyendo su hermano y su tío, hasta la plaza del pueblo. Cientos de vecinos vieron cómo fue desvestida, pateada y apedreada. Su horrible matanza fue captada con un teléfono móvil. La razón por la que sus familiares hicieron esto era porque la joven se había enamorado de un joven cristiano. 



En Irak, las mujeres sufren terriblemente después de la ocupación estadounidense iniciada desde 2003. A su tradicional control de género se suma la violación, crimen frecuente, por parte del ejército enemigo. En este país musulmán existen, tanto en los códigos penales como en las argumentaciones religiosas, condenas muy precisas para aquellas que han "faltado a las buenas costumbres" o que, con su conducta, han "manchado el honor de la familia". 



Hay informes en los que se precisa que "más de la mitad de las violaciones reportadas terminó con la muerte de la víctima, a manos de sus propios familiares", quienes argumentan que una mujer violada "ya no vale", y no puede ser aceptada nuevamente en la casa, así que terminan por matarla. En nombre del "honor" se acaba con seres humanos que son tomados como "botín de guerra" y, muchas veces, estas féminas fueron secuestradas y, contra su voluntad, agredidas sexualmente. 



En otros casos, los gobernantes evitan combatir el extremismo violento contra las mujeres para no perder lazos con comunidades que los pueden apoyar en una guerra, o para trazar estratégicas alianzas políticas. En las elecciones presidenciales en Afganistán, el presidente Hamid Karzai, aliado de Occidente, debió permitir la alianza con partidos regionales chiítas que sostienen la pena de muerte para las mujeres que hayan cometido adulterio, y que fueron repudiadas por sus propios padres y esposos. 



Por su parte, Robert Fisk, el periodista de The Independent que investigó los asesinatos de honor, afirmó que estos casos existen en Gran Bretaña, Bélgica, Rusia y Canadá y que no son propios de la fe islámica.



Los crímenes de honor se suceden principalmente en países de tradiciones conservadoras, como los pertenecientes al islamismo, sin embargo, también ocurren en otros más desarrollados como Canadá, donde el pasado enero, tres miembros de una familia canadiense de Kingston, Ontario, fueron encontrados culpables de este delito y condenados a 25 años de prisión. 


Complicidad de las autoridades 

Los asesinatos y la violencia en nombre del honor en los que las mujeres son “castigadas” por actuar en contra de la familia y las tradiciones culturales y tribales, en particular en contra del matrimonio forzoso, es un problema grave. 



Generalmente los funcionarios disfrazan los asesinatos de honor como casos de suicidio. En Egipto, la ONG Centro Egipcio para la Asistencia Legal contradice la versión oficial de que muchas jóvenes se suicidan, cuando en realidad son asesinadas para salvar la dignidad familiar. 



En Gran Bretaña, cuando este tipo de asesinatos se cometen dentro de una familia musulmana, la policía suele ignorar los casos, para no deteriorar las relaciones con la numerosa comunidad islámica que vive en ese país. En tanto, Jordania dio un paso adelante al crear el año pasado un tribunal especial para juzgar a personas que cometan asesinatos para salvar la dignidad familiar. 



Alemania es otro país que está luchando contra este problema. Durante la última década, una práctica que siempre fue tabú por siniestra, se ha revelado como endémica en muchos países europeos que tienen grandes comunidades de inmigrantes como Francia, Italia, Dinamarca, Bélgica, Holanda y el Reino Unido. 

...

Hatin Sürücü, de 23 años, pensó que por fin estaba libre. En 1999 había huido de un matrimonio de abusos con un primo suyo mucho mayor que ella en Estambul —con el que tuvo un hijo, Çan—que le fue impuesto por su familia cuando tenía 16 años. De vuelta a Berlín, se mudó a un centro de madres solteras y más tarde se mudó a su propio departamento, muy cerca del lugar en el que murió, donde criaba a su hijo. 



De pelo azabache, bonita y con una atractiva sonrisa, Hatin estaba a punto de finalizar su formación como electricista. Rechazaba el chador y ahora podía ponerse la ropa que quisiera llevar, ir a bailar y al cine: las cosas que las mujeres europeas dan por sentado pero que para su familia devota y tradicional kurda suní traspasaban todos los límites. 



Hatun tenía ocho hermanos, todos nacidos en Alemania menos dos. Sus padres habían llegado del este de Anatolia (Turquía) a principios de los setenta, cuando su padre, Keram, consiguió un puesto de trabajo como jardinero al obtener el permiso de trabajo.



Educó a sus hijos para que fueran estrictamente religiosos, así que la comunicación con Hatun se cortó por completo cuando esta optó por un estilo de vida occidental. Pero ella sentía que estaba más cerca de reconciliarse con su familia. Le acababa de dar a su madre una banqueta de madera que había hecho en el colegio.



