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MUJER SIN CADENAS: 2o. lugar Categoría Gráficos del Premio Mujer y Publicidad 2011

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lunes, 5 de agosto de 2013

MUJER Y DINERO: Retrato Hablado de Una Maltratadora de Dinero (el suyo)




¿Respetas a tu dinero?¿Se te había ocurrido que, tal vez, sostienes una relación disfuncional con tu dinero?

“Whaaaat?! ¡Ay, Mercedes, qué preguntas tan raras haces!”

Sí, que si respetas a tu dinero y no, no es rara; es una pregunta que deberías hacerte con frecuencia porque, por extraño que te pueda sonar, tu dinero es, de verdad, una extensión de ti misma; por lo tanto, cuidar de él es cuidar de ti misma. 

Tienes que ver tu relación con el dinero como un reflejo de tu relación contigo misma.

No cuidar ni respetar a tu dinero es no cuidar de ti ni respetarte; por lo tanto, estás maltratándote pues quedas en estado de indefensión y sin capacidad para tomar decisiones que te beneficien. 

Para ayudarte a ver cómo te tratas a través del dinero y cuánto te valoras, te invito a que contestes las siguientes preguntas (te juro que no son exageraciones ni inventos: todas me constan)

1. ¿Piensas que el dinero no da la felicidad? 

2. ¿Crees que no se debe hablar de dinero – en especial si eres mujer?

3. ¿Te cobran de más y no reclamas?

4. ¿Tienes más preparación y experiencia que un compañero varón y, por hacer lo mismo que él hace te pagan menos? ¿Hablas con el jefe y pides una revisión?

5. ¿Un/a “amig@” te dice que le ayudes a conseguir inquilino/comprador para su casa y te ofrece el 7% de la transacción y cuando le consigues al cliente dice que ya no la vende/renta (obviamente sí lo hará pero no quiere pagarte por tu trabajo) y te da una “gratificación” insultante – y en abonos, of course - por el tiempo dedicado a su casa y tú no dices nada (“¡cómo crees, es mi amiga; además, va a decir que de plano estoy muy necesitada!”)?

6. ¿Tu pareja tiene acceso a tus cuentas (por supuesto, tú no puedes acceder a las suyas) y, cuando vienes a darte cuenta, ya te metió un costosísimo goooool (o más) y, sin comerla ni beberla, eres deudora de muchas personas e instituciones? 

7. Tu pareja es un pésimo administrador del dinero y tiene deudas por todos lados. Para saldarlas, usa la casa que era herencia para ti (no te pregunta: te avisa que la venderán pues hay que saldar las cuentas de la familia) ¿Aceptas sin reclamar? (“es el deber de toda buena esposa/pareja ayudar a su hombre”)

8. ¿Te da vergüenza cobrar tu quincena – no vayan a pensar que trabajas por dinero – y esperas a que te digan que pases a firmar?

9. ¿El dinero que ganas, cuando vives en pareja es, total o mayoritariamente, para cubrir los gastos de la casa?

10. ¿Pierdes y/u olvidas tu dinero – ése que te cuesta tanto ganar – ¡y encima lo cuentas con orgullo, como si no interesarte por tu dinero fuera una virtud!?

11. Otr@ amig@ (¡tienes un tino!) necesita justamente lo que tú sabes hacer como nadie y que a veces es tu profesión; y cuando te pide que le cobres (nomás por no verse muy gorrón/a pero no tiene intenciones de pagarte) tú le contestas “para ti no es nada: para eso son los amigos” (y sientes cómo te va saliendo la aureola) 

12. Del banco recibes una llamada con una amable voz que te dice que la institución a través de la cual cobras tu salario está muy preocupada por tu seguridad y la de los tuyos, entonces te informa que deducirá automáticamente de tu quincena una cantidad ridícula que te dará la tranquilidad de saber que tú y los tuyos están seguros en caso de que tú, Dios no lo quiera, caigas en el hospital. Tus hij@s podrán cobrar ese dinero mientras tú no puedes trabajar (nótese que no te pregunta si quieres: te informa que te van a descontar una “ridícula” cantidad de tu nómina) ¿Aceptas así, sin más? 

13. No sólo te piden tu coche con frecuencia (amig@s y tu pareja), dando por hecho que la respuesta será “sí” (“no hay que ser egoísta”, te dices) sino que, además, te lo regresan con la reserva de gasolina y tú ¿¡no dices nadaaaa!? (“bueno, me trajo un café frappé del que sabe que tanto me gusta”)

14. ¡Por fin se nos casan! Van a comprar una casa y tú, a partir de ese momento, no sólo le das todo tu dinero a él para que se haga cargo de la transacción, sino que vendes tus alhajas y le ayudas cuanto puedes para que, pobrecito, no se sobrecargue con tantas obligaciones. 

15. A pesar de que la casa se compró fifty/fifty, ¡Él pone la casa a SU nombre exclusivamente! ¡¿Y tú no dices nada?! (“Total, nos casamos por sociedad conyugal; además, yo confío en él”)

Como ya lo vimos antes, por cultura, las mujeres no solemos dar los mismos cuidados a nuestro dinero que sí damos a los demás. Si te fijas bien en la vida de la mayoría de las mujeres, hay una disparidad entre lo que merecen de la vida y con lo que se conforman.

Reconozcámoslo, la mayoría de las mujeres no asumimos nuestra responsabilidad cuando se trata de nuestro dinero y eso es tratarnos violentamente. “¡¿Por qué?!”, te preguntarás, pues porque, para cuidar de ti, para verdaderamente protegerte y para tener auténtico poder en tu vida, es preciso que tomes decisiones de dinero que te convengan A TI. 

La manera en que actúas con tu dinero y cómo lo tratas, dice muchísimo sobre cómo te percibes y cómo te valoras a ti misma.

Es imprescindible que aprendamos a darnos a nosotras mismas lo que damos a l@s demás. Si nos mantenemos fuertes, nos resultará fácil sostener a nuestr@s hij@s y a aquéll@s que necesitan que les ayudemos.

¿Qué si el dinero da la felicidad?

Imagínate entablar – o seguir –una relación porque quieres y no porque tienes qué, porque no tienes la más remota idea de cómo sobrevivirías si te fueras de esa relación.

¿Qué tal amarte tanto que sólo te permitieras elegir una pareja que no te maltratara de ninguna manera, una pareja a la que no tuvieras que rescatar, una pareja que no sintiera envidia ni inseguridad al verte desplegar tus talentos y tus habilidades, una pareja a la que no le tuvieras miedo ni rencor?

¿Y si fueras la dueña de la casa en la que vives ahora mismo?

¿Y si tuvieras completo poder sobre tus recursos materiales de manera que nunca fueras despojada?

¿Y si no tuvieras miedo de perderlo todo al ser tú misma y al expresar lo que quieres – o no quieres – y lo que sientes?

¿Y si ya no necesitaras delegar decisiones relacionadas con tus finanzas y quedar paralizada en situaciones y relaciones en las que ya no quieres estar?

¿Y si pudieras salir de una relación de violencia sin padecer la más cruel de las violencias - la violencia financiera – como “escarmiento” por atreverte a defender tu vida y tu derecho a ser respetada?

¿Sigues pensando que el dinero no da la felicidad?

Seguiremos aprendiendo juntas a cuidar de nosotras mismas y a elegir con quién queremos compartir nuestra felicidad.





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