Así que cuando su hermano de 18 años, Ayhan, fue a verla a su casa, se alegró. Hablaron en la pequeña cocina y a Ayhan le gustó ver que Hatun tuviera una alfombra para la oración. Entonces, le pidió que lo acompañara hasta la parada del ómnibus de Oberlandgarten. Por el camino, Hatun se compró un café. Entonces, de pronto, Ayhan le pidió que “renunciara a sus pecados” y dejara su estilo de vida si quería reconciliarse con su familia. 



Al haber abandonado a su marido, tener novios y no llevar la ropa tradicional, Hatun había “manchado el honor de la familia”, que se encarnaba especialmente en la integridad sexual de las mujeres. “Saldré con quien me guste”, insistió. Cuando Hatun se negó a oír sus peticiones, Ayhan tranquilamente sacó una pistola de 7,65 mm y le disparó tres tiros en la cara. Hatun cayó muerta en la vereda. 



Cuando llegaron los servicios de urgencia y la policía, el café que llevaba se había mezclado con la sangre. Un paquete de cigarrillos franceses que sobresalían del bolsillo superior de su campera de pana llevaba el eslogan “Liberté toujours”. 



Dos días después de matar a Hatun, el 9 de febrero de 2005, Ayhan estaba de buen humor mientras le contaba a su novia de 18 años, Melek, que había tenido que matar a su hermana Hatun porque despreciaba su deshonrosa forma de vida. “Con la muerte de mi hermana —le dijo a Melek—, he dormido mejor que en varios años”. 



La muerte de Hatun conmovió a Alemania, aunque no a todos. Poco después, en el patio de un colegio, no lejos de donde murió Hatun, los chicos de secundaria de la comunidad de inmigrantes aplaudieron la muerte de Hatun. “Se lo merecía —dijo uno— por vivir como una alemana”. 



Ayhan ha cumplido la mitad de la condena de 9 años en una prisión juvenil; pero dos de sus hermanos fueron absueltos de conspiración de asesinato. Abandonaron el tribunal haciendo la “V” de la victoria y anunciaron que celebrarían una fiesta. En 2007, cuando el Tribunal Superior de Alemania dio el fallo absolutorio, los dos hermanos estaban en Turquía. 



La muerte de Hatun Sürücü es como un faro que recuerda un vil crimen. 


Los crímenes por honor no tienen nada que ver con la religión, insiste Sibylle Schreiber, experto en crímenes por honor del respetado grupo alemán “Tierra de Mujeres”, que lleva 30 años ayudando a mujeres. “El noventa por ciento de las chicas que piden ayuda nunca mencionan la religión como un problema, y ninguna religión impone el crimen por cuestiones de honor”. 



“El crimen por honor surge de tradiciones obsoletas y de la violación de los derechos femeninos”, afirma Schreiber. 



La batalla contra los crímenes por honor se combate de tres maneras: mediante la protección, mediante la condena y con un cambio radical de las percepciones dentro de las comunidades en las que se perpetra. 



La seguridad es primordial para las mujeres que huyen, y están surgiendo centros de acogida por toda Europa. Papatya, en Berlín, es un centro residencial seguro pionero fundado en 1986 que ofrece también un servicio de asesoría telefónica y por email, muy utilizado. Ofrece refugio a unas 65 chicas por año. 



Sin embargo, no todas corren con la suerte de salvar sus vidas. Una de las chicas que se encontraba resguardada en un centro de protección tuvo que morir en un intento por buscar su libertad. Su familia se pasó horas tratando de convencerla para que volviera con su marido (lo había dejado porque la maltrataba), con la promesa de que no le pasaría nada, que estaba arrepentido. 



Después de soportar la presión de la familia durante algún tiempo, la muchacha aceptó volver. Su marido la asesinó a las pocas semanas. Los familiares que la convencieron de que regresara sabían lo que iba a suceder, pero la salvaguarda de su honor estaba en juego, y no podían perderla. 



La violencia en contra de las mujeres se ha manifestado de las más diversas maneras a través de los tiempos; miles de crímenes en su contra se han justificado en nombre del honor. Encarnar el honor de la familia supone para muchas mujeres una causa de discriminación que en muchos casos les cuesta la vida. Para acabar con esta situación, diversas asociaciones tratan de conseguir un reconocimiento legal y un castigo penal. El valor del honor está relacionado con la virginidad de la mujer antes del matrimonio. Es la familia la encargada de garantizar la pureza sexual de las hijas. Hablar con un desconocido, tener un novio sin el permiso paterno o vestir ropa 'occidental', son causas suficientes como para castigar a las víctimas. 



Los especialistas en crímenes de honor creen que corresponde a los hombres poner fin a la opresión que ejercen los hombres sobre las mujeres y que ha sido aceptada durante siglos en las culturas patriarcales. 



Estos crímenes están más vinculados con una tradición cultural ancestral que con la religión, aunque la estructura patriarcal no ayuda a erradicarla. Debido a la migración, los crímenes de honor han aterrizado en Europa, donde no existe ningún protocolo de prevención y castigo simplemente por desconocimiento. 



MÉXICO: 

Pero no hay que ir a otro continente para constatar lo que se le hace a las mujeres en nombre del "honor". Aquí en México, en el estado de Oaxaca, el Código de Procedimientos Penales tenía un artículo, el 293, que justificaba los crímenes contra mujeres tomando en cuenta "el honor de los hombres". Así que si un varón sospechaba que su mujer lo engañaba, podía producirle lesiones diversas y hasta llegar a matarla y ver atenuada su condena, por tratarse de un crimen por "honor". 


Pero eso no se aplicaba igual en el caso de las mujeres, quienes podían enfrentar hasta 30 años de cárcel por el mismo delito, mientras ellos recibían penas mucho menores. (El honor de los hombres sobre la vida de las mujeres CIMAC febrero de 2006). El Congreso local derogó del citado artículo el término "crimen por honor", para que los delitos sean sancionados como lo que son, homicidios. 



Estos "crímenes de honor" tanto a nivel nacional como internacional, llevan la intención de proteger a los varones violentos, que justifican sus celos y su inseguridad con violencia extrema. En muy pocas ocasiones se cuestiona el historial violento del agresor, sus constantes formas de control sobre su pareja, ni el maltrato de que ella es objeto. En muchos lugares todavía se ve a la mujer como una propiedad masculina. 



En enero de 2005, en EL UNIVERSAL se publicó una nota representativa del tema (y solo por ejemplificar lo que sigue sucediendo de forma cotidiana): "Escapa lesionada de su novio". La nota decía: 



"La confianza que Iván le tenía a su novia se fragmentó cuando ella lo dejó por un momento para ir a saludar a un ex novio que se hallaba en el mismo centro nocturno de la Zona Rosa. El tope de celos que Iván se reservaba -tal vez para otra situación- fue rebasado; fuera de sí, consiguió una navaja y sobre sus pasos llegó hasta su novia Karla Gama, de 24 años. Después del vituperio le hundió cinco centímetros el arma en su muslo derecho". 



¿Esto podría llamarse una "agresión por honor"?, ¿Iván justificará su ataque diciendo que "se puso en riesgo su reputación"?, ¿Y si así fuera, tendría razón para agredirla y, tal vez, hasta para matarla? 



Y como el caso de Karla, podemos recordar miles de historias, donde los crímenes y agresiones contra las mujeres se minimizan con frases como: "La celotipia impulsa a realizar crímenes", o “muere por crimen pasional”. 



¿Quiénes son los principales agresores y quiénes resultan ser las víctimas en la mayoría de los casos? Las cifras no mienten, generalmente (y por mucha diferencia) son las parejas, esposos, amantes o novios quienes justifican sus actos delictivos contra las mujeres, con motivos de celos, inseguridad, infidelidades y, a veces, el exceso de consumo de alcohol, así como "problemas de pareja." 



No es ninguna novedad que en algunas localidades rurales, todavía en nuestros días, las bodas se arreglen entre los padres de los contrayentes, sin pedir el consentimiento de los hijos, particularmente de las hijas. Hace algunos años, apareció una nota que narraba cómo una indígena tzotzil tenía que pagar 10 mil pesos por no haber "cumplido su palabra". 



Ella era una menor de edad, Rosa Tom Pale, quien fue obligada a casarse con un indígena mudo, por acuerdo previo de su madre y su hermano. Los 10 mil pesos eran reclamados por los padres del novio que al no ver cumplida la promesa de matrimonio, decidieron cobrar el pan, los refrescos, la carne, las frutas y otros artículos que llevaron a la casa de la novia el día en que "pidieron su mano". Rosa declaró ante el Ministerio Público que fue obligada a casarse y que trabajaría lo que fuera necesario para pagar esa "deuda de honor", pero que no estaba dispuesta a vivir al lado de un hombre a quien no quería. 



Los crímenes de honor no están vinculados a países específicos, religiones, culturas, costumbres o naciones. Están relacionados con el sistema patriarcal y machista que rige en la mayoría de los países del mundo. Podría considerarse que TODOS los tipos de violencia contra las mujeres, suelen relacionarse, de una u otra forma, con venganza, rencor, resentimiento, celos u odio hacia las mujeres. La violencia emocional, económica, sexual, física y feminicida son ejercidas con cualquier pretexto, inclusive, como crímenes en nombre del honor y, muchas veces, quedando el silencio o la impunidad. 







MUJER: 



¿Pueden los usos y costumbres ir en contra de los más elementales derechos humanos?, ¿a través de cuántos "pretextos" legales, sociales o culturales seguiremos justificando como penas ligeras las agresiones contra las mujeres? 



Como puede apreciarse, en todo el mundo las mujeres son propensas a ser víctimas de un delito que en nombre de un mal entendido honor, las condena a muerte, delito que es doblemente agraviante ya que es cometido por miembros de su propia familia y que, amparados en esta justificación, siguen viviendo en la impunidad sin que ninguna ley los condene como merecen. 



¡¿HASTA CUÁNDO DEJARÁ DE EJERCERSE TODO TIPO DE VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES?!


